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Ben Shelton busca romper la hegemonía europea en el US Open

Durante 23 años, los nombres cambiaron pero la historia fue la misma. Andy Roddick lo intentó otra vez. Andre Agassi apuró una última carrera. James Blake, Mardy Fish, Sam Querrey, John Isner, Tommy Paul, Taylor Fritz… todos empujaron la puerta de los grandes, todos se estrellaron contra el mismo techo: la hegemonía europea.

Esta vez el turno es de Ben Shelton.

El atrevido zurdo de 23 años, nacido en Atlanta, se abrió paso hacia su primera final de Grand Slam en una noche abrasadora en el US Open, remontando con carácter y tenis una semifinal eléctrica ante Frances Tiafoe: 4-6, 6-3, 6-3 y 7-5, en un Arthur Ashe Stadium al límite de decibelios. Está a un solo triunfo de convertirse en el primer campeón estadounidense de un grande desde que Roddick levantó este mismo trofeo en 2003.

El cabeza de serie número 8 se medirá el domingo por la tarde al número 1 del cuadro, Alexander Zverev, después de darle la vuelta a un arranque mejor de Tiafoe a base de un arma que ya asusta en el circuito: un servicio devastador. Metió el 75% de primeros y firmó 20 aces, para terminar rompiendo en el último suspiro y evitar un desempate en el cuarto set.

“Es increíble estar en esta posición”, dijo Shelton. “Obviamente no hemos terminado aquí. El trabajo no está hecho. Estoy súper emocionado de tener otra oportunidad de salir ahí y mostrar mi mejor versión el domingo”.

Un Ashe en modo Copa Davis

El público lo entendió desde el primer punto. No era una noche más en el estadio de tenis más grande del mundo. Desapareció el murmullo constante que suele flotar en las sesiones nocturnas de Ashe. Casi 24.000 personas clavadas en cada intercambio, rugiendo para los dos, subiendo y bajando con cada giro del marcador durante más de tres horas intensas.

Golpeó primero Tiafoe en un primer set que, hasta el tramo final, había discurrido sin sobresaltos. Con 4-4 y 30-0 al servicio, Shelton perdió de repente el norte: cuatro de los siguientes cinco puntos volaron del otro lado de la red, con una doble falta en el punto de break. Tiafoe cerró el set con un juego en blanco, sin pestañear, en 45 minutos.

La respuesta de Shelton fue inmediata. Quebró en blanco para 2-0 en el segundo parcial. Tiafoe recuperó el break al instante, pero el joven empezó a apoyarse con más descaro en ese primer saque que ha disparado su ascenso a la élite. Con 3-3, encadenó misiles de 125 mph, 144 mph, 139 mph y 140 mph, los dos últimos, aces. En el juego siguiente rompió de nuevo y aseguró el set con un primer servicio cronometrado a 149 mph.

Del cañón al desgaste

El tercer set cambió de tono. Menos fuegos artificiales, más desgaste. Tiafoe salvó bolas de break con 1-1 tras varios peloteos largos, pero no encontró salida con 2-2. Shelton lo arrinconó con una serie de ganadores de revés y volvió a romper en blanco. Con 5-3, arrastró a su rival a un juego de servicio de 15 minutos y 20 puntos, una prueba de resistencia mental. Tiafoe levantó tres bolas de set, pero en la cuarta se derrumbó con un derechazo a la red. Shelton se colocaba a un solo set de la final.

“Su juego está empezando a ser más pulido”, admitió Tiafoe. “En vez de ser solo un pegador, ahora se mantiene firme en los peloteos”.

La gran oportunidad del jugador de 28 años llegó justo al inicio del cuarto set. Shelton se vio 15-40 abajo en el primer juego, pero sacó un ace a 140 mph para borrar la primera bola de break y otro servicio a 144 mph, inalcanzable para Tiafoe, para borrar la segunda. A partir de ahí, los dos mantuvieron el saque hasta el 5-5, con el tiebreak asomando como juez probable del parcial y quizá del partido.

