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Sonny Baker transforma el duelo en Cardiff

En una tarde pesada y húmeda en Sophia Gardens, cuando el pronóstico anunciaba más paraguas que cricket, el duelo entre Glamorgan y Hampshire en la Rothesay County Championship se transformó en una batalla de resistencia. Pocas florituras, mucho carácter. Y una irrupción final que cambió el tono del día: la de Sonny Baker.

Un 162 que parecía corto… hasta que no lo fue

Hampshire se quedó en 162 en apenas 40,2 overs. Un total modesto sobre el papel, pero con mucha historia detrás. Jake Lehmann, sólido y paciente, firmó un 51* que sostuvo prácticamente en solitario una alineación que se desmoronaba alrededor suyo.

El ataque de Glamorgan olió sangre desde el primer momento. Timm van der Gugten abrió la puerta con la caída temprana de Nick Gubbins, cazado en el slip justo antes de una breve interrupción por mala luz. Toby Albert, que había empezado con determinación, vio cómo Zain Ul Hassan le arrancaba el off-stump por solo 10.

Ali Orr intentó cambiar el guion con 35 agresivos, pero Ul Hassan volvió a golpear, esta vez lbw, y a partir de ahí Lehmann se quedó casi sin aliados. Solo Kyle Abbott, con 16 a base de golpes duros, logró acompañarle mínimamente en dobles dígitos.

El tridente Van der Gugten–Hamza–Ul Hassan dominó las condiciones: líneas agresivas, longitud incómoda y muy poca concesión. Mir Hamza, ex de Glamorgan en 2024, se cobró 3-39, Ul Hassan 3-33 y Dan Douthwaite, en su primer partido de bola roja en dos años, añadió dos wickets aunque a costa de algunos runs. Sobre un pitch húmedo y caprichoso, 162 empezaba a parecer menos desastre y más puntuación de trabajo sucio.

Glamorgan se hunde en 2-3

Si Hampshire había sufrido, Glamorgan descubrió pronto que la tarde podía ser aún más cruel. Eddie Jack marcó el tono con un primer over demoledor: ritmo extra, rebote incómodo y precisión quirúrgica. Asa Tribe y Kiran Carlson cayeron sin anotar, ambos bien cazados en el tercer slip por Lehmann. Dos bolas, dos errores castigados.

El colapso se acentuó cuando Ul Hassan, héroe con la bola, se convirtió en la tercera víctima consecutiva en cero, lbw ante Abbott. El marcador, casi surrealista: 2-3.

En ese contexto de caos, Colin Ingram y Ben Kellaway pusieron algo de calma. Ingram, con 32, y Kellaway, cada vez más seguro, tejieron una asociación de 65 para el cuarto wicket, la más grande del día y un pequeño acto de rebelión contra una superficie que no perdonaba deslices.

Kellaway resiste, Abbott vuelve a morder

Kellaway, ahora asentado en el número cuatro del orden de bateo esta temporada, jugó con una fluidez que desmentía las condiciones. Ocho fours, buenos tiempos de reacción y una lectura clara del swing. Mientras él se afirmaba, Hampshire necesitaba una chispa nueva.

La encontró, de nuevo, en Abbott. El veterano sudafricano regresó a la carga y rompió la sociedad clave: Ingram, lbw, decisión que inclinó otra vez la balanza. En su siguiente impacto, atravesó la defensa de Sean Dickson. De nuevo, Glamorgan al borde del precipicio.

Con Abbott cerrando el día con 3-23 y Jack aportando el golpe inicial, Hampshire empezaba a ver su 162 con otros ojos. El partido, que parecía escapársele en la primera sesión, se había reequilibrado con una ferocidad inesperada.

Entra Sonny Baker… y todo cambia

Faltaba, sin embargo, la escena final. Sonny Baker, liberado de sus obligaciones con el equipo de Test en Lord’s, llevaba tiempo calentando al margen, esperando la señal. La recibió cuando Glamorgan estaba en 97-5. Y no tardó nada en justificar el viaje.

Un over. Eso bastó para cambiar el tono de la jornada.

Primero, golpe en la pad a Chris Cooke. Luego, una pelota que rozó el outside edge. A la tercera, el premio: Cooke, limpie yendo a los stumps. Ritmo, agresividad, intención clara de atacar. No parecía un “supersub”; parecía el líder de un ataque con hambre.

La jugada siguiente fue aún más decisiva. Sexta bola de Baker, Kellaway toca, y el wicket cae, cazado detrás. El mejor bateador del día, fuera por 57. Glamorgan, de pronto, 111-7 y sin su ancla en el crease.

En un solo over, Baker se adueñó del relato. Dos wickets, energía renovada y la sensación de que Hampshire, colista, se había ganado el derecho a soñar con una ventaja de primera entrada que horas antes parecía lejana.

Luz mala, pronóstico peor… pero Hampshire se ilusiona

La mala luz volvió a hacer de las suyas con 15 overs todavía por jugar. El árbitro detuvo el juego con Glamorgan atascado en 111-7 tras 38 overs, aún por detrás de los 162 de Hampshire y con la cola expuesta.

El pronóstico meteorológico no ayuda y pone en duda cuánto cricket quedará en los próximos días en Cardiff. Pero en lo estrictamente deportivo, el mensaje es claro: en un campo difícil, con humedad, nubarrones y tensión, Hampshire ha pasado de vulnerable a dominante en cuestión de sesiones.

Todo gracias a un Lehmann obstinado, un Abbott implacable y un Baker que entró tarde… pero justo a tiempo.