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Dan Brand: La nueva esperanza del tenis israelí

Mientras Israel miraba al Mundial de fútbol, a la MLB y a las noches de Deni Avdija en la NBA, otro deporte cocinaba en silencio su propia historia. Lejos de los focos de Portland y de los grandes estadios, un adolescente de Kfar Saba empezaba a abrirse hueco en un circuito mucho más solitario: el del tenis mundial.

Se llama Dan Brand, tiene 17 años, es diestro y ya figura como número 24 del mundo en la clasificación júnior. Todo indica que ese número se quedará corto muy pronto.

Un júnior que ya juega como adulto

Brand ya sabe lo que es caminar por los pasillos de Roland Garros y Wimbledon. Este año disputó en ambos escenarios los cuadros de individuales y dobles. En París se marchó pronto, pero dejó señales claras de carácter: cayó en primera ronda en un duro partido a tres sets, 3-6, 7-5, 6-1, ante el francés Mathys Domenc. En dobles, junto al estadounidense Safir Azam, alcanzó los cuartos de final.

En Wimbledon dio un paso más. Superó la primera ronda tanto en individuales como en dobles y se instaló en la segunda fase en ambas modalidades. El siguiente gran examen le espera en Nueva York: jugará el US Open júnior en singles y dobles, con el torneo arrancando el 8 de septiembre en Queens.

Para Yoni Erlich, capitán de Copa Davis de Israel y director de tenis de los Israel Tennis and Education Centers, el diagnóstico es claro: “Dan es absolutamente nuestra próxima esperanza”. Ve al chico en ruta hacia el top 20 júnior, respaldado por victorias recientes en torneos Futures de hombres, donde ya alcanzó unos cuartos de final. La ilusión es transparente: que en unos años Israel vuelva a tener un jugador de Grand Slam.

El vacío que dejó la generación dorada

El país lleva tiempo esperando una nueva figura. Shahar Peer fue la última gran referencia: llegó al número 11 del mundo en individuales en 2011. En dobles, Andy Ram y Jonathan Erlich alcanzaron el número 5 del ranking en 2008, justo después de conquistar el título en el Abierto de Australia.

En el tenis masculino individual, el listón histórico lo puso Amos Mansdorf, hoy entrenador de Brand. Mansdorf llegó al 18 del mundo en 1987 y desde hace cinco años guía al joven de Kfar Saba, al que empezó a trabajar cuando este tenía solo 12 años.

“Es lindo verlo avanzar y moverse en una buena dirección. Juega un tenis inteligente y es bastante completo”, resume Mansdorf, que lo define como un chico tranquilo, discreto, trabajador y muy dedicado. En pista, lo ve como un jugador sereno, que no entra en pánico. Su objetivo para Dan no es pequeño: que llegue al top 50 del circuito profesional.

La hoja de ruta es clara: seguir compitiendo, hacerse más fuerte físicamente y dotarse de todas las armas del tenis moderno. Un saque grande, con potencia y precisión, que le permita sostenerse ante los mejores. Mansdorf incluso prevé que Brand obtenga una prórroga del servicio militar obligatorio para poder jugar en el circuito universitario de Estados Unidos.

De un campo de fútbol a la élite del tenis

La historia pudo ser muy distinta. Dan empezó como futbolista. Su entrenador de entonces animó a los chicos a probar otros deportes. Su padre, Shai, abogado especialista en daños y cinturón negro de jiu-jitsu brasileño, dos veces campeón del mundo, intentó llevarlo a su terreno. El veredicto del hijo fue tajante: el jiu-jitsu le parecía “demasiado aburrido”.

Probó el tenis en el colegio. Ahí cambió todo.

El entrenador escolar, tras verlo unos días, fue directo con Shai: había entrenado a cientos de niños y su hijo era “algo especial”. Le sugirió inscribirlo en un campeonato nacional. Shai dudó. Le parecía demasiado pronto.

Pero el talento insistió. A medida que Dan seguía destacando, Shai se acercó a Mansdorf. Desde entonces, el exnúmero 18 del mundo se convirtió en su referencia técnica, primero de forma privada y después como entrenador principal en el Ra’anana City Tennis Center, a pocos minutos de Kfar Saba. La familia presume de que Dan haya crecido en un club local, lejos de las academias de lujo europeas.

Con la carrera del joven en plena ebullición y un calendario que lo lleva por todo el mundo, Shai se ha convertido en su sombra en muchos viajes: cuida su salud, su descanso, su seguridad. Cuando no puede acompañarlo, activa una red de contactos en distintos países para que “vigilen” a Dan. Aun así, insiste en que su hijo sigue siendo “un chico normal, que va a un colegio normal”.

Dan es el mayor de tres hermanos. Sus padres, Shai y Ruth, logopeda, completan la familia con Nadav, de 15 años, y Shira, de 10. “Dan tiene la calma de su madre”, dice Shai.

Un adolescente en modo profesional

Cuando habla, Dan suena a lo que es: un júnior que vive como profesional, pero que aún se reconoce adolescente. Atiende a la prensa después de una clase de manejo, en una breve escala en Israel antes de volar a Maryland para el programa de desarrollo de Grand Slam de la International Tennis Federation, en el Junior Tennis Champions Center de College Park, cerca de Washington DC. Pocos israelíes han sido elegidos para este grupo.

Su vida académica va a contramano del calendario escolar. Estudia solo, en hoteles y aeropuertos, y solo pisa el colegio en Israel para hacer exámenes. Admite, con cierta timidez, que su madre “es bastante inteligente” y le ayuda con matemáticas y otras asignaturas.

