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Chantelle Cameron conquista el peso superwélter tras vencer a Mikaela Mayer

Chantelle Cameron firmó una de esas noches que marcan una carrera. La británica derrotó a Mikaela Mayer por decisión unánime y añadió los cinturones WBA y WBC del peso superwélter a su título WBO, en una pelea tensa, igualada y con un pulso competitivo que no bajó hasta el último segundo.

Las cartulinas reflejaron la mínima diferencia: 97-93 en dos tarjetas y 96-94 en la tercera. Márgenes estrechos para un combate que se decidió más por insistencia y carácter que por una superioridad clara en lo técnico.

Mayer no lo encajó en silencio. La estadounidense aseguró que había “outboxed” a Cameron y protestó el veredicto en pleno ring, desatando un cruce de palabras encendido. La británica, lejos de recular, respondió con frialdad: “talk is cheap”. La tensión no fue solo de guantes; también de orgullo.

Presión contra pulcritud

Sobre el papel, el duelo era un espejo. Ritmo de golpeo, altura, peso… hasta el peinado. Dos boxeadoras de élite, tres veces campeona mundial Mayer, campeona consolidada Cameron. En la práctica, la diferencia estuvo en quién impuso su voluntad.

Mayer arrancó mejor. Más imponente de inicio, marcó el ritmo con su envergadura y trató de gobernar el combate desde la media distancia. Cameron, paciente, aceptó el rol de contragolpeadora, esperando su momento para dar un paso al frente.

Ese momento llegó pronto.

En el cuarto asalto, Cameron acorraló a Mayer contra las cuerdas y dejó claro que no pensaba limitarse a responder. Repitió la escena al inicio del quinto, ya con una confianza creciente, empujada por un público local ruidoso pero escaso para la magnitud del duelo. La arena no estaba llena, pero quienes estaban hicieron sentir cada intercambio.

La presión empezó a hacer mella. Mayer, habitualmente una boxeadora capaz de ajustar y cambiar registros sobre la marcha, nunca terminó de encontrar el plan ganador. Su jab, arma clave, se vio interrumpido una y otra vez por la insistencia de Cameron, que no le concedió respiro.

En el sexto asalto, la estadounidense ya mostraba signos claros de desgaste: sangraba, respiraba con dificultad y empezaba a llegar tarde a los intercambios. Cameron, sin ser espectacular, fue constante, metódica, incansable.

El golpe que cambió el tono

El séptimo asalto dejó la imagen más rotunda de la noche: un derechazo pleno de Cameron directo a la barbilla de Mayer. No fue un derribo, pero sí un aviso brutal. La campeona visitante aguantó, pero desde entonces cada acometida de la británica tuvo otro peso.

Mayer tiró de orgullo. No se descompuso, no se desordenó, pero la iniciativa ya no le pertenecía. El combate se había convertido en el tipo de pelea que favorece a Cameron: intercambios en los que la presión y la voluntad de ir siempre un paso más adelante cuentan tanto como la técnica.

En los asaltos finales, la local terminó con un corte, pero no cedió un centímetro. Apretó hasta la campana final, consciente de que la pelea se jugaba en detalles. Cuando se leyó el fallo, su equipo la alzó a hombros. No era solo una victoria más: era su triunfo más importante desde que venció a Katie Taylor en Dublín hace tres años.

Para Mayer, la noche deja una herida deportiva profunda. Tercera derrota en 25 combates profesionales y adiós a los cinturones WBA y WBC del peso superwélter, ahora en manos de Cameron, que los une a su corona WBO para reforzar su estatus en la división.

Un gran combate en un escenario a medias

Cuando se anunció la velada, este combate estaba llamado a ser el gran atractivo del fin de semana festivo de agosto en el boxeo británico. Sin embargo, la promoción de Moses Itauma contra Filip Hrgovic a pelea por título mundial desplazó el foco y dejó este duelo de altísimo nivel con un aire injusto de segundo plato.

El ambiente lo delató. Filas de asientos vacíos en el BP Pulse Arena mientras arrancaba el combate de semifondo. En el mejor de los casos, el recinto estaba a medio aforo cuando Cameron y Mayer iniciaron sus caminatas hacia el ring.

Las dos intentaron suplir con actitud lo que faltaba en ruido. El viernes, en el pesaje, las relaciones hasta entonces cordiales saltaron por los aires: choque de cabezas, empujón de Cameron, respuesta inmediata de Mayer, insultos cara a cara. Nada de cordialidad a 24 horas de subirse al ring.

Ya en la noche del combate, Mayer abrazó su papel de visitante. Entró al son de “American Woman” de Lenny Kravitz, con un durag negro cubriendo su característica melena rubia. Al quitárselo, sorpresa: rastas apretadas, el mismo estilo que Cameron. Un guiño, un reto, un juego psicológico. Pero el peinado no gana peleas.

Con el paso de los asaltos, la “moxie” de Mayer, esa mezcla de descaro y confianza, se fue deshilachando ante la constancia de Cameron. Golpe a golpe. Paso a paso. Hasta que las cartulinas confirmaron lo que el ring ya había contado.

Cameron, invicta desde Taylor y con horizonte abierto

El triunfo mantiene a Chantelle Cameron invicta desde su segunda pelea con Katie Taylor en 2023. Suma ya 23 victorias en 24 combates profesionales y, sobre todo, una actuación que se coloca entre las mejores de su carrera por contexto, rival y forma de conseguirla.

Mayer, tres veces campeona mundial en distintas divisiones, dejó claro que no cierra la puerta a una revancha. Apuntó al factor local, habló de ventaja de casa y dejó flotando la idea de un segundo capítulo.

La británica, en cambio, no pareció dispuesta a conceder demasiado crédito a esas quejas. Con tres cinturones en su poder y una división que ahora la mira desde abajo, la pregunta ya no es si merece estos títulos, sino quién se atreve a arrebatárselos.