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La batalla por el poder en FIFA: Ceferin y Montagliani desafían a Infantino

GINEBRA — La batalla por el poder en la cúspide del fútbol mundial ha dejado de ser un susurro de pasillos para convertirse en una ofensiva abierta. Dos de los hombres más influyentes del mapa político del balón, Aleksander Ceferin (UEFA) y Victor Montagliani (CONCACAF), han movido ficha contra Gianni Infantino con una propuesta tan contundente como calculada: 10 millones de dólares extra para cada una de las 211 federaciones miembro de FIFA.

No es un gesto altruista. Es un mensaje.

El dinero sobre la mesa

Según la carta enviada el viernes al presidente de FIFA, a la que tuvo acceso Associated Press, los dirigentes de UEFA y CONCACAF sostienen que, tras el exitoso Mundial disputado en Estados Unidos, Canadá y México, el organismo debería cerrar el ciclo con reservas de caja en torno a los 6.000 millones de dólares.

Con esa base, proponen una “liberación única” de fondos: 10 millones de dólares para cada federación, un total de 2.100 millones. El golpe político es evidente. Infantino había seducido a las asociaciones con la promesa de 20 millones por cabeza ligados a su fallido proyecto de venta de participaciones comerciales del Mundial a inversores privados, encabezados por Joshua Kushner.

Ahora, Ceferin y Montagliani vienen a decir algo muy claro a los votantes: el dinero puede fluir igual… o más, incluso si Infantino abandona el cargo que ocupa desde 2016.

La carta recalca que la financiación ya comprometida por FIFA —20 millones de dólares para cada federación hasta 2030— “continuaría en su totalidad tal y como está comprometida”. Es decir, el nuevo reparto sería un plus, no un reemplazo.

FIFA fue contactada para comentar la propuesta. De momento, silencio.

El choque tras el plan privado

El pulso no nace de la nada. En julio, la filtración del plan de Infantino para crear una estructura comercial separada, FIFA Forward Enterprise (FFE), valorada en 20.000 millones de dólares y apoyada por capital privado liderado por Kushner, desató una reacción furiosa en buena parte del ecosistema futbolístico.

UEFA y CONCACAF encabezaron la rebelión. El proyecto se vino abajo. La desconfianza, no.

Infantino había tejido la operación sobre un tablero geopolítico delicado. Joshua Kushner es hermano menor de Jared Kushner, yerno del expresidente de Estados Unidos Donald Trump. El presidente de FIFA cultivó una relación estrecha con Trump antes del Mundial de Norteamérica, con visitas frecuentes a la Casa Blanca y una alianza política que reforzaba su figura en la región.

Ese entramado, lejos de blindarlo, ha terminado por alimentar el relato de un presidente demasiado cómodo con acuerdos opacos y movimientos financieros de gran escala alejados del control tradicional de las federaciones.

Una ofensiva organizada

El movimiento de Ceferin y Montagliani no se limita al dinero. En la misma carta, exigen un análisis “completo e independiente” de las finanzas de FIFA antes de la reunión del 15 de octubre en Zúrich. Quieren números sobre la mesa, auditorías claras y un dictamen que marque hasta dónde puede llegar el organismo sin poner en riesgo su estabilidad.

Ese encuentro será clave: es la primera reunión del Consejo de FIFA, presidido por Infantino, desde que la prensa destapó el plan de capital privado a finales de julio. Allí, los bloques de poder quedarán al desnudo.

Ceferin y Montagliani avisan también de que informarán a los otros cuatro presidentes de confederación para que respalden la moción. La batalla ya no es solo europea o norteamericana; se juega a escala global.

La Confederación Asiática (AFC) ha mostrado críticas en las últimas semanas hacia Infantino. En el otro extremo, las confederaciones de Sudamérica y África se han alineado con el presidente. Infantino incluso viajó recientemente al Caribe para reforzar apoyos entre miembros de CONCACAF, pese a que el propio Montagliani le había pedido que no lo hiciera.

Calendario electoral y nombres en la sombra

En este contexto, el reloj electoral corre. FIFA ha fijado el 18 de noviembre como fecha límite para la presentación de candidaturas a la presidencia. La elección se celebrará cuatro meses después, en Rabat, Marruecos, un aliado clave de Infantino y coanfitrión del Mundial 2030 junto a España y Portugal, ambas bajo el paraguas de UEFA.

Hasta hace pocas semanas, tras un Mundial de enorme éxito económico en Norteamérica, Infantino parecía encaminado a una reelección sin oposición para un cuarto y último mandato, hasta 2031. El escándalo del proyecto privado ha cambiado el clima.

No hay un rival declarado. Aún.

Los rumores de los últimos años han apuntado con frecuencia a dos nombres: el propio Victor Montagliani, canadiense y presidente de CONCACAF, y Nasser al-Khelaifi, dirigente catarí de Paris Saint-Germain, miembro del gobierno de Catar y del Comité Ejecutivo de UEFA. Ninguno ha expresado públicamente su intención de desafiar a Infantino. Además, el presidente actual cuenta con el respaldo de la federación catarí.

Antes de la reunión del Consejo de FIFA, los líderes europeos se verán en un evento organizado por UEFA. Será otro escenario para medir apoyos, tantear candidaturas y definir si la ofensiva contra Infantino se traducirá en una alternativa real en las urnas o quedará en presión política sin relevo claro.

La vía judicial entra en juego

El conflicto no se libra solo en los despachos de Zúrich. UEFA ha acudido a los tribunales en Estados Unidos, en Manhattan y Florida, para solicitar acceso a pruebas y documentación tanto de la firma de inversión de Kushner en Nueva York como de FIFA, en relación con el proyecto comercial de 20.000 millones de dólares que iba a operar bajo la marca FIFA Forward Enterprise.

El objetivo declarado por UEFA es contundente: recabar material para una posible denuncia penal contra Infantino en Suiza, sede de FIFA, por presunta mala gestión financiera.

La dimensión del caso ya trasciende la lucha electoral. Se adentra en el terreno judicial, donde los equilibrios políticos pesan menos que los documentos y las firmas.

Mientras las federaciones nacionales miran de reojo los 10 millones prometidos por Ceferin y Montagliani, una pregunta se impone en el aire: ¿decidirán su futuro por la aritmética del reparto o por la desconfianza hacia un presidente que, por primera vez desde 2016, siente que el poder ya no es un trámite asegurado?