Leicestershire enfrenta el descenso tras severa sanción
Leicestershire se asoma al precipicio. El club está prácticamente condenado al descenso de la Division One del County Championship después de una sanción demoledora: 27 puntos menos por incumplir la normativa sobre el estado del terreno de juego en su victoria ante Glamorgan en agosto.
El golpe llegó en el peor momento posible. La decisión del Cricket Discipline Panel, anunciada a mitad de su penúltimo partido de la temporada, desplomó a los Foxes hasta el último puesto de la clasificación. De un sprint final por la permanencia a una carrera casi perdida en cuestión de horas.
Un Bollywood inesperado y un verano abrasador
En su entrevista con el regulador del cricket antes de la vista disciplinaria, el jefe de jardineros de Leicestershire, Callum Lewin, no escondió su frustración. Habló de “circunstancias fuera de mi control” en los días previos al encuentro.
Entre ellas, un elemento insólito en el relato de una temporada: un rodaje de Bollywood no programado en Uptonsteel Grace Road, apenas cuatro días antes del inicio del partido. A eso se sumó un calor extremo en la previa, que, según Lewin, contribuyó a que el terreno quedara demasiado seco.
El informe del árbitro de partido fue contundente: el campo se calificó como “poor”.
Puntos borrados y una multa que duele
La sanción no solo se sintió en el orgullo. Golpeó directamente en la tabla. Leicestershire pierde los 19 puntos obtenidos en aquella victoria frente a Glamorgan, recibe ocho puntos de castigo adicionales y una multa de 5.000 libras. Otros ocho puntos de penalización quedan en suspenso durante un año.
El club puede recurrir en un plazo de 10 días laborables. Por ahora, se limita a una declaración medida: dice “tomar nota” de la decisión del Cricket Discipline Panel y asegura que está “revisando su posición y considerando todas las opciones disponibles”.
Mientras los abogados afinan argumentos, la realidad deportiva no espera.
Una permanencia que se escapa
El escenario es claro. Si Leicestershire no gana a Hampshire en el duelo que se disputa en estos momentos en casa, su regreso a la Division Two será oficial.
Y el contexto no invita al optimismo. Hampshire cerró el segundo día con 255-3 en su segunda entrada, 225 de ventaja. Una montaña.
El castigo a Leicestershire cambia también el paisaje de la parte baja. Glamorgan y Essex, que peleaban por esquivar el descenso, respiran algo más aliviados gracias a la resta de puntos a los Foxes.
Para Leicestershire, la herida es doble. Su batalla por la salvación en su primera campaña en la élite tras 22 años de ausencia había cobrado vida precisamente con aquel triunfo por 42 carreras ante Glamorgan, hace apenas tres semanas. Hasta entonces solo habían ganado un encuentro en su regreso a la máxima categoría, después de subir como campeones de la Division Two la temporada pasada.
El partido que lo cambió todo
Cuando Leicestershire derrotó a Glamorgan el 23 de agosto, el ambiente ya estaba enrarecido. Desde el mismo final del choque se intuía que el comportamiento del campo traería cola.
Los oficiales del encuentro, con el árbitro Ian Ramage al frente, pidieron que el asesor de terrenos y campos del ECB, Andy Mackay, inspeccionara el terreno una vez concluido el partido. La alerta estaba lanzada.
El técnico de Glamorgan, Richard Dawson, describió las condiciones como “duras” para los bateadores. El entrenador de Leicestershire, Alfonso Thomas, defendió el trabajo realizado, asegurando que la preparación había sido la misma que en el duelo ante Yorkshire, ganado por los Foxes por una entrada y 39 carreras en junio. Admitió, eso sí, que el campo estaba “un poco más seco de lo que queríamos” frente a Glamorgan.
Un “mullet” que salió caro
El análisis desde Leicester no es complaciente. Adam Whitty, de BBC Radio Leicester, relató que el terreno, sencillamente, no respondió como se esperaba. Hubo bote irregular desde el inicio y los jugadores recibieron golpes en las manos con frecuencia.
El club apostó por un tipo de preparación conocido como “mullet”: hierba más corta en los extremos del terreno de juego y más larga en la zona central. Una fórmula que ya habían utilizado en el duelo previo ante Yorkshire y que han repetido esta semana contra Hampshire, esta vez sin efectos notables. En aquel encuentro anterior no hubo un movimiento ni un bote tan extremo como el que se vio frente a Glamorgan.
En esta ocasión, el campo cruzó la línea.
Desde dentro, Leicestershire siente que el castigo no encaja con su lectura del partido. La cita se alargó cuatro días y hubo dos entradas con marcadores por encima de 90. Con tanteos bajos en otras canchas del país esa misma semana, en el club creían que su terreno no merecía una sanción tan dura.
“Gutted” y obligados a un milagro
El vestuario y el entorno del club están “gutted”, destrozados. Habían trabajado a destajo para meterse de nuevo en la pelea por la permanencia tras un regreso largamente esperado a la Division One, solo para ver cómo una decisión disciplinaria destroza gran parte de sus opciones.
La ecuación es cruel: ahora necesitan ganar a Hampshire, después a un Warwickshire que pelea por el título, y rezar para que los resultados en otros campos les favorezcan. La probabilidad es baja. Muy baja.
En Leicester sienten que 27 puntos de sanción son excesivos y se preguntan si los terrenos que generan empates interminables con marcadores altísimos deberían recibir el mismo nivel de escrutinio que los campos de bajas anotaciones. Pero hay un hecho que nadie discute: el club conocía las normas antes de preparar ese campo.
Y en un campeonato tan apretado, esa decisión de césped puede haber sentenciado toda una temporada.




