Wasim Akram sobre el cricket: “Es solo un maldito juego”
Wasim Akram ha visto de todo en un India–Pakistán. Duelos que paralizan países, finales que se convierten en mito y derrotas que aún hoy se discuten en las sobremesas. Quizá por eso, precisamente por haber estado en el ojo del huracán durante décadas, el legendario ex capitán paquistaní lanza ahora un mensaje que va a contracorriente del ruido actual: hay que dejar de arrastrar las guerras del pasado al campo de cricket.
En el podcast 1 Mint, Akram habló sin rodeos del clima que rodea hoy a uno de los enfrentamientos más intensos del deporte. Para él, la ecuación es mucho más sencilla de lo que las redes sociales quieren hacer creer.
“La gente tiene demasiado tiempo. ¿Por qué no pueden entender? Es solo un maldito juego. Al final del día, es solo un partido. Alguien tiene que ganar, alguien tiene que perder. Y pasar al siguiente”, lanzó, con la franqueza de quien ya no necesita quedar bien con nadie.
No se quedó ahí. Apuntó directamente a la forma en que viejos resentimientos siguen filtrándose en cada encuentro entre India y Pakistán. “Lo que pasó hace muchas lunas sigue rondando. La venganza y todo eso es tan de 1970. Es el clásico ‘mente ociosa, taller del diablo’”, remató, dejando claro que, para él, el problema está tanto fuera del campo como dentro de las pantallas.
India–Pakistán, del césped al timeline
Cada choque entre las dos selecciones ya no se juega solo entre las 22 yardas. Se juega en X, en Instagram, en cualquier rincón donde quepan 280 caracteres y un vídeo recortado. El antiguo duelo de estilos, de estrellas y de nervios se ha convertido también en una batalla de narrativas, memes y ataques cruzados.
Akram lo sabe bien. Lo vive en primera persona cada vez que comenta un partido o da una opinión. Y lo ve también en la figura de alguien a quien ayudó cuando apenas daba sus primeros pasos en la élite: Irfan Pathan.
El ex velocista paquistaní recordó en el podcast cómo conoció al entonces joven zurdo indio en 2004, durante la primera gira de Pathan a Australia. Akram ya estaba en el micrófono, no en la nueva bola. Pathan, en cambio, acababa de irrumpir en la escena internacional y llevaba años mirándose en el espejo de los grandes zurdos de Pakistán.
“Irfan me conoció en 2004 en su primera gira a Australia; yo estaba comentando. Era un gran fan. Creció viéndonos. Le di algunos consejos aquí y allá, pero le fue bien al principio de su carrera”, recordó Akram.
Consejos de maestro a discípulo
Las comparaciones entre ambos llegaron solas. Acción similar, brazo izquierdo, la capacidad de hacer hablar a la nueva bola. Pero Akram insiste en que su ayuda no pasó por rehacer la mecánica de Pathan, sino por afinar su cabeza.
“Su acción era similar a la mía desde el principio. Pero cuando los jugadores te preguntan algo, lo que les dices tiene más que ver con la mentalidad. La acción y todo eso está bien, porque a ese nivel ya has llegado a representar a tu país”, explicó.
Ahí entran los detalles que marcan la diferencia entre un buen lanzador y uno que domina una serie: “Cosas como la posición de la muñeca y cómo leer a un bateador. Cuándo usar las variaciones, cuándo no. Así que sí, fue divertido. Irfan es un buen chico; aún sigue encontrándose conmigo”.
Pathan, con el tiempo, se convirtió en uno de los brazos zurdos más efectivos de India en la década de 2000. Su swing con la nueva bola y su capacidad para moverla en ambas direcciones alimentaron durante años esa etiqueta de “el nuevo Akram”, a la que añadió una faceta de all-rounder que lo volvió pieza clave.
El alumno que castigó a Pakistán
El respeto de Pathan por los grandes zurdos paquistaníes nunca le impidió ser despiadado con Pakistán cuando tocaba competir. Sus números hablan solos: 67 wickets en 36 partidos internacionales ante el eterno rival, repartidos en 27 en Tests, 34 en ODIs y 6 en T20Is.
Su actuación más icónica llegó en Karachi, en 2006. Allí firmó una de esas escenas que se quedan tatuadas en la memoria colectiva india: se convirtió en apenas el segundo jugador de India en lograr un hat-trick en Tests, y lo hizo en el primer over del innings, derribando a Salman Butt, Younis Khan y Mohammad Yousuf en cadena. Un golpe directo al corazón del orden superior paquistaní, en territorio enemigo y desde la primera bala.
Ese tipo de actuaciones alimentaron, cómo no, la narrativa de la rivalidad. Pathan pasó de admirador a verdugo recurrente. Y, años después, a una de las voces más afiladas del lado indio cuando se habla de Pakistán.
De la pista al plató… y a las redes
Retirado del cricket internacional, Pathan no se ha alejado del foco. Hoy es uno de los ex jugadores indios más presentes tanto en televisión como en redes sociales. No se esconde, ni mide demasiado las palabras cuando se trata de analizar a Pakistán o a sus jugadores, sobre todo tras encuentros de alto voltaje entre ambos países.
Akram, lejos de enfadarse, opta por el tono socarrón. Recordó en el podcast que aquel joven que un día se acercó tímidamente a pedirle consejos ahora “no deja de tuitear alguna que otra cosa contra Pakistán”. Lo dijo entre risas, pero con un matiz clave: “Nuestros aficionados también están listos. Tampoco tienen la tendencia de ignorar. Tienen que responder”.
Ganar, perder… y seguir adelante
Akram, sin embargo, insiste en trazar una línea clara. Para él, el cricket debe seguir siendo un juego feroz, competitivo, cargado de presión… pero no un contenedor de todas las frustraciones históricas y políticas.
Su mensaje, repetido casi como un mantra, no deja lugar a interpretaciones: “Alguien tiene que ganar, alguien tiene que perder. Y pasar al siguiente”.
En un escenario en el que cada India–Pakistán se convierte en un plebiscito emocional, la voz de uno de los grandes de todos los tiempos suena casi revolucionaria. La pregunta es si alguien, más allá de los viejos románticos del cricket, está dispuesto a escucharla.




