Ben Shelton derrota a Carlos Alcaraz en el US Open
Ben Shelton firmó la victoria más grande de su carrera en la noche más larga del US Open. El estadounidense tumbó al vigente campeón, Carlos Alcaraz, en un duelo de cinco sets que se estiró hasta las 3.33 de la madrugada en la Arthur Ashe Stadium, en el final más tardío de la historia del torneo.
Marcador: 6-7 (5-7), 6-1, 6-1, 1-6 y 7-6 (10-7) en 4 horas y 28 minutos de tenis salvaje.
Para Shelton, de 23 años, no fue solo una remontada. Fue un muro derribado. Llegaba con un 0-17 ante jugadores del top-3. Salió con su primera victoria ante la élite absoluta y con un billete para sus terceras semifinales de Grand Slam, tras el US Open 2023 y el Australian Open 2025.
Y esta vez, el sueño americano está garantizado en la final del domingo: con Shelton y Frances Tiafoe en semifinales, Estados Unidos tendrá sí o sí a un finalista en casa. El último campeón local en un grande sigue siendo Andy Roddick, en 2003. La sequía ya huele a urgencia.
Una noche que no quería terminar
El partido arrancó con la sensación de que Alcaraz, siete veces campeón de Grand Slam y recién regresado tras más de cuatro meses fuera por una lesión de muñeca, iba a imponer jerarquía. Se llevó el primer set en un ‘tie-break’ ajustado, 7-5, controlando los nervios en los momentos calientes.
Shelton no se encogió. Respondió con una racha furiosa de nueve juegos consecutivos que desarboló al español. De repente, el joven zurdo volaba: 6-1, 6-1, marcando el ritmo con un servicio incendiario y pegando sin miedo a las líneas. La Arthur Ashe se transformó en una olla a presión con cada “USA” retumbando en la madrugada neoyorquina.
Alcaraz, herido pero no rendido, tiró de orgullo. Ajustó golpes, ganó metros en pista y devolvió el golpe con un 6-1 en el cuarto set que volvió a equilibrar todo. El quinto se convirtió en una prueba de resistencia física y mental. El español, que disputa su primer torneo desde abril, fue visto vomitando antes del set definitivo, pero se mantuvo en pista hasta el final, forzando el ‘super tie-break’ a 10 puntos.
Ahí, la montaña rusa no se detuvo. Alcaraz enlazó cuatro puntos seguidos y se puso 5-3 arriba en el desempate. Tenía el partido en la mano. Pero Shelton se negó a soltarlo. Ajustó el resto, apretó con el revés y volteó el marcador con sangre fría.
La escena final fue puro Shelton: saque a 146 mph, un misil incontrolable para Alcaraz, y el estadio en pie. Noche cerrada, historia abierta.
En la entrevista a pie de pista, el estadounidense dejó claro de dónde sacó fuerzas: de la grada. Habló de sus entrenadores, de su equipo, de sus amigos y familia, de una ciudad que lo sostuvo a base de cánticos hasta las tres de la mañana. Llamó a Nueva York “la mejor ciudad deportiva y el mejor estadio del mundo” y bromeó con que espera que su mejor amigo y su hermana no tengan que fichar a las seis de la mañana. Cerró con gratitud y respeto: compartir pista con Alcaraz, dijo, es “un honor absoluto”.
Tiafoe remonta un drama interno y completa el cruce americano
Horas antes, Frances Tiafoe había dejado su propio thriller sobre la Arthur Ashe. Perdía dos sets a cero, iba 0-3 abajo en el quinto, y aun así encontró la forma de sobrevivir ante su compatriota Alex Michelsen: 5-7, 3-6, 7-5, 6-3 y 7-6 (10-6).
El inicio de Tiafoe fue plano, sin chispa. El undécimo cabeza de serie parecía haber perdido toda la magia que había mostrado en las rondas anteriores. Michelsen, en la carrera más profunda de su vida en un grande, servía con autoridad —21 aces— y mandaba con calma de veterano, pese a sus 22 años.
El punto de inflexión llegó tarde, casi cuando el partido parecía sentenciado. Con 4-5 en el tercer set, Tiafoe se aferró a una rendija. Él mismo lo explicó después: en ese momento solo pensaba en que su rival se pusiera nervioso. Llegaron un par de dobles faltas de Michelsen, un par de “regalos”, como los llamó Tiafoe, y con ellos el estadounidense mayor “se coló” en el partido. Se llevó el tercer set, empezó a encontrar ritmo, y poco a poco fue creciendo.
El cuarto set cayó de su lado con un 6-3 que cambió por completo el ambiente. Michelsen, hasta entonces desconocido para muchos, se ganó el respeto del estadio más grande del tenis con su valentía, pero empezó a sentir el peso de la ocasión. Aun así, en el quinto set volvió a tomar ventaja y llegó a liderar 3-0. Parecía tenerlo.
Tiafoe se negó a rendirse. Ajustó golpes, subió intensidad y acabó arrebatándole el partido en el ‘super tie-break’ final, 10-6, en medio de un ruido ensordecedor. Tras el último punto, su celebración fue corta: cruzó la red y abrazó a Michelsen en un gesto de consuelo. El joven rompió a llorar. Como describió Laura Robson en la retransmisión, fue “como un puñetazo en el estómago” para cualquiera que haya estado cerca de cerrar un partido grande y se haya quedado corto.
Tiafoe, que iguala a Andre Agassi como los únicos estadounidenses con tres semifinales de US Open en este siglo, regresará al top-10 del ránking por primera vez en tres años. En la pista, tiró de humor para conectar con el público: reconoció que “todos estaban dormidos en las primeras horas” y que él mismo estaba “dormido” con ellos, hasta que el partido explotó y la energía de la grada lo empujó.
Un país en vilo y una oportunidad única
El torneo se despierta con una certeza: habrá bandera estadounidense en la final masculina del US Open. Lo que no se sabe todavía es el nombre que la sostendrá.
Shelton llega tras derribar al campeón y firmar una noche que puede marcar su carrera. Tiafoe, con una remontada que refuerza su condición de ídolo local y su regreso a la élite del ránking.
La Arthur Ashe ya tiene reservado otro capítulo de ruido, nervios y épica. La pregunta es simple y brutal: ¿será esta la generación que por fin entierre el recuerdo de 2003 y devuelva a Estados Unidos a la cima de un Grand Slam masculino?