Cuando puede, se comporta como cualquier chico de su edad: juega al baloncesto, pasa tiempo con su familia y con amigos que, según cuenta, lo tratan “igual que antes”, aunque ahora lo vean por televisión.

También ha tejido amistades con compañeros de circuito de distintos países. No relata incidentes antisemitas; algunos jugadores le preguntan por la situación en Israel y, dice, escuchan y tratan de entender.

En la pista se define como un jugador sólido, un “counter-puncher”, más reactivo que agresivo. Sabe lo que le falta: atacar más, subir la velocidad del saque. Se ve como un tipo concentrado y tranquilo. Le gusta jugar en hierba, un lujo poco frecuente en el circuito júnior. Y admira a Novak Djokovic, al que destaca por su mentalidad y su foco absoluto en cada punto.

Fama creciente, carácter intacto

Mientras los resultados se acumulan, la figura de Brand empieza a hacerse conocida. Sus compañeros de clase ya lo ven en televisión, ya oyen hablar de él. Shai, sin embargo, celebra sobre todo otra cosa: que su hijo siga siendo humilde.

Cuenta que Dan juega y conversa con todos, que es tímido, que no se le ha subido nada a la cabeza. Y confiesa que le emociona escuchar, en cada club al que llegan, la misma frase: “Dan es increíble”. Para él, eso vale incluso más que los títulos.

No significa que los trofeos no importen. Uno de los que guarda con más orgullo es la victoria de Dan por 6-3, 6-2 sobre Jordan Lee en la final del J300 Charleroi-Marcinelle/Astrid Bowl Charleroi Belgian International Championships, en mayo. Lee es el número 8 del mundo júnior y acaba de ganar Wimbledon. Ese resultado, en silencio, pesó mucho en el circuito.

Entre el servicio militar y el sueño americano

El éxito tiene consecuencias fuera de la pista. Universidades estadounidenses ya han empezado a mostrar interés. Shai explica que su hijo podría recibir el estatus de “ilui” del ejército, una categoría de “prodigio” que va más allá del de “sportai mitstayen” (atleta destacado) que se otorga a otros deportistas de élite.

Los “sportaim mitstaynim” suelen realizar trabajos de oficina en las Fuerzas de Defensa de Israel, con horarios flexibles para seguir entrenando. Los “iluim” pueden quedar exentos, al considerarse que sirven al país de otra manera, como embajadores deportivos. Shai, que recuerda que tanto él como su padre fueron soldados de combate, está convencido de que Dan acabará sirviendo en el ejército en algún momento.

No oculta el clima tenso tras el 7 de octubre. Percibe que “la gente te da la espalda” con más facilidad. Dan ha contactado con algunos jugadores europeos para formar pareja de dobles y no ha recibido respuesta. En cambio, jugadores de Estados Unidos, Sudamérica y Asia se han mostrado abiertos y amables con el joven israelí.

Aun así, Dan sigue compitiendo con la bandera de Israel en el pecho. Su padre sabe lo que significa: “un chico con una bandera [de Israel]” es casi un blanco. Incluso tuvo la opción de jugar por Alemania, gracias al pasaporte alemán que posee por parte de su abuelo materno. Habría recibido más apoyo económico. Pero Dan rechazó la idea. Quería hacerlo “por el camino difícil”.

El próximo salto: US Open

El siguiente capítulo se escribe en Estados Unidos. Antes del US Open, Brand participa en el programa de desarrollo de Grand Slam de la ITF en Maryland. Mansdorf no podrá acompañarlo en Nueva York, pero Dan no estará solo.

A su lado estarán Shai y Danny Perekalsky, director ejecutivo de la Israel Tennis Association. Perekalsky destaca tanto los resultados como la forma de conseguirlos: la mentalidad, el comportamiento dentro y fuera de la pista, la manera elegante con la que representa a Israel.

Recita algunos hitos recientes: títulos en Tailandia y Bélgica, y los puntos ATP sumados en el ITF M15 de Astana, Kazajistán, a principios de agosto, donde llegó a octavos de final y derrotó al también israelí Oren Shimanov por 6-3, 4-6, 7-5. Para él, el salto de Brand en los últimos seis meses ha sido enorme.

La ITA lo respalda económicamente, junto a patrocinadores como Rav Bariach, empresa israelí de puertas de seguridad y sistemas de cierre. Brand también trabaja en el Wingate Institute de Netanya, el centro nacional de educación física y deporte. “Ahora está bajo su cuidado”, dice Shai. “Yo solo lo cuido como padre”.

Perekalsky reparte elogios: a Dan, a su familia, a Mansdorf. Sostiene que no es casualidad que los resultados hayan llegado con tanta fuerza en tan poco tiempo. Y se atreve con una predicción ambiciosa: ve a Brand dentro del top 10 júnior en enero, si todo marcha según lo previsto, cuando los jugadores de 18 años abandonen la categoría y se abra espacio en la parte alta del ranking.

Israel, mientras tanto, espera. Necesita una nueva figura de la que presumir en el tenis. Perekalsky lo resume con una frase que encierra tanto ilusión como exigencia: el país está orgulloso de Dan, pero sabe que esto “solo es el comienzo”. La pregunta es cuánto está dispuesto a crecer este chico de Kfar Saba que eligió el camino difícil y ahora mira de frente a los grandes escenarios del mundo.