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Eddie Howe: ¿El técnico ideal para Manchester United?

Cuando Sir Jim Ratcliffe entró en el accionariado de Manchester United en 2024, el relato se escribió casi solo: reconstruir el club alrededor de un núcleo británico, recuperar una identidad que se sentía diluida tras una década de bandazos.

Un año después, el plan ya no parece tan sencillo.

Michael Carrick, primer técnico británico nombrado de forma permanente en la era Ineos, está atrapado en una temporada que se le ha ido torciendo semana a semana. El proyecto se ha llenado de dudas, el juego no despega y el ruido alrededor del banquillo crece. Si no logra frenar la caída, su puesto está en el aire. Y ahí aparece un nombre que divide a Old Trafford: Eddie Howe.

Howe, el técnico que mejora futbolistas

Que Howe figure en la lista de candidatos para uno de los cargos más expuestos del fútbol mundial no sorprende a nadie dentro del gremio. Quienes han trabajado con él repiten el mismo retrato: un entrenador obsesivo en el día a día, que exprime cada sesión de entrenamiento y que ha hecho de la mejora individual de sus jugadores su marca registrada.

No se trata solo de pizarras o de sistemas. Le reconocen, sobre todo, una fe innegociable en la construcción de una cultura ganadora, en la forma de entrenar, de competir, de comportarse. Esa palabra tan manoseada —“metodología”— en su caso se traduce en hábitos, exigencia y una idea clara de cómo debe funcionar un vestuario.

Se le achaca, eso sí, no haber dirigido nunca a uno de los llamados “big six” tradicionales. Pero el cuerpo de trabajo que deja en Bournemouth y Newcastle pesa. Y mucho.

De salvar al Bournemouth a devolver títulos al Newcastle

La historia de Howe en los banquillos arranca en enero de 2009, cuando asume un Bournemouth hundido y amenazado por el descenso a la Conference desde la League Two. Desde ahí, paso a paso, lo lleva hasta la Premier League en 2015.

No se limita a ascender. Consigue asentar al club en la élite inglesa, convierte a los Cherries en un equipo reconocible y competitivo, y cierra su segunda etapa en 2020 con la sensación de haber exprimido al máximo los recursos de una entidad modesta.

En 2021 llega el salto a Newcastle. Hereda un equipo en apuros, mirando de reojo al descenso. Lo transforma en un proyecto europeo: lo saca de la zona baja, lo lleva a clasificarse para la Champions League en dos ocasiones y, en 2025, levanta la EFL Cup, el primer trofeo del club en 56 años.

Ese es el currículum que ahora se pone sobre la mesa en Manchester. Pero dirigir al United es otra dimensión.

Escepticismo en Old Trafford

El nombre de Howe no ha aterrizado en un terreno neutro. Una parte de la afición ha reaccionado con frialdad, cuando no con rechazo abierto. En redes sociales se repite la misma idea: no es “lo bastante grande” para un banquillo como el de Old Trafford, no encaja con la imagen de un club acostumbrado a nombres de impacto global.

Algunos exjugadores tampoco se han lanzado a apoyarle con entusiasmo. Paul Scholes y Nicky Butt, en su podcast, evitaron un respaldo rotundo, pese a que en enero sí habían hablado de forma positiva sobre una hipotética llegada del técnico de 48 años cuando Ruben Amorim fue despedido.

El contrapunto lo ponen otras voces con peso en la historia reciente del club y de la Premier League. El ex capitán Roy Keane se ha mostrado a favor de Howe como posible sustituto de Carrick. Darren Bent, Gareth Barry y Jack Wilshere también le han señalado públicamente como “el hombre adecuado” para el puesto.

Como siempre ocurre en torno a Manchester United, hay argumentos para todos los gustos. El ruido es constante. La decisión, sin embargo, recaerá en un círculo muy reducido.

Berrada, Wilcox, Vivell… y la factura

El primer paso ni siquiera es Howe. Es Carrick.

