logo

Zheng Qinwen logra una remontada histórica en el US Open

En el tenis hay remontadas. Y luego está lo que hizo Zheng Qinwen ante Madison Keys en la tercera ronda del US Open.

La campeona olímpica, obligada a pasar por la fase previa para entrar en el cuadro principal, se vio 5-0 abajo y con punto de partido en contra en el tercer set ante la cabeza de serie número 22 y favorita del público. Todo apuntaba a una salida silenciosa de Nueva York.

No se fue.

Zheng se agarró a la pista, encadenó siete juegos consecutivos y cerró un 1-6, 7-6 (7-3), 7-5 que sonó a declaración de intenciones y a ajuste de cuentas con los últimos 12 meses de su carrera.

De la paliza inicial al giro inesperado

Durante 23 minutos, el partido fue de una sola dirección. Keys, campeona del Australian Open 2025, arrolló en el primer set con un tenis agresivo, limpio, casi quirúrgico. Dominó los intercambios, mandó con el servicio y desbordó a una Zheng sin respuestas, aún buscando sensaciones.

Parecía un trámite. Parecía.

En el segundo parcial, Zheng empezó a encontrar ritmo. No brillaba, pero resistía. Metió más primeros saques, alargó los peloteos, obligó a Keys a pegar un golpe más. El encuentro se tensó. La estadounidense siguió mandando en el marcador, pero la china ya no se descolgaba.

El set se fue al ‘tie-break’ y ahí apareció la versión competitiva que había llevado a Zheng a una final de Grand Slam y al oro olímpico en 2024. Jugó el desempate con nervio, se adueñó de los puntos largos y lo cerró 7-3. El estadio entendió que el partido ya no era el mismo.

5-0, punto de partido… y un milagro deportivo

El tercer set, sin embargo, volvió a girar hacia Keys. La estadounidense se lanzó con decisión, rompió pronto, encadenó juegos y se colocó 5-0. Con el público de su lado y un punto de partido en la mano, tenía el triunfo servido.

Ahí, cuando la lógica dicta rendición, Zheng eligió otra cosa.

Se sostuvo en el saque, salvó el punto de partido, ganó por fin un juego. Apenas un respiro. Pero suficiente para sembrar la duda. Empezó a restar más profundo, a leer mejor la dirección de los golpes de Keys, a devolver una bola más. El marcador, casi de repente, se convirtió en 5-2. Luego 5-3. Luego 5-4.

La presión, que había aplastado a Zheng durante meses, se trasladó al otro lado de la red.

Keys se bloqueó en los momentos clave. Zheng, en cambio, jugó esos puntos como si llevara toda la vida sobreviviendo a situaciones límite. Lo cierto es que, en el último año, casi ha sido así. La china igualó 5-5, rompió de nuevo y se sentó a sacar para partido con la Arthur Ashe en un murmullo de incredulidad.

No tembló. 7-5. Siete juegos seguidos. Una de esas victorias que definen carreras.

Zheng se dejó caer sobre la pista, exhausta y aliviada. No era solo un triunfo. Era una liberación.

Doce meses de dudas y quirófano

“Por fin, un poco de suerte está de mi lado”, confesó después la jugadora de 23 años. No sonaba a frase hecha. Sonaba a desahogo.

Hace solo tres meses, Zheng abandonaba París entre lágrimas tras caer en primera ronda de Roland Garros, su primer Grand Slam desde la operación de codo a la que se sometió en julio de 2025 para corregir una lesión crónica provocada por pequeños fragmentos óseos flotando en la articulación.

El contraste con 2024 era brutal. Ese año había explotado definitivamente: final del Australian Open, oro olímpico, cuartos de final en el US Open. En 2025 arrancó fuerte, alcanzó los cuartos en Roland Garros y escaló hasta el número 4 del ranking mundial. Y entonces llegó la lesión. Nueve meses fuera. Un parón que no solo frenó su progresión, también erosionó su confianza.

Su regreso fue áspero. En París, la derrota ante Maja Chwalinska, que luego sería subcampeona, le dolió como pocas. No era solo el resultado. Era la sensación de haber olvidado cómo competir.

“Después de volver de la lesión sentía que había perdido la energía y que había olvidado cómo competir”, admitió. Su ranking se desplomó hasta el puesto 160. Por primera vez en cuatro años tuvo que disputar una fase previa de Grand Slam.

De ahí a remontar un 0-5 y punto de partido en contra en la tercera ronda del US Open ante una campeona de Grand Slam hay un océano. Zheng lo cruzó a base de resistencia mental y memoria competitiva.

“Solo me repetía a mí misma que nunca me rindo. De alguna manera, poco a poco, fue pasando”, explicó. “El tenis a veces se siente como una montaña rusa. Muchas veces ves a alguien con punto de partido, pero al final el otro remonta”.

De la previa a la historia reciente del US Open

Con esta victoria, la china se convierte en la primera jugadora procedente de la previa que alcanza los octavos de final del US Open desde Emma Raducanu en 2021. Aquel año, la británica terminó levantando el título. El dato no garantiza nada, pero sí coloca el recorrido de Zheng en un contexto especial.

No es solo una buena semana en Nueva York. Es una reconstrucción en directo.

Zheng ha pasado de dudar de su cuerpo y de su nivel a encadenar victorias en uno de los escenarios más exigentes del circuito. Cada partido parece añadir una capa más de convicción a una jugadora que hace nada se preguntaba si volvería a ser la misma.

Esta vez, la respuesta llegó en forma de remontada épica. Y en Flushing Meadows, cuando una jugadora firma algo así, la pregunta ya no es qué ha superado, sino hasta dónde puede llegar ahora.