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Alcaraz domina en Viena y extiende su racha en ATP 500

Carlos Alcaraz no dejó espacio para la duda en Viena. Ni para el suspense. El español arrasó a Alex de Minaur por 6-1 y 6-4 en 87 minutos y levantó el título del Vienna Open, prolongando una racha que ya empieza a sonar a dominio absoluto en los ATP 500.

Fue una final corta, pero contundente. Un mensaje.

Un inicio demoledor

El primer set duró lo que tardó Alcaraz en ajustar la mira. Muy poco. Se adueñó del fondo de pista, castigó cada bola corta y convirtió el partido en un ejercicio de supervivencia para De Minaur. El 6-1 reflejó exactamente lo que se vio: un jugador mandando, otro resistiendo como podía.

Alcaraz, segundo cabeza de serie, jugó como si quisiera resolver el asunto sin dar opción al australiano a agarrarse al encuentro. Ritmo altísimo, restos profundos, cambios de dirección constantes. Cuando se puso 4-0, la final ya tenía dueño emocional.

De Minaur se rebela, pero el muro no cede

En el segundo set, De Minaur subió un peldaño. Ajustó mejor con el servicio, arriesgó más con la derecha y logró alargar los intercambios. Por momentos pareció que el partido entraba en otra dimensión, más pareja, más tensa.

Pero cada vez que el australiano insinuaba una reacción, Alcaraz respondía con una bola más pesada, una decisión más valiente. El 6-4 final no tuvo épica, pero sí madurez: el murciano gestionó la ventaja, eligió bien cuándo apretar y cerró el título sin titubeos.

Una racha que ya pesa en el circuito

El dato impresiona: 16 victorias consecutivas en torneos ATP 500 en 2026. Y, si se amplía el foco, 26 triunfos seguidos en esta categoría desde la derrota en el Barcelona Open 2025 ante Holger Rune. Desde entonces, nadie le tumba en este escalón del circuito.

Este año, el título en Viena se suma a los conquistados en Doha y Tokyo en la misma categoría. Tres torneos, tres coronas. Pleno.

Alcaraz no solo gana; marca territorio. Cada ATP 500 que disputa se convierte en un recordatorio de que, en ese rango de torneos, su estándar competitivo está por encima de la media.

Agresividad como declaración de intenciones

Tras el encuentro, el español explicó la hoja de ruta que había llevado a la pista. No se escondió, fue directo: quiso imponer su juego desde el primer punto, obligar a De Minaur a ir más allá de su límite habitual.

“Intenté ser agresivo y mostrarle que, si quiere ganar, tiene que jugar mejor, más agresivo, más sólido y ser más listo que yo”, reconoció. No era solo una descripción táctica; era una declaración de jerarquía.

La clave, según él mismo, llegó en los momentos en los que el partido se enredó un poco más. “Estoy muy contento de que al final encontré mi camino, jugué genial y, obviamente, ha sido una semana muy emocionante y asombrosa para mí”, añadió, con la sensación de haber completado un torneo casi perfecto.

Un patrón que se repite

Doha, Tokyo, ahora Viena. Distintas pistas, distintos rivales, mismo resultado. Alcaraz ha convertido los ATP 500 en un laboratorio donde afina su tenis con una mezcla de agresividad y control que desborda a casi todos.

Cada título suma confianza, pero también alimenta una pregunta inevitable: ¿hasta dónde puede estirar esta racha sin que nadie consiga frenarle en este nivel del circuito?