Ben Shelton alcanza la final del US Open 2023
En Nueva York, en un Arthur Ashe Stadium encendido y expectante, Ben Shelton chocó con el techo de su mejor torneo como profesional. Cayó en la final del US Open ante el número 1 del cuadro, Alexander Zverev, por 3-6, 6(2)-7, 7-5, 2-6, pero dejó una huella que va mucho más allá del marcador.
Porque la historia de la noche no fue solo el segundo gran título del año para Zverev. Fue también la irrupción definitiva de Shelton en la élite y el peso simbólico de su carrera hacia la final.
Una final que empezó cuesta arriba
El duelo, primer cara a cara entre ambos en un Grand Slam, arrancó con el alemán marcando territorio. Zverev rompió de entrada y se colocó 2-0, imponiendo ritmo y precisión. Shelton respondió con valentía, se soltó con el servicio y recortó hasta el 4-3 tras ganar el séptimo juego, pero los nervios volvieron a aparecer en el peor momento.
Una doble falta del estadounidense entregó el primer set al principal favorito. El gesto lo delataba: tensión en los hombros, mirada perdida hacia la línea de fondo. Zverev, en cambio, apenas pestañeó.
El segundo parcial elevó el nivel de intensidad. El primer juego llevó el partido al primer deuce de la noche y cayó del lado de Zverev. Shelton reaccionó con rabia: le devolvió el golpe ganando el segundo juego en blanco, apoyado en un saque que, cuando encontraba el punto, seguía siendo un arma devastadora.
Se instalaron entonces en un intercambio de golpes casi simétrico, cada uno defendiendo su servicio, sin concesiones. El desenlace, inevitable, llegó en el tie-break. Y ahí el número 1 fue implacable: se escapó 5-0 con una mezcla de profundidad y paciencia que desarmó a Shelton. El desempate se cerró con autoridad y el 2-0 en sets dibujó un escenario crítico para el estadounidense.
Presión alemana, errores americanos
Hasta ese momento, el guion era claro. Zverev jugaba con aplomo, moviendo a Shelton de lado a lado, obligándolo a peloteos largos que minaban su confianza. El estadounidense, forzado a arriesgar más de la cuenta, acumuló 29 errores no forzados en solo dos sets. Demasiado lastre ante un jugador que castiga cada resquicio.
Shelton, que había construido su camino a la final a base de agresividad controlada y un servicio demoledor, no encontraba sus esquinas. El margen de fallo se reducía a la mínima expresión y Zverev, con la experiencia de quien sabe lo que es ganar en estas alturas, no soltaba la presa.
El orgullo del tercer set
Pero el partido no estaba muerto. No con un competidor como Shelton al otro lado de la red.
El tercer set siguió una línea similar al segundo: intercambio de juegos, servicios firmes, tensión creciente. Zverev conectó su octavo ace del encuentro para igualar 5-5 y parecía listo para cerrar la noche en tres mangas.
Entonces llegó el giro. Shelton se mantuvo firme, obligó al alemán a jugar un punto más, a arriesgar un centímetro más. Y Zverev falló. Un golpe suyo se marchó ancho por la izquierda y el estadounidense se adueñó del set por 7-5. El estadio rugió. No era solo un parcial más: era la primera vez que Shelton lograba romper el servicio de Zverev… después de 66 juegos consecutivos sin ceder el saque del alemán.
El partido, de pronto, tenía otra temperatura.
Zverev impone jerarquía
Con el reloj entrando en la tercera hora, el cuarto set se convirtió en un examen físico y mental. Zverev respondió como lo hacen los campeones: aceleró de nuevo. Rompió de inicio, se colocó 2-0 y apagó de golpe el impulso que Shelton traía del set anterior.
El estadounidense se negó a irse en silencio y recortó hasta el 3-2, manteniéndose a tiro. Pero Zverev subió a la red con decisión, acortó puntos y recuperó el control. Se adelantó 5-2 y se situó a un solo juego del título.
La última bola del partido fue casi una síntesis de la noche: Shelton, obligado a forzar, mandó larga su devolución. Punto de partido. Título para Zverev. Segundo grande del año, un balance arrollador de 25-2 en torneos de Grand Slam esta temporada y un 6-0 ya en duelos directos ante Shelton. Frialdad estadística para una actuación de campeón.
Un paso histórico para Shelton
La derrota no borra lo que significa este US Open para Ben Shelton. Se convierte en el primer campeón individual de la NCAA que alcanza una final de Grand Slam desde 1986. Y el primer hombre afroamericano que disputa una final individual de un grande desde que MaliVai Washington lo hiciera en Wimbledon 1996.
Su carrera también da un salto en la clasificación: el lunes aparecerá como número 4 del ranking PIF ATP, su mejor posición histórica. Ningún extenista universitario había llegado tan alto desde James Blake en 2006.
Zverev levantó el trofeo. Shelton se marchó sin él, pero con algo que a veces pesa casi lo mismo: la sensación de que esta final no es un punto aislado, sino el inicio de una era en la que su nombre dejará de ser promesa para convertirse en costumbre. La pregunta ya no es si volverá a una final de Grand Slam, sino cuántas más jugará. Y cuántas de ellas acabará ganando.




