La decisión de Flick sobre el lateral derecho y mediocentro
La primera gran decisión de Flick: el lateral derecho y el pulso del medio
Hansi Flick llega al duelo ante Atlético con más que un simple once en la cabeza. Tiene un dilema de vestuario, de jerarquías y de mérito. Y todo empieza por una banda derecha convertida en rompecabezas.
Fariñas, la irrupción que lo cambia todo
Brian Fariñas ha hecho algo que pesa mucho en un vestuario grande: ha cumplido donde no era su sitio. Y no solo ha cumplido, ha brillado. Dos actuaciones sobresalientes ante Alavés y Aston Villa le han puesto delante del entrenador como una opción tan inesperada como sólida.
No es lateral derecho de origen, pero no se ha notado. Ha defendido, ha competido, ha dado seguridad. En un equipo que todavía busca automatismos en la zaga, eso vale oro.
Ahora bien, la ecuación no se resuelve solo con lo que ha pasado. Se resuelve con lo que viene: Álex Baena y, según lo que decida Simeone, la posible amenaza de velocidad por ese costado. Baena vive entre líneas, se mueve sin descanso, aparece por dentro y por fuera, y llega en un momento fino tanto en lo técnico como en lo físico. El lateral que elija Flick tendrá que perseguirlo, leerlo y, sobre todo, soportarlo durante 90 minutos.
Y no solo a él. Por ese lado también puede caer Ademola Lookman. No está en los números del curso pasado, pero sigue siendo un futbolista que, en una jugada, te cambia la noche. El que salga de inicio se lleva un encargo claro: atarlo corto.
Eric García, la confianza contra el reloj
Aquí entra Eric García. Flick confía en él sin reservas. Lo ha demostrado siempre que ha estado disponible. El problema es el calendario de su músculo: cuatro partidos fuera por lesión y una carrera a contrarreloj para llegar a tiempo.
Si el técnico lo ve listo, sus opciones de ser titular son muy altas. No por nombre, sino por confianza. Flick lo considera un defensor fiable, capaz de interpretar bien la salida de balón y de sostener duelos exigentes. Eso pesa, incluso frente al buen momento de Fariñas.
El mensaje interno es claro: el mérito manda. Pero cuando el entrenador cree ciegamente en un jugador, la balanza se inclina. La gran pregunta es si Flick se atreverá a sentar a un Fariñas impecable para devolver el sitio a un Eric que llega justo.
Jules Koundé, mientras tanto, se va cayendo solo de la ecuación. No termina de superar el esguince de tobillo y su peso en el equipo ha bajado en las últimas semanas. Hoy, más que una opción real, parece un nombre de fondo de armario.
El otro agujero negro: el mediocentro
Si la banda derecha es un dolor de cabeza, el mediocentro es el otro gran interrogante. La lesión de Rodri ha llegado justo cuando Frenkie de Jong vuelve a sentirse futbolista. Y Flick nunca ha dejado de apoyarse en el neerlandés cuando el partido se pone serio.
Marc Bernal aparece como la solución más lógica. Ya lo fue en el 3-0 ante Aston Villa, donde asumió el rol de Rodri tras el descanso y el equipo no perdió control ni ritmo. Flick también lo eligió en una noche grande: contra Paris Saint-Germain, el día que decidió darle descanso a Rodri. No es un detalle menor. El entrenador ya le ha dado la pelota en escenarios de máxima exigencia.
De Jong, por su parte, va recuperando espacio. Titular ante Alavés, aunque como central para darle un respiro a Gerard Martín, y suplente en Champions antes de entrar en el tramo final por Pedri. Flick ha ido dosificándolo, protegiendo sus sensaciones, pero con una idea muy marcada: cuando el partido se complica, Frenkie está dentro.
Hay un patrón que se repite desde que el alemán llegó: en los encuentros más duros, De Jong suele aparecer en el once. Esa costumbre puede acabar decidiendo quién ocupa la plaza que deja Rodri. Bernal ofrece continuidad de rol. De Jong ofrece jerarquía y experiencia en noches de colmillo.
Yamal intocable, Gordon gana la banda
Arriba, el mapa está mucho más definido. Lamine Yamal es intocable en la derecha. No es solo una promesa, es una pieza estructural del ataque. Raphinha actúa más adelantado, referencia ofensiva, con libertad para atacar el área.
Eso deja una única duda en el frente de ataque: la izquierda. Y ahí, poco a poco, Anthony Gordon le va ganando la batalla a Karim Adeyemi.
Flick ya ha enseñado sus cartas en los días grandes. Ante Paris Saint-Germain, en los dos partidos. En el Clásico. Contra Galatasaray. Cuando el contexto exige fiabilidad, intensidad sin balón y agresividad en los metros finales, el elegido ha sido Gordon. La única excepción fue en La Cartuja, donde el técnico optó por el alemán.
Adeyemi paga caro su sequía. No marca ni da una asistencia decisiva desde el 13 de octubre, cuando cerró el 4-1 en el fortín de Galatasaray. Desde entonces, presencia, sí; impacto, no. Y en un equipo que vive de los detalles en las áreas, eso acaba pesando.
Gordon, en cambio, ofrece trabajo, profundidad y una sensación constante de amenaza. No necesita un gran partido para dejar huella: le basta con un par de acciones bien ejecutadas.
Un once que habla de poder interno
Flick se asoma a un partido que puede marcar un tramo de temporada y, al mismo tiempo, la jerarquía interna de su vestuario. Si premia a Fariñas, lanza un mensaje rotundo sobre el mérito inmediato. Si devuelve el puesto a Eric García, refuerza la idea de que la confianza a largo plazo y la experiencia siguen mandando.
En el medio, la elección entre Bernal y De Jong también dirá mucho de cómo entiende el alemán este momento: continuidad de estructura o peso específico en las grandes noches.
Las piezas ya están sobre la mesa. La decisión del entrenador no solo dibujará un once; puede redefinir quién manda en los partidos que de verdad deciden una temporada.