El partido del sábado ante Chelsea puede pesar mucho en la hoja de ruta. Si el equipo no reacciona y el club decide cortar por lo sano, el coste será inmediato: habrá que liquidar al exentrenador del Middlesbrough y a su cuerpo técnico antes de pensar en el siguiente inquilino del banquillo.

Ahí entra la cuestión económica con Howe. Los detalles del acuerdo que firmó con Newcastle cuando salió el pasado verano son confidenciales, pero varias fuentes coinciden en un punto clave: cualquier club o selección que quiera contratarle ahora mismo debe pagar una compensación de siete cifras a los Magpies.

Newcastle blindó su posición para evitar que Howe saliera gratis hacia otro proyecto de élite. El pacto establece una estructura de compensación decreciente con el tiempo. La cifra inicial rondaba los 6 millones de libras y ya se ha reducido a la mitad.

Es decir, hoy el coste máximo sería de unos 3 millones de libras. Y ese pago tiene fecha de caducidad: antes de que termine la temporada. A partir de ese momento, el técnico podría firmar sin que nadie tuviera que abonar compensación alguna.

En un mercado acostumbrado a cantidades astronómicas, 3 millones no parecen un muro infranqueable. Pero el contexto de United es particular. El club ha quemado dinero en fichajes fallidos y en despidos de entrenadores durante años. No extraña que Omar Berrada, director ejecutivo, y Jason Wilcox, director de fútbol, miren con lupa cada libra.

Dos caminos: Howe o Nagelsmann

En lo deportivo, el debate interno ya está abierto. Jason Wilcox ve en Howe el perfil ideal: un entrenador de 48 años, británico, con experiencia en construir proyectos, acostumbrado a mejorar plantillas sin despilfarrar.

Christopher Vivell, director de reclutamiento, mira en otra dirección. Prefiere a Julian Nagelsmann, exentrenador de Bayern Munich y de la selección de Alemania, un técnico con una reputación forjada en la élite continental y una imagen más alineada con el concepto de “gran nombre” que parte de la grada reclama.

Ambas recomendaciones llegarán a la mesa de Berrada. Y por encima de él se alzará el último filtro: Sir Jim Ratcliffe, minoritario pero influyente, y los copresidentes Joel y Avram Glazer. Ellos tendrán la palabra definitiva sobre qué tipo de United quieren construir.

Porque la elección de Howe —o su descarte— será algo más que un simple cambio de entrenador. Marcará la dirección del proyecto.

Desconfianza estructural y una plantilla de seis entrenadores

La resistencia a Howe no nace solo de sus méritos o de su palmarés. Hay un malestar más profundo.

El ambiente en Old Trafford es de desilusión con casi todas las decisiones deportivas tomadas desde que Ratcliffe compró su participación minoritaria a comienzos de 2024. El club ha respaldado, uno tras otro, a Erik ten Hag, Ruben Amorim y Michael Carrick. Ninguno ha logrado devolver una sensación de estabilidad duradera.

Muchos aficionados sostienen que ningún entrenador puede triunfar mientras la estructura siga como está. Lo que se encuentra cualquier técnico al llegar es una plantilla armada por seis entrenadores permanentes distintos, cada uno con estilos, prioridades y mercados muy diferentes. Un rompecabezas caro y desequilibrado que exige algo más que un buen gestor de partidos: requiere un constructor paciente, con una idea firme y tiempo para aplicarla.

Ahí es donde el nombre de Howe encaja con fuerza… y choca con las urgencias del entorno. Su carrera habla de proyectos de largo recorrido, de construir desde abajo, de imponer hábitos. La pregunta es si Manchester United, con su calendario, su presión y su ruido constante, está preparado para ese tipo de apuesta.

La respuesta, para bien o para mal, definirá mucho más que el próximo verano en Old Trafford. Definirá qué quiere ser este club en la próxima década.