Inglaterra encuentra una nueva cara para su ataque rápido
¿Emoción desbordada o todavía demasiado pronto para lanzar las campanas al vuelo? Cualquier elogio al ataque de velocidad de Inglaterra este verano llega con asterisco: el pobre nivel del bateo de Pakistán y unas condiciones caseras muy favorables para los lanzadores.
Aun así, algo ha cambiado. Y huele a hallazgo importante.
Obligada a reinventarse tras la retirada de Ben Stokes como lanzador, Inglaterra ha tropezado casi por accidente con una combinación que ilusiona: Ollie Robinson, Jofra Archer, Josh Tongue y Gus Atkinson. Un cuarteto que, en el segundo Test en Lord’s, desmanteló a Pakistán por apenas 109 carreras en el segundo día. No solo son rápidos. Se complementan. Y eso, pensando en el futuro, vale oro.
Un cuarteto distinto a todo lo anterior
Después de la victoria en el primer Test en Headingley, el capitán Joe Root fue claro: sus lanzadores rápidos “no saben lo buenos que pueden llegar a ser”. Destacó algo clave: la variedad. Root llegó a sugerir que este grupo está por delante, en términos de recursos, de los tiempos en los que dependía de una batería de seamers diestros muy parecidos entre sí: James Anderson, Stuart Broad, Chris Woakes y el propio Ben Stokes.
La diferencia más evidente ahora es la velocidad. Y no es casual. Tras la derrota en la última Ashes invernal, Inglaterra decidió priorizar lanzadores capaces de alcanzar altas velocidades. Esa apuesta se nota.
En Lord’s, en el segundo día, Archer llegó a rozar las 95 mph en el inicio de serie más rápido de su carrera, mientras Robinson trabajaba desde el otro extremo moviéndose alrededor de las 78 mph. Dos ritmos, un mismo efecto: presión constante.
Los datos de la serie añaden matices. La velocidad media de Tongue es incluso superior a la de Archer, aunque el barbadense ha lanzado un mayor porcentaje de bolas por encima de las 90 mph. Atkinson se sitúa justo por debajo de Tongue y Archer, un escalón intermedio que equilibra el bloque. El propio Archer, viendo cómo se reparten el esfuerzo, bromeó con que podría jugar hasta los 40 años.
Michael Vaughan, ex capitán de Inglaterra, no ocultó su entusiasmo: “Es un buen ataque. Todos pueden mejorar y eso es una señal magnífica”. Su matiz, eso sí, vuelve al contexto: “Esta alineación de bateo es posiblemente la más fácil que he visto para lanzar, pero este ataque, jugando así, pondrá en apuros a alineaciones mucho mejores. Podrán desafiar muy bien a Australia si lanzan de esta manera”.
Robinson, el metrónomo implacable
Lo que Robinson pierde en velocidad lo compensa con algo que los bateadores temen tanto o más: precisión quirúrgica. Sumó cuatro wickets más el viernes y ya acumula 17 este verano en tres Tests, con un promedio de apenas 8,84. Cifras demoledoras.
Las condiciones inglesas, vivas y con movimiento, le permiten explotar su mayor virtud: el control absoluto de la línea y la longitud. Ante Pakistán, ha colocado el 70% de sus envíos en una “good length”, la zona ideal para sembrar dudas. Ningún otro de sus compañeros se acerca: Atkinson, el siguiente, se queda en el 52%.
El resultado es un asedio constante. Robinson ha puesto a prueba una y otra vez la defensa de los bateadores pakistaníes, sin regalar prácticamente ninguna bola fácil. El viernes firmó una secuencia de 31 lanzamientos consecutivos sin conceder una sola carrera. Sus 13 overs, en los que solo permitió 11 carreras, representan las cifras más económicas de un lanzador rápido que completa al menos 10 overs en Inglaterra en los últimos 13 años.
Vaughan no escatimó elogios: “Ollie Robinson es un lanzador extraordinariamente hábil”. La misión del cuerpo técnico es clara: empujarle de manera consistente hacia las 81 mph. Si alcanza ese punto de equilibrio entre ritmo y control, la proyección es contundente: podrá desafiar a cualquier alineación, en cualquier condición. Este verano, se ha convertido en el marcador de tono que Inglaterra echó tanto de menos en invierno.
Archer y Tongue, especialistas de lados opuestos
La amenaza no termina en Robinson. Archer, con su ángulo natural hacia los zurdos, se ha consolidado como un arma específica contra ellos. Sus números lo reflejan: promedia 23,9 ante bateadores zurdos, frente a 31,3 contra diestros. En un cricket de detalles finos, esa diferencia pesa.
Para Inglaterra, esa especialización encaja a la perfección con los perfiles de Tongue y Atkinson, prácticamente invertidos. Tongue promedia 21,5 ante diestros, pero su media se dispara a 35,7 frente a zurdos. Atkinson presenta una brecha similar: 19,9 contra diestros, 31,7 ante zurdos.
Tongue, además, saca partido a su posición en la crease para atacar los stumps con insistencia. En esta serie, el 22% de sus lanzamientos habrían golpeado los palos. En Headingley, en el primer Test, ese porcentaje subió al 29%, el más alto registrado por un lanzador inglés en un Test en casa en los últimos 15 años. Allí se llevó ocho wickets y dejó la impresión de un lanzador que sabe exactamente dónde hacer daño.
El viernes sumó dos wickets más y su strike-rate ya impresiona: una eliminación cada 39,8 bolas. Esa cifra le coloca en el puesto 12 de la lista histórica de lanzadores que han alcanzado al menos 30 wickets en Tests. No es un inicio cualquiera. Jonathan Agnew lo resumió con claridad: “Tongue es el que más está desarrollándose de todos ellos”.
Atkinson completa el cuadro
En medio de tanto foco en Robinson, Archer y Tongue, Gus Atkinson aporta algo menos visible, pero igual de necesario: continuidad y puente entre estilos. Su velocidad, situada justo por debajo de las dos puntas de lanza, le permite sostener la intensidad sin que el rival sienta respiro.
Su porcentaje de bolas a buena longitud, segundo solo tras Robinson, refuerza una sensación clave para cualquier ataque de élite: no hay overs de descanso para el bateador. Cada cambio de lanzador trae un tipo distinto de amenaza, pero nunca una tregua.
El reloj de la Ashes ya ha empezado a correr
Menos de un año separa a Inglaterra de una nueva serie Ashes en casa. La herida de la última derrota aún escuece, y precisamente por eso el crecimiento de este ataque rápido cobra tanta relevancia.
Las condiciones, el rival y el contexto invitan a la prudencia. El bateo de Pakistán ha sido frágil y los pitches ingleses han ayudado. Pero el patrón se repite: variedad, velocidad escalonada, especialización por tipo de bateador, control de longitud, presión sostenida.
No es solo que Inglaterra haya encontrado cuatro buenos lanzadores. Es que, por primera vez en mucho tiempo, parecen tener un ataque rápido construido como un rompecabezas bien pensado, en el que cada pieza corrige la debilidad de la otra.
Cuando Australia aterrice el próximo verano, la pregunta ya no será solo si Inglaterra puede hacer daño con la nueva bola. La cuestión será otra, mucho más incómoda para los visitantes: ¿cuántos huecos reales quedan por explotar en este nuevo cuarteto?




