La afición de Al-Ahli estalla contra Marino Pusic
La paciencia se agota con Marino Pusic: la grada de Al-Ahli estalla en pleno descanso
El ambiente en el SHG Arena se rompió justo cuando sonó el silbato del descanso. No fue por un gol agónico ni por una polémica arbitral. Fue por la afición de Al-Ahli Saudi, que eligió ese momento para dictar sentencia sobre su entrenador: “¡Pusic out!”. Coreado, contundente, sin espacio para la duda.
El llamado mini-Clásico ante Al-Shabab, correspondiente a la duodécima jornada de la Roshn League, se había convertido en un tormento para el equipo de Yeda. El marcador al intermedio era demoledor: 3-1 para el conjunto local. Y lo peor no era solo el resultado, sino la forma.
La expulsión del guardameta Abdulrahman Al-Sanbi, “el Elegante”, en el minuto 22, desnudó todas las fragilidades de Al-Ahli. Con uno menos, el equipo se descompuso atrás y Al-Shabab comenzó a generar ocasiones claras una tras otra. Falló varias, aprovechó otras. La sensación era de superioridad total.
La presión terminó estallando en la grada visitante. Los aficionados de Al-Ahli, desplazados hasta Riad, no esperaron al final del partido para mostrar su veredicto. En cuanto el árbitro señaló el túnel de vestuarios, el cántico se hizo unánime. No era un murmullo de descontento, era un mensaje directo a la directiva: el ciclo de Pusic, al menos para ellos, debía terminar ahí.
No es un enfado aislado. La relación entre la grada y el técnico neerlandés se ha ido erosionando desde el inicio de la temporada. Los reproches no se limitan al juego o a los resultados puntuales. Vienen también de decisiones de mercado que no han convencido, con un nombre propio en el centro de la diana: Artem Bondarenko.
El fichaje del centrocampista ucraniano procedente de Shakhtar se ha convertido en uno de los símbolos del desencanto. Parte de la afición nunca terminó de aceptar la operación y ha utilizado cada tropiezo del equipo para reabrir el debate sobre su llegada y el criterio deportivo que la respaldó.
Lo paradójico es que el balance frío de Pusic en el banquillo no es, en absoluto, catastrófico. Llegó al inicio de la presente campaña para sustituir al alemán Matthias Jaissle y, desde entonces, ha dirigido 16 partidos oficiales: 11 victorias, 4 derrotas y solo un empate. Números que, sobre el papel, sostendrían a casi cualquier entrenador.
Pero las cifras no siempre cuentan la historia completa. La exigencia en Al-Ahli ha subido varios peldaños y el margen de error se ha reducido a la mínima expresión. Cada derrota duele más. Cada mala primera parte, como la vivida ante Al-Shabab, se convierte en un juicio público.
En Riad, ese juicio tuvo banda sonora. Y el nombre de Marino Pusic retumbó en el SHG Arena, no como protagonista de una remontada épica, sino como el blanco de un clamor que ya no se puede ignorar. La cuestión, ahora, es si la directiva escuchará a la grada o defenderá a un técnico cuyos resultados, hasta hoy, cuentan una historia muy distinta a la de esos cánticos.




