Naomi Osaka avanza a octavos del US Open tras un emocionante partido
Naomi Osaka volvió a sentir el cosquilleo de las grandes noches en Nueva York. Bajo los focos del Louis Armstrong Stadium, la japonesa se aferró al torneo que la vio coronarse dos veces y tumbó a Elise Mertens en un duelo tenso, cambiante y emocional: 6-3, 3-6, 7-5 para sellar su billete a los octavos de final del US Open.
Arranque dominante bajo las luces
La noche parecía escrita para una victoria cómoda. Osaka, cabeza de serie número 13, entró al partido con autoridad. Golpeó fuerte, profunda, y en cuanto encontró ritmo con el primer servicio, el encuentro se inclinó de inmediato.
Encadenó tres juegos seguidos, se disparó 4-1 y manejó el resto del set con la seguridad de sus mejores tiempos. Sus saques, pesados y bien colocados, le permitieron cerrar el parcial sin titubeos ante una Mertens, 23ª favorita, que todavía buscaba cómo respirar ante la avalancha inicial.
El marcador decía 6-3 y el ambiente en Flushing Meadows apuntaba a una noche relativamente tranquila para la campeona de 2018 y 2020. Pero Mertens no viaja para ser comparsa.
La respuesta de Mertens
El segundo set cambió el tono del partido. Osaka mantuvo la agresividad desde el fondo y rompió el servicio en el tercer juego, una declaración de intenciones que parecía hundir a la belga. Sin embargo, ahí empezó otro encuentro.
Mertens ajustó, alargó los intercambios y obligó a Osaka a pegar un golpe más, y luego otro. La japonesa perdió el hilo durante unos minutos clave. Entregó de inmediato la ventaja, encadenó errores y abrió una puerta que su rival no dudó en cruzar.
La belga enlazó dos juegos consecutivos, recuperó la rotura y, con el impulso de haber sobrevivido al primer arreón, fue creciendo. Osaka ya no encontraba tantos puntos gratis con el saque y el set se le escapó entre dudas: 3-6 y partido igualado. El estadio, de pronto, se preparaba para una batalla larga.
Un tercer set de nervios y giros
El desenlace se jugó con la tensión propia de una segunda semana en juego. En el set decisivo, Mertens supo castigar una serie de errores no forzados de Osaka. Cada derecha larga, cada resto que se marchaba por centímetros, se convertía en gasolina para la belga, que tomó la delantera y colocó a la japonesa contra las cuerdas.
Osaka pidió un tiempo médico. Pausa, respiración, ajustes. A partir de ahí, el pulso cambió otra vez.
La japonesa regresó a pista con gesto serio y una intención clara: subir un punto la agresividad. Empezó a mandar de nuevo con la derecha, a encontrar líneas, a recuperar el peso del primer servicio. Mertens, que había olfateado la sorpresa, empezó a sentir la presión de cerrar.
En los juegos finales, Osaka dio un paso al frente. Logró el break cuando más lo necesitaba, devolviendo el golpe en el tramo caliente del set. Con 5-5, la campeona se adueñó del momento: sostuvo el pulso desde el fondo, se abrió pista y, en el juego siguiente, descerrajó un ace para ponerse 6-5 arriba. Un puñetazo sobre la mesa.
En el juego final no tembló. Cerró el partido en el siguiente turno al resto, completando una remontada emocional más que estadística. El marcador, 7-5 en el tercero, reflejó la batalla mental que se había vivido en la pista.
Emoción, disculpas y lo que viene
Al terminar, Osaka no escondió lo que había sufrido. Admitió que le costaba creer que hubiera sacado adelante el encuentro, agradeció el apoyo de las gradas y se tomó un momento para disculparse por su comportamiento en algunos pasajes, incluido el gesto de lanzar la raqueta en plena frustración. La noche había sido intensa también por dentro.
El triunfo la instala en los octavos de final, donde la espera Elena Rybakina o Yulia Starodubtseva. Un duelo muy distinto, otro examen para medir hasta dónde puede llegar en este regreso a la gran escena neoyorquina.
Osaka ya ha recordado algo importante: en Nueva York, cuando el partido se enciende y la noche pesa, su nombre sigue contando. Y mucho.




