Jessica Pegula avanza a cuartos de final del US Open: Respeto por Cirstea
Jessica Pegula salió de la Louis Armstrong con una palabra fija en la cabeza tras sellar su pase a cuartos del US Open: respeto. No habló primero de su propio logro, ni del marcador. Habló de Sorana Cirstea.
La estadounidense derrotó a la rumana por 6-3, 6-4 y alcanzó por cuarta vez en los últimos cinco años los cuartos de final en Nueva York. Un dato que confirma su regularidad en grandes escenarios. Pero el partido tenía un trasfondo más profundo: todo apunta a que fue el último encuentro de Grand Slam en la carrera de Cirstea, que tiene previsto retirarse a final de temporada.
Pegula lo tuvo claro al bajarse la adrenalina del triunfo. “Creo que es una gran competidora y la máxima profesional”, dijo sobre la rumana de 36 años. No son palabras vacías: Cirstea ha pasado casi dos décadas peleando en el circuito, muchas veces lejos de los focos, siempre con la misma dureza competitiva.
El arranque fue engañoso. Pegula ganó los 13 primeros puntos del partido y se colocó 3-0 con una autoridad casi intimidante. Parecía que aquello iba a ser un paseo. No lo fue. “Sé que pudo parecer algo sencillo, pero fue una batalla”, admitió luego la estadounidense. “Fue definitivamente muy intenso”.
La memoria reciente explicaba su prudencia. Apenas 18 días antes, en el Cincinnati Open, Pegula había tenido que exprimir cada recurso para cerrar un 6-2, 4-6, 7-5 después de ir por delante un set y un break. Esta vez quería evitar el mismo laberinto.
El primer aviso serio llegó en el sexto juego del primer set. Pegula servía con 3-2 y se vio 0-40. Tres bolas de break en contra, el público conteniendo la respiración. La número uno estadounidense apretó el puño, encadenó puntos ganadores y sostuvo su servicio. Ese juego marcó el tono: Cirstea no se iba a rendir, Pegula no estaba dispuesta a dejarla entrar.
Aun así, cerrar el set le costó. Necesitó cinco pelotas de set para abrochar el 6-3. Cada punto se volvió más pesado, más cargado de historia para la rumana, que peleaba no solo por el partido, sino por estirar un poco más su última gira de grandes.
En la segunda manga, Pegula volvió a golpear primero. Ganó cuatro de los cinco primeros juegos y se adelantó 4-1. Parecía que, por fin, imponía su jerarquía sin sobresaltos. Cirstea, sin embargo, apretó los dientes una vez más. Salvó cuatro bolas de break para mantener el 4-2 y obligó a su rival a seguir remando hasta el final.
El tramo decisivo se convirtió en un intercambio salvaje de servicios rotos: cuatro breaks consecutivos decidieron el encuentro. Once rupturas en total, un dato que habla de la presión constante sobre cada saque y de la tensión que atravesó el duelo de principio a fin.
Pegula, esta vez, no dejó que la historia se alargara como en Cincinnati. Cerró el partido con autoridad y con la sensación de haber superado algo más que una ronda: había atravesado un examen emocional frente a una veterana que se despedía de los grandes escenarios.
Mientras la estadounidense mira ya a sus cuartos de final en Flushing Meadows, la figura de Cirstea se aleja del foco de los Grand Slams con la misma discreción combativa que la acompañó tantos años. Pegula lo resumió en una palabra. Respeto. Y en este deporte, a esas alturas de la carrera, no hay mayor victoria.