Entonces Shelton olió sangre.

Tras sostener para el 6-5, ganó dos intercambios largos para colocarse 0-30 al resto y se apuntó el siguiente punto para disponer de tres bolas de partido. Tiafoe salvó la primera, pero una doble falta en la segunda silenció el estadio durante un instante, antes de que el ruido regresara como una ola. El duelo se cerró tras 3 horas y 16 minutos.

Shelton confesó que le sorprendió su propia frialdad en la recta final. “Honestamente, me sorprendió lo tranquilo que estaba ahí fuera hoy, especialmente hacia el final del partido”, explicó. “Tranquilo, confiado, concentrado. Creo que eso es lo que hace falta para estar en estas posiciones y ganar al máximo nivel”.

Herencia, historia y presente

Su victoria tiene un peso que trasciende el marcador. Shelton es el primer tenista negro estadounidense que alcanza la final individual del US Open desde Arthur Ashe en 1972, y el primero en disputar una final individual de Grand Slam desde MaliVai Washington en Wimbledon 1996.

Aun así, aseguró que ha logrado mantener la dimensión histórica en segundo plano. “Sí, puedo pensar en lo increíble que es este momento y en lo que me estoy jugando”, dijo. “Pero al final del día, estoy aquí en Nueva York, estoy con mi equipo, con mis colegas, jugando un poco al tenis, y he sabido quitarle dramatismo al momento bastante bien”.

Nada en su físico delataba los cinco sets de alta tensión que jugó en cuartos ante el defensor del título, Carlos Alcaraz, un duelo que terminó a las 3.33 de la madrugada del miércoles. Aquel triunfo fue su primera victoria ante un top-3 tras 17 derrotas y cortó la racha de 18 partidos ganados de Alcaraz en Grand Slams.

Tiafoe también venía de una batalla de las que marcan. Remontó dos sets y dos puntos de partido para derrotar a Alex Michelsen en un desempate final dramático. Pero, por tercera vez en cinco años, su aventura en Nueva York terminó en semifinales. “Por eso solo quiero ganarlo, tío”, confesó. “El cariño es increíble. Me saca lágrimas pensar en cómo empecé de niño y el amor que recibo aquí es una locura”.

Un jugador nuevo ante un viejo fantasma

Shelton, campeón universitario de la NCAA con la Universidad de Florida en 2022, irrumpió en el circuito grande a toda velocidad: cuartos de final en el Abierto de Australia solo cuatro meses después de hacerse profesional y semifinales en el US Open ese mismo año. Desde entonces, el trabajo ha sido silencioso, casi obsesivo: añadir capas a un juego que, en sus inicios, vivía casi exclusivamente de su servicio.

El salto en 2026 ha sido evidente. Títulos en Dallas, Múnich, Stuttgart y Montreal, una versión más completa, menos previsible. Él mismo señala su progreso en la devolución, la solidez desde el fondo, la concentración y hasta los hábitos de sueño como prueba de esa evolución. “Siento que soy un jugador diferente. Siento que tengo muchas más herramientas. Siento que conozco mi identidad, que estoy cómodo en mi propia piel, y sé lo que necesito para jugar un tenis de máximo nivel”.

Solo queda un obstáculo. Y es uno que conoce demasiado bien.

Shelton nunca ha vencido a Zverev. Cinco enfrentamientos en 16 meses, entre 2024 y 2025, cinco derrotas. El domingo será su primer cara a cara en un Grand Slam. El historial dice una cosa. Su lenguaje corporal, otra.

“Resolver problemas ha sido la clave aquí”, resumió Shelton. “Estoy deseando afrontar el reto, poder resolver problemas el domingo. Sé a lo que me enfrento, y también sé que estoy más confiado que nunca en mi juego”.

La sequía de 23 años está a un partido de romperse. La pregunta ya no es si Estados Unidos tendrá otro campeón. Es si este nuevo cañonero, más maduro y más completo, está listo para derribar, por fin, ese techo que tantos antes solo pudieron golpear.