Taylor Fritz y la oportunidad perdida en el US Open
Taylor Fritz se tapa la cara con las manos en cuanto su último revés, desesperado, se marcha muy largo por detrás de la línea de fondo en el Arthur Ashe Stadium. No hace falta traducción: es el gesto universal de quien sabe que acaba de dejar escapar algo enorme.
Durante buena parte de la tarde, Fritz había mandado. Con autoridad. Dos sets arriba ante Francisco Cerúndolo, 6-3 y 6-4, y break en el primer juego del tercero. El guion perfecto para el primer gran paso hacia un US Open abierto como casi nunca. Bastó un juego de servicio distraído para que todo se torciera. El impulso cambió de lado, y una vez que el estadounidense perdió el control, pasó más de dos horas persiguiendo un partido que ya no respondía a sus órdenes. Acabó fuera del torneo con una derrota que dolerá durante mucho tiempo: 3-6, 4-6, 6-3, 6-4, 6-4 para un Cerúndolo valiente y tenaz.
Una oportunidad histórica que se esfuma
Perder pronto en un Grand Slam en casa siempre es un trago amargo. En este contexto, casi devastador. Fritz, que llegó a ser número 4 del mundo el año pasado y se ha consolidado como el jugador estadounidense más exitoso de su generación, aterrizaba en Nueva York con algo más que ilusión: con una ventana histórica abierta de par en par.
En 2024 se convirtió en el primer estadounidense en alcanzar la final individual del US Open desde Andy Roddick en 2006, un logro incrustado entre dos cuartos de final ante Novak Djokovic en 2023 y 2025. A sus 28 años, se ha construido a base de compromiso y trabajo obsesivo, exprimiendo un físico que nunca fue el más privilegiado del circuito. Siempre había un gigante al otro lado de la red, casi siempre un histórico, bloqueándole el paso hacia los grandes títulos.
Este año, el escenario era distinto. Jannik Sinner, número 1 del mundo y cuatro veces campeón de Grand Slam, fuera por lesión. Djokovic, con 39 años, eliminado de forma dramática en primera ronda. Carlos Alcaraz, siete veces campeón de Grand Slam y defensor del título, regresando a la competición tras cuatro meses de baja. No había un favorito en estado de gracia. Había un vacío de poder.
En ese vacío se proyectaban nombres con hambre de su primer grande. Fritz estaba en la primera línea de esa lista. Y por eso la forma en que se le escapa este partido le deja un regusto especialmente cruel. En el quinto set dispuso de tres bolas de break para colocarse 5-3 y sacar para ganar. Tres puntos que podían cambiar una carrera. Tres puntos que se evaporaron.
“Ni siquiera sé qué decir”, admitió después. “No quiero hablar con nadie, ni ver a nadie. Necesito desaparecer un par de días y luego volver al trabajo. No sé cómo dejé que pasara esto hoy”.
Más presión que nunca para el tenis estadounidense
El día había arrancado con siete estadounidenses aún vivos en el cuadro individual masculino: Ben Shelton, Fritz, Frances Tiafoe, Learner Tien, Tommy Paul, Alex Michelsen y Michael Zheng. En la parte baja del cuadro, donde el viernes se definían los octavos de final, había un jugador local en cada uno de los cuatro cruces. Territorio ideal para soñar con romper una sequía que dura demasiado: ningún estadounidense levanta un Grand Slam desde Roddick en este mismo torneo, en 2003.
La caída de Fritz funciona como advertencia. Más oportunidad significa más presión. El US Open de este año no solo va a coronar a un campeón; va a desnudar el carácter de todos los aspirantes.
El derrumbe de Madison Keys
El sábado también golpeó duro al tenis estadounidense en el cuadro femenino. Dos días antes, Madison Keys había protagonizado una de las remontadas más dramáticas de su carrera, salvando cinco bolas de partido para imponerse en tres sets a Anna Bondar. Parecía una señal de fortaleza. En realidad, era el preludio de una de sus peores caídas.
Ante Zheng Qinwen, Keys dominaba 5-0 en el tercer set de su duelo de tercera ronda. Cinco juegos de ventaja, el partido en la mano. Terminó perdiendo 1-6, 7-6(3), 7-5. Un hundimiento en cámara lenta.
“Creo que ella empezó a jugar mejor; yo empecé a jugar peor”, explicó Keys. “Luego sentí que ya no podía jugar al tenis, y de repente todo se convirtió en algo mucho más grande que un simple partido”.
Campeona del Australian Open 2025, Keys reconoció que un resultado así no le sorprende del todo y que la obliga a encarar problemas que lleva arrastrando. “Siento que llevo un tiempo luchando y que he podido tirar hacia adelante durante un periodo”, dijo. “Seguro que todos podían ver que estaba teniendo dificultades, pero por dentro se sentía aún más grande. Algunas semanas son más fáciles que otras, y esta es una de las más duras porque te importa muchísimo. Voy a tener que hacer cambios”.
La resurrección de Zheng Qinwen
Para Zheng, la historia es muy distinta. En 2024 ganó el oro olímpico y se instaló en el top 10, pero su regreso tras una operación de codo fue un descenso silencioso por el ranking. Llegó a este US Open obligada a pasar por la fase previa para ganarse un sitio en el cuadro principal. Ahora firma una de las victorias más importantes de su carrera.
“El tenis a veces se siente como una montaña rusa”, reflexionó. “Muchas veces ves que alguien tiene bola de partido y al final el rival remonta. Hoy pasó eso. Me deja una lección: en un partido siempre tienes que estar ahí. Da igual si vas ganando o perdiendo, si tienes bola de partido o no; tienes que concentrarte en cada punto todo lo que puedas”.
Anisimova cae, Swiatek resiste
La jornada dejó también otra sacudida: Amanda Anisimova, cuya explosión en el verano de 2025 la llevó a ser finalista en Wimbledon y en el US Open y a alcanzar el número 3 del mundo, saldrá del top 10 tras una derrota sin respuesta: 6-2, 7-5 ante la cabeza de serie número 24, Anastasia Potapova.
En paralelo, Iga Swiatek volvió a demostrar por qué sigue siendo el gran punto de referencia del circuito femenino. Salvó tres bolas de set en la segunda manga y se abrió paso, punto a punto, hacia una trabajada victoria por 7-6(3), 7-6(3) frente a Marie Bouzkova. Su siguiente escollo será precisamente Zheng, en octavos de final este domingo.
Un cuadro masculino sin dueño claro. Unas estrellas locales sometidas a una presión que ya no es abstracta, sino visible en cada gesto. Unas jugadoras que se derrumban y otras que resurgen desde la previa. El US Open de este año no está esperando a nadie: exige nervios de acero. Y a partir de ahora, cada punto va a separar a los que sueñan de los que de verdad están preparados para ganar un grande.




