Japón recibe a los campeones del mundo en cricket
Durante años, cuando Naoki Alex Miyaji, director ejecutivo de la Japan Cricket Association (JCA), hablaba de traer a India a Tokio, muchos lo miraban como si estuviera persiguiendo una quimera. Que los campeones del mundo volaran hasta Japón para enfrentarse a una selección situada en el puesto 41 del ránking de Asociados sonaba a fantasía lejana.
Los Juegos Asiáticos cambiaron el guion. Lo que parecía un deseo romántico se convirtió en calendario, fecha y estadio: India se medirá con Japón el martes 22 de septiembre en el Sano International Stadium. Para una selección prácticamente anónima fuera del circuito de desarrollo, liderada por Kendel Kadowaki Fleming, es algo más que un partido. Es un punto de inflexión.
“El CEO ha tenido este sueño durante mucho tiempo”, cuenta Kendel en conversación con Cricbuzz. Cuando Japón supo que albergaría los Juegos Asiáticos, Miyaji empezó a insistir con una idea fija: lograr que India jugara en suelo japonés. Hoy esa obsesión tiene forma de realidad. Y en el vestuario nipón se siente como un premio colectivo.
Un esfuerzo de país para traer a India
Kendel sabe bien lo que ha costado llegar hasta aquí. Habla de un “esfuerzo enorme” de mucha gente para convencer a la Board of Control for Cricket in India (BCCI), que finalmente dio el visto bueno a la propuesta japonesa. El capitán reparte méritos: al ente indio por aceptar, y a la cúpula de la JCA, con mención especial para Miyaji, por no soltar la idea cuando parecía imposible.
La dimensión del encuentro va más allá del marcador. India nunca ha disputado una serie bilateral ni un solo partido oficial contra una nación Asociada. Japón será el primero en esa lista. Para un grupo de jugadores que habitualmente compite lejos de los focos, se abre una puerta única: medir fuerzas con los campeones del mundo y, al mismo tiempo, exponer el cricket a un público japonés que rara vez lo ha visto en directo al máximo nivel.
Kendel lo resume con claridad: es una “oportunidad extremadamente emocionante” para sus jugadores. No solo por enfrentarse a la élite, también por la visibilidad que el choque promete darle al deporte en el país. El capitán está convencido de que el impacto puede ser profundo. Habrá más gente en las gradas que nunca antes en un partido de cricket en Japón. Y, frente a ellos, los mejores jugadores que el país ha recibido en su historia.
Japón, sin complejos ante las estrellas
El vestuario japonés se prepara para compartir campo con nombres que, hasta hace poco, solo veían por televisión: Jasprit Bumrah, Abhishek Sharma, Shreyas Iyer. Estrellas absolutas del cricket actual. Kendel admite que sigue sonando “surrealista” escuchar que ellos estarán jugando en Japón. Pero no hay reverencias exageradas ni temor escénico.
El mensaje interno es sencillo: nadie puede prometer un resultado, pero sí una actitud. Japón va a competir. Va a intentarlo todo. Y quiere aprovechar cada bola para aprender, para exigirse, para mostrar que el ránking no siempre cuenta la historia completa.
Kendel, de 30 años, es bateador zurdo y lanzador de off-spin con la derecha. A su alrededor se ha armado un equipo con una mezcla interesante de experiencia y juventud. El sistema de desarrollo de la JCA empieza a dar frutos y ya asoman talentos como Charlie Hara-Hinze, all-rounder de 17 años que aporta spin con el brazo izquierdo y energía fresca a un grupo que no se conforma con ser un simple invitado de lujo.
Una selección que aprende a golpear por encima de su peso
Históricamente, Japón ha sido una selección cargada de spin. No es casualidad. Las condiciones en las que suele jugar —en casa y en destinos habituales como PNG, Tailandia u Omán— favorecen a los lanzadores de giro. Sobre ese patrón han construido su identidad: un equipo que no intimida por nombres, pero sí por disciplina y capacidad para incomodar a rivales mejor situados.
El salto competitivo empieza a verse. En el ICC Men’s T20 World Cup Qualifier 2026, Japón firmó una victoria de peso al derrotar a Kuwait por cinco wickets. No fue solo un resultado aislado; fue una señal de que el equipo puede plantarle cara a selecciones con más historia y ranking. Ahora, el reto escala varios peldaños: de Kuwait a India, del clasificatorio a un escaparate global.
La International Cricket Council (ICC) sigue este partido con una atención poco habitual para un duelo con un Asociado. William Glenwright, responsable de Desarrollo Global del organismo, no esconde su entusiasmo. Para la ICC, que el campeón del mundo visite a un miembro Asociado representa una de sus grandes aspiraciones estratégicas.
El dato es contundente: más de 1.000 partidos bilaterales se jugaron el año pasado y más de 860 en lo que va de este año. Entre tantos encuentros, este Japón–India sobresale. No por el equilibrio teórico de fuerzas, sino por lo que simboliza.
El efecto dominó que busca la ICC
Para la ICC, tener a un miembro pleno y campeón del mundo enfrentando a un Asociado es “enorme” desde la perspectiva puramente deportiva. Pero hay otra capa que les importa tanto o más: lo que significa para Japón y para el lugar del cricket dentro del país.
Un partido así puede actuar como piedra que rompe la superficie tranquila de un lago. El famoso “efecto dominó” del que hablan en los despachos de la ICC: más confianza en el juego, más fe de los miembros plenos en la capacidad de los Asociados para organizar grandes citas, más niños y niñas viendo por primera vez un partido de alto nivel y preguntándose si podrían estar ahí algún día.
En ese sentido, este choque no es solo un premio a la perseverancia de la JCA. Es también un test sobre cuánto puede crecer el cricket cuando se le da escenario, rivales de primer nivel y una narrativa atractiva en un mercado nuevo.
Entre Shohei Ohtani y el sueño de un nuevo deporte de masas
Kendel es plenamente consciente de que, en Japón, los jugadores de cricket están a años luz del estatus casi mitológico que tienen los cricketers en India. Allí son figuras gigantescas. En Japón, el gran ídolo deportivo se llama Shohei Ohtani, la superestrella del béisbol. “Es el Virat Kohli del béisbol”, comenta el capitán japonés. Y no exagera: la pasión nacional se vuelca con el diamante, no con el pitch.
El béisbol domina el paisaje, las portadas, las conversaciones. Pero Kendel no ve ese dominio como una condena, sino como una referencia. Si un deporte pudo conquistar así al país, ¿por qué no pensar que otro pueda, con tiempo, trabajo y la exposición adecuada, encontrar su propio espacio?
El capitán no se engaña: el camino es largo y la comparación con las potencias del cricket todavía resulta abrumadora. Japón está muy lejos de replicar el modelo de los miembros plenos. Aun así, el partido ante India ofrece algo que no se compra ni se fabrica de la noche a la mañana: un momento fundacional.
Cuando la bola se lance por primera vez en Sano y los campeones del mundo se alineen frente a Japón, el sueño de Naoki Alex Miyaji dejará de ser un discurso para convertirse en imagen. Y, quizá, en la chispa que un día haga que un niño japonés cambie el bate de béisbol por el bate de cricket y se pregunte: “¿Por qué no nosotros?”.




