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Bournemouth hace historia en Europa con victoria en San Sebastián

La primera bengala que anunció a AFC Bournemouth en Europa rasgó la noche de San Sebastián y se oyó, al menos en la imaginación, hasta la bahía de Vizcaya. En Anoeta ha regresado una vieja costumbre del viejo Atotxa: una bengala cuando marca el equipo visitante, dos cuando lo hace el local. Un código de luces para los que están en el mar. A las 21.41 de un jueves de septiembre de 2026, Justin Kluivert conectó con la historia y un hombre llamado Juan Iturralde salió corriendo a la calle para contárselo al mundo.

En Dorset lo siguieron por televisión; en lo alto del fondo noreste de Anoeta, los 2.000 aficionados de Bournemouth lo vivieron como una epifanía. Llevaban toda una vida esperando algo así. Su primer gol en Europa, su primera victoria continental, un 2-1 en San Sebastián, en la ciudad donde empezó todo para Andoni Iraola, el entrenador que les ha cambiado el destino. Llegaron como invitados; se marchan dejando huella.

Un estreno a lo grande

Iturralde no salió una sola vez. Corrió tres. Volvió a hacerlo cuando Rayan hizo el 0-2 a los 20 minutos y repitió al 57’, cuando Sergio Gómez redujo distancias. Y pudo haber salido más. Porque tras una primera parte brillante, Bournemouth tuvo que resistir con uñas y dientes. Durante un buen rato pareció que la ventaja se les escaparía por quinta vez en seis partidos esta temporada. Pero apareció Djordje Petrovic, gigante bajo palos, con dos paradas descomunales a Orri Óskarsson en los últimos minutos. Al pitido final, la sensación era clara: habían sobrevivido a una batalla y lo habían dado todo.

Una hora antes, nadie habría imaginado semejante sufrimiento. Bournemouth había esperado 127 años para disputar un partido europeo y apenas necesitó 10 minutos y 43 segundos para celebrar su primer gol. Lo festejó dos veces. La jugada nació en un gesto elegante de Evanilson, que recibió y giró el cuerpo con suavidad para soltar a Adrien Truffert por la izquierda. El centro del francés fue una delicia, curvado a la espalda de la defensa para que Kluivert apareciera y empujara a la red.

En el rincón de los aficionados visitantes estalló la locura. En el otro lado del estadio, también lo hizo la bandera del asistente. El VAR tardó poco en corregir el error y dar validez al tanto. Segundo grito, segunda explosión de alegría, segunda carrera de Iturralde hacia la calle.

Bournemouth no se conformó. Truffert volvió a arrancar poco después, esta vez persiguiendo un envío majestuoso de Alex Scott: un balón largo, alto, curvado, que cayó justo donde debía. Rayan atacó el espacio y cabeceó el 0-2. Silencio en Anoeta, ruido en el mar.

Scott manda, Anoeta silba

La naturalidad con la que Scott ejecutó ese pase resumió su noche. Un giro suave del tobillo, como si colocara el balón con la mano. En medio del ritmo alto y la tensión, él se deslizó. A su alrededor, sus compañeros volaban, con Marcus Tavernier especialmente incisivo, y Real Sociedad no encontraba la forma de sujetarlos.

Bournemouth amenazó también a balón parado. Evanilson cabeceó al poste, António Silva remató fuera por poco y Óskarsson tuvo que aparecer en su propia área para despejar in extremis otro envío. En la esquina visitante, canciones y banderas; en el resto de Anoeta, silbidos de frustración.

El descanso llegó como un alivio para los locales. No solo porque el marcador no se movió más, sino porque el partido pedía un cambio de guion. Y lo encontraron.

La reacción de Real Sociedad

Nada más volver del vestuario, Ander Barrenetxea lanzó el primer aviso con una carrera que encendió a la grada. El volumen subió. El ritmo también. Petrovic se lució con una parada magnífica a Beñat Turrientes en el 56’ y, acto seguido, llegó el 1-2. Un centro envenenado de Sergio Gómez se fue cerrando, cruzó el área sin que nadie lo tocara y terminó en la esquina lejana de la portería.

El partido cambió de temperatura. Y de escenario emocional. La versión de “Bad Moon Rising” que suena en Anoeta quedó cortada por un rugido colectivo cuando Gonçalo Guedes obligó a Petrovic a volar otra vez para desviar su disparo al córner.

En la mente de Bournemouth apareció un fantasma conocido. Esta misma temporada ya habían dejado escapar ventajas ante Manchester City, Everton, Newcastle y Brentford, casi siempre en tramos finales. La sensación de déjà vu creció cuando otro servicio magnífico de Gómez encontró a Guedes en la izquierda. El portugués eligió recortar en lugar de rematar y la ocasión se esfumó. El rechace cayó en los pies de Mikel Oyarzabal, cuyo toque sutil, picado, se fue flotando y cayó sobre la parte superior de la red.

Gómez no fue el único problema. Luka Sucic probó desde la frontal en el 81’ y se marchó cerca del poste. Bournemouth ya defendía muy atrás, cada despeje era un suspiro de alivio.

Petrovic, muro final

La gran oportunidad de Real Sociedad llegó en la recta final. Gómez filtró un pase perfecto para Óskarsson, que se plantó solo y definió. Petrovic le adivinó la intención y sacó una mano decisiva. Anoeta se llevó las manos a la cabeza.

Quedaba todavía una última escena. En el minuto final, el balón cayó de nuevo a los pies de Óskarsson, esta vez a cinco metros de la línea. Parecía imposible que no fuera gol. Petrovic se hizo enorme, aguantó y sacó un reflejo casi inverosímil para mantener el 1-2. Fue la parada que selló la noche, la que convirtió una victoria importante en una victoria histórica.

Las bengalas se apagaron, el humo se disipó sobre el cielo de San Sebastián y Bournemouth se marchó del césped sabiendo que algo había cambiado para siempre. Un club que durante décadas miró Europa por televisión ha empezado su propio viaje, y lo ha hecho con un triunfo en la ciudad que vio nacer a su entrenador. La pregunta ya no es si pertenece a este escenario, sino hasta dónde puede llegar en él.