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Ed Cowan pide calma ante la privatización de la BBL

Ed Cowan levanta la mano en mitad del ruido. Mientras el debate sobre la privatización de la Big Bash League se calienta en despachos y podcasts, el exabridor de Test de Australia y actual miembro del directorio de Cricket NSW lanza un mensaje incómodo para los más nerviosos: no hace falta correr.

En el ABC Cricket Podcast, Cowan rechazó la idea de que la BBL esté al borde de una fuga masiva de talento hacia otras ligas T20 y advirtió que una privatización apresurada podría “salirse rápidamente de control”. El miedo a perder jugadores, sostiene, va por delante de la realidad.

“En temporadas anteriores han podido reconfigurar el calendario, ajustar la presencia de estrellas internacionales y el tope salarial en función de eso. Ya hemos visto que no hay fricción para atraer a algunos de los mejores jugadores del mundo”, recordó. Y puso ejemplos contundentes: “Ben Stokes va a Adelaide, Finn Allen acaba de firmar un mega contrato. El argumento que se plantea es que vamos a perder jugadores hacia la liga sudafricana. No hemos perdido ni a uno todavía”.

El mensaje es claro: el producto todavía funciona. Y vende.

Un modelo en la encrucijada

Cricket Australia confirmó este mes que avanzará con un modelo “opt-in” que permite a los estados sacar sus equipos de BBL al mercado, con la opción de vender participaciones o incluso franquicias completas a inversores privados. Es el giro más profundo desde la creación del torneo.

Para Cowan, antes de vender hay que mirar mejor las cuentas y el potencial interno. “Existe la visión de que el negocio podría gestionarse de forma más eficaz, lo que permitiría tomarse un tiempo para decidir si realmente necesitas vender tus activos estrella o no”, advirtió. Y dejó una imagen potente: “Porque cuando empiezas a quemar los muebles para calentar la casa, eso puede descontrolarse muy rápido”.

La BBL ya ha demostrado que sabe corregir el rumbo sin necesidad de capital externo. En las últimas temporadas recortó el calendario, hizo el torneo más corto, más compacto, y el público respondió: subió la audiencia y regresaron grandes nombres. El formato, tan cuestionado durante años por su duración, encontró un punto de equilibrio más cercano a lo que exige el calendario global.

En la campaña 2025/26, los aficionados disfrutaron de Colin Munro, Chris Jordan, Muhammed Rizwan y Sam Billings destrozando ataques por todo el país. Y, cuando terminaron sus compromisos internacionales, se sumaron figuras de Test como Steve Smith, Alex Carey y Mitchell Starc. Un escaparate potente, con sello australiano y brillo internacional.

El contraste con The Hundred es inevitable. En el torneo inglés, Mitchell Marsh, Adam Zampa, Jos Buttler y Trent Boult han sido algunos de los nombres más rutilantes. Todos ellos han jugado o están listos para jugar en la próxima BBL16. La competencia existe, pero la BBL sigue siendo un destino atractivo para los grandes.

La presión del mercado global

Desde Cricket Australia, la lectura es distinta. Para el organismo, la privatización no es un lujo, sino una necesidad para mantener el ritmo de otras ligas T20 que crecen a golpe de chequera, como The Hundred en el Reino Unido o la SA20 en Sudáfrica.

“Ahora hay oportunidades para que nuestros mejores jugadores australianos participen en otras ligas al mismo tiempo, potencialmente con topes salariales más altos. Así que cuando hablamos de si deberíamos esperar dos años o cuatro años, no, no podemos esperar”, afirmó el director ejecutivo de CA, Todd Greenberg. “Esos desafíos están hoy mismo en nuestra puerta. Tenemos que tomar decisiones sobre cómo competimos”.

Greenberg subrayó la desventaja estructural: “Somos un país relativamente pequeño en un deporte global enorme. Nos corresponde tomar decisiones que nos permitan competir en otros lugares y eso es exactamente lo que estamos haciendo”.

Ahí se abre la grieta. Para unos, la privatización es la única forma de igualar la potencia económica de las nuevas ligas. Para otros, como Cowan, el riesgo de perder control sobre “los muebles” del cricket australiano es demasiado alto si se entra en esa carrera sin un plan sólido.

Estados divididos: resistencia, cautela y venta

El mapa político del cricket australiano refleja la tensión. Cricket NSW se ha convertido en la voz más crítica con el modelo actual de privatización. No está sola: Queensland Cricket también ha expresado reservas y, aunque no cierra la puerta al capital privado, de momento quiere seguir al mando de su franquicia.

“Supervisaremos de cerca el proceso de venta y, en esta etapa, tenemos la intención de retener el 100 por ciento de la propiedad de Brisbane Heat, pero por supuesto seguimos abiertos a la inversión privada en el momento adecuado”, señalaron en un comunicado la presidenta de Qld Cricket, Kirsten Pike, y el director ejecutivo, Terry Svenson.

La postura es de espera. Mirar, medir, y decidir después.

En el otro extremo se sitúa Cricket Victoria. No solo respalda el movimiento, sino que será el primero en saltar al agua: la licencia de Melbourne Renegades saldrá al mercado para su venta total. Un paso histórico.

“La inversión privada desbloqueará valor para reinvertir en todo el cricket victoriano, desde la base hasta el alto rendimiento”, aseguró en un comunicado el director de Cricket Victoria, Shaun Richardson. Es la narrativa del crecimiento: vender hoy para construir mañana.

Últimos días del viejo mapa

Mientras las posturas se endurecen, el reloj no se detiene. Cricket Australia y las asociaciones estatales seguirán negociando de cara al inicio de las temporadas BBL16 y WBBL12. Todo apunta a que serán las últimas en disputarse con las ocho franquicias originales tal y como se conocen hoy.

La BBL nació como el gran experimento del cricket australiano en el T20 y se convirtió en un fenómeno familiar, televisivo y comercial. Ahora se asoma a una segunda vida, más cercana al modelo de franquicias globales que dominan el calendario.

La cuestión ya no es si el dinero llegará, sino quién mandará cuando lo haga. Y ahí, entre la prisa por competir y el miedo a “quemar los muebles”, se juega el verdadero futuro de la Big Bash League.