Alice Capsey: La nueva wicketkeeper de Inglaterra en la serie ante Irlanda
Cuando la selección de Inglaterra se reunió el lunes para la foto oficial previa a la serie, Alice Capsey tuvo que acordarse de algo más que del bate y la gorra. Tocaba meter en la bolsa un objeto que llevaba años lejos del primer plano: los guantes de wicketkeeper.
Capsey ya ha hecho casi de todo con la camiseta de su país. Batea, lanza, es una de las manos más seguras en el campo y, con solo 22 años, muchos la señalan como futura capitana. Esta semana, en la serie de one-day internationals ante Irlanda, sumará un rol nuevo: será la guardiana de los tres palos. Y eso pese a que solo ha ocupado esa posición una vez en el cricket profesional, en un partido de 50 overs con South East Stars en 2020.
“Realísticamente, es un poco una incógnita”, admite a BBC Sport. “En partidos no lo he hecho demasiado. Pero sé el trabajo que he puesto fuera del campo. Eso me da mucha confianza”.
No es un salto al vacío. Charlotte Edwards no se caracteriza precisamente por las apuestas a ciegas. Inglaterra empezó a hablar de Capsey como opción de wicketkeeper durante la concentración de pretemporada en Sudáfrica, a comienzos de año. No era una idea descabellada: de niña, en categorías inferiores, ese era su puesto natural.
La falta de alternativas claras y las primeras sesiones específicas llevaron a que la joven fuera incluida como suplente de la guardiana habitual, Amy Jones, para el T20 World Cup de este verano. No llegó a ser necesaria, pero el plan estuvo muy cerca de activarse. Cuando Nat Sciver-Brunt volvió de lesión para la semifinal, se valoró seriamente mantener en el once a la bateadora en forma Sophia Dunkley, dejar fuera a Jones y entregar los guantes a Capsey. La propuesta se quedó en la mesa, pero no estaba lejos de hacerse realidad.
Al principio, a Capsey le pesaba la idea. “Al comienzo del verano estaba bastante nerviosa. Me metí un poco en mi caparazón, todo muy hacia dentro”, reconoce. Tener cerca a personalidades expansivas como Sophie Ecclestone ayudó a soltar la presión. “Son de las que bromean, relajan el ambiente. Ahora todo el mundo me ha visto entrenar tanto que ya es casi algo natural”.
Como todo buen wicketkeeper, Capsey disfruta la dureza del oficio. Los golpes en los dedos. Las pelotas que se escapan por la pierna. El trabajo sucio.
“La cantidad de veces que te llevas un golpe en los dedos, o una se va por el lado de la pierna y la fallas… Pero esas son las cosas que disfrutas, el trabajar para ser cada vez mejor”, cuenta.
Su relación con los guantes viene de lejos. En la academia de Surrey, su puesto era detrás de los palos. Dejó de hacerlo cuando empezó a jugar con una categoría de mayor edad que andaba corta de una off-spinner. Tocó priorizar el giro de la muñeca a la postura en cuclillas.
“Quién sabe, si no hubiera jugado en una categoría superior quizá habría seguido siendo wicketkeeper. Pero es muy bonito volver a las raíces, al lugar donde empecé”, explica.
En Bede’s School, en Sussex, coincidió con una leyenda del puesto. Sarah Taylor, ex guardiana de Inglaterra y considerada una de las mejores de la historia, trabajaba allí como entrenadora de deportes antes de regresar al circuito profesional y pasar a formar parte del cuerpo técnico de la selección masculina. Para una Capsey adolescente, aquello fue un regalo.
Con 12 años, Capsey estaba en la grada de Lord’s cuando Taylor y aquella Inglaterra levantaron la Copa del Mundo de 2017. Poco después, pudo entrenar con su ídolo.
“La manera en que lo hacía, a su manera, aportando un factor X, era increíble”, dice Capsey. “Lleva cuatro o cinco años diciéndome al oído que tenía que volver a ser wicketkeeper. Ha sido genial volver a hablar con ella, sobre todo este verano, poder escribirle y decirle: ‘He vuelto’”.
El regreso no ha sido improvisado. Capsey empezó a intensificar el trabajo con los guantes a principios del verano, encajando los ejercicios específicos entre sus sesiones de bateo, lanzamiento y trabajo en el campo. También ha modificado su rutina de gimnasio para fortalecer las piernas y, en particular, los abductores, clave para aguantar las posturas bajas tras los palos.
“De momento he aguantado bien todo, toquemos madera”, comenta con media sonrisa. “Pregúntame de nuevo a final de semana”.
Aunque su último partido oficial como wicketkeeper data de hace seis años, ya tuvo un ensayo general a puerta cerrada. En uno de los amistosos de preparación ante India, antes del T20 World Cup, se puso los guantes. Terminó con una buena colección de acciones: una captura alta y limpia a la bola de la seamer Dani Gibson, estando pegada a los palos; un stumping sobre el spin de Linsey Smith; y ni un solo bye concedido.
“Fue increíble. Me encantó la experiencia”, recuerda. “Mantenerme arriba con Gibbo fue un reto muy bonito. Esa captura fue uno de los momentos destacados, pero también están las pequeñas cosas: en el primer over, más atrás con [Lauren] Filer, coger una bien limpia, un par de recepciones por el lado de la pierna…”.
Estos días, en los entrenamientos previos a la serie contra Irlanda, también se ha plantado pegada a los palos ante Issy Wong, una de las bowlers más rápidas del equipo. Un examen serio para cualquiera que aspire a consolidarse en el puesto.
El impacto potencial va más allá de esta semana. Si las cosas salen bien en estos tres one-day internationals, Inglaterra ganará algo más que un recurso de emergencia. A corto plazo, supone un respaldo muy útil para Amy Jones, de 33 años y descansando en esta serie, y abre la puerta a una competencia real por el puesto.
Hay otro ángulo evidente: el bate. Jones viene de firmar cinco scores de una sola cifra en siete entradas durante el World Cup de este año. Si Capsey demuestra que puede encargarse de los guantes sin perder filo con el bate, el cuerpo técnico podría liberar un hueco en el top order para una bateadora más explosiva. Capsey ya se ha ganado un sitio en el XI únicamente por lo que aporta con el bate; añadir la responsabilidad de wicketkeeper elevaría su valor a otro nivel.
“Va a haber nervios y presión, pero más interna que otra cosa”, reconoce. “Como deportista profesional no quieres hacerlo mal y estás representando a Inglaterra. Es una serie internacional, hay puntos ICC en juego. Que confíen en ti para llevar los guantes de Inglaterra también tiene que darte confianza”.
Capsey no se engaña. No se vende como producto terminado. “No soy ni mucho menos el artículo acabado, pero lo hice durante mucho tiempo cuando crecía”, apunta. Esa base, esos años de oficio en categorías inferiores, son ahora su red de seguridad.
“Sea cual sea el desafío que aparezca esta semana, sé que tengo algo de experiencia a la que agarrarme, y eso se siente bien”.
Los guantes han vuelto a sus manos. El siguiente paso lo decidirán tres partidos y un puñado de bolas que viajarán duras y rápidas hacia los palos. Allí, en ese cruce de reflejos y nervios, se sabrá si Inglaterra ha encontrado en Alice Capsey algo más que una promesa polivalente.




