El efecto Alexia en London City: negocio y mentalidad
Martin Semmens se deja caer en la silla de su despacho en Hayes Lane con la sonrisa de quien sabe que está sentado sobre una mina de oro. No ha pasado ni una semana desde que Alexia Putellas levantó el Ballon d’Or el lunes y la cuenta de Instagram del club ya ha acumulado 34 millones de impactos. Es jueves por la tarde. El dato le sale casi solo de la boca, como quien presume de marcador al descanso.
El domingo, el pequeño e independiente London City Lionesses recibirá a Manchester City en Bromley. Sobre el césped, siete de las 30 mejores futbolistas del mundo según la clasificación del Ballon d’Or. Para la Women’s Super League, un escaparate de lujo. Para Semmens, “awesome for the WSL”. Y para el proyecto de Michele Kang, la confirmación de que el plan va muy en serio.
El efecto Alexia: negocio, mentalidad y marca
Hace dos años y medio, London City merodeaba por la zona media de la segunda categoría. Hoy es tercero en la élite inglesa. La diferencia no es solo futbolística. Es de mentalidad. Y en esa transformación, el fichaje de la mejor jugadora del mundo actúa como epicentro.
“El impacto de Alexia en nuestro negocio comercial es extraordinario”, admite Semmens. No habla solo de camisetas. Habla de ambición. “Desde el punto de vista del liderazgo, nos permite empezar a pensar en ganar de verdad. El ambiente hoy es el de un club que siente que puede ganar a Man City el domingo, y eso se debe en gran parte a ella”.
Putellas llega con un palmarés que intimida: campeona del mundo con España, cuatro veces campeona de Europa con Barcelona. Pero llega, sobre todo, con una marca global. Sus 3,7 millones de seguidores en Instagram superan a clubes masculinos del tamaño de Porto. Ese tirón ha sido clave para cerrar lo que London City presenta como el mayor acuerdo de patrocinio frontal de camiseta en la historia del fútbol femenino, con Nike, por encima de los 4 millones de dólares anuales del nuevo franquiciado de la NWSL Atlanta.
“Es increíblemente grande”, resume Semmens. Y ahí se ve la filosofía del club. Nada de esperar sentados. “Nuestra visión fue invertir primero, invertir en todo para hacerlo espectacular, y luego el acuerdo comercial será grande. La otra manera, la de ‘crezcamos despacio, esperemos a que llegue el dinero’, no va con nosotros. Michele dijo: ‘Voy a invertir ahora para demostrar que podemos traer estos acuerdos’”.
Ese contrato, insiste, es la bisagra del proyecto: “Nos permite dar el siguiente paso, seguir invirtiendo en jugadoras e infraestructuras. Sin él, solo estaríamos quemando el dinero de Michele, y ese no es el plan”.
De Barcelona a Londres: por qué Alexia dijo sí
Con ese contexto, atraer a una futbolista que llevaba 14 años en Barcelona parecía una quimera. Semmens, ex director ejecutivo de Southampton, recuerda el primer mensaje con naturalidad: “La conversación fue: ‘Espera a que termine de ganar una Champions League con Barcelona y luego hablamos’, lo cual nos encantó y respetamos, pero siempre sentimos que acabaría viniendo”.
¿Qué la convenció? Semmens habla de “cuatro o cinco cosas clave”. La primera, el modelo: un club independiente, “women’s-first”, construido alrededor del fútbol femenino, no como apéndice de una estructura masculina. La segunda, Londres. La ciudad como imán, como plataforma global. La tercera, la propia WSL, percibida en el entorno de la élite como la gran marca en expansión del fútbol femenino.
Y luego está Kang. “Michele tuvo un impacto increíble en su decisión”, reconoce. Alexia se lo dijo directamente: “‘Ella me dijo que iba a hacer todo esto y lo ha hecho. Quiero formar parte de eso’”. En el paquete, un elemento que la jugadora valora de forma especial: la idea de legado. No solo competir hoy, sino “hacer crecer este club hasta el punto de crear un camino para las próximas jóvenes jugadoras en Londres”.
Dinero, pérdidas y el límite salarial
Ese crecimiento acelerado también levanta cejas. El resto de la liga miró con recelo cuando London City cerró la temporada 2024-25, la del ascenso como campeón de segunda categoría, con unas pérdidas operativas más de diez veces superiores a sus ingresos. Una apuesta agresiva. Un riesgo calculado. Y una pregunta inevitable: ¿es sostenible?
La WSL ha respondido con reglas. Desde esta campaña, ningún club puede destinar a salarios de jugadoras más del 80% de sus ingresos, más hasta 4 millones de libras o un 25% adicional de los mismos, lo que sea mayor. El curso pasado, cuando London City acabó sexto, el reglamento ya incluía ese límite, pero sin sanciones deportivas: una especie de año cero. Ahora hay algo más serio sobre la mesa: posibles deducciones de puntos.
Ahí encaja la urgencia por disparar los ingresos comerciales. Semmens, sin embargo, se muestra tajante: “Estamos al 100% dentro de las reglas, siempre lo estaremos. Es fundamental para Michele”. El objetivo, dice, es alcanzar la rentabilidad en un plazo de cinco años. Lo que se ha visto hasta ahora, lo define como un “fondo de arranque”, un empujón inicial propio de una start-up.
“El reglamento del límite salarial se diseñó con el entendimiento claro de que no se aplicaría hasta este año. El manual es clarísimo”, subraya. Quiere ver más inversión en el fútbol femenino, no menos. Le preocupa cualquier cosa que pueda frenar el dinero “bueno y positivo”, pero acepta que hacen falta normas. “Somos súper transparentes. Podemos tranquilizar a la afición: somos viables, sostenibles, y hemos hecho inversiones serias en los últimos dos años para ser rentables y exitosos en el futuro”.
El rompecabezas europeo: Kang, Lyon y la Champions
Hay otro frente abierto. Si London City mantiene el ritmo y se cuela entre los tres primeros, la clasificación para la Women’s Champions League planteará un dilema. Michele Kang también es propietaria de OL Lyonnais, el gigante de ocho Copas de Europa. Y ahí aparece el muro de la normativa de multi-propiedad de Uefa.
Semmens no rehúye el tema. “Al cien por cien, se puede resolver”, asegura. La tesis del club es clara: el fútbol femenino necesita inversión, incluso de los mismos grupos en varios proyectos. “Seguiremos defendiendo que se pueda invertir en múltiples clubes para acelerar el crecimiento del juego femenino”.
Su argumento se distancia del modelo masculino. “No se trata de intercambiar jugadoras como en el fútbol masculino. No se trata de que un club domine y el otro sea un filial. Es un modelo distinto”. Aun así, aceptan el marco. “Entendemos y respetamos las reglas. Nos organizaremos de forma que podamos competir en Europa juntos y dentro de lo permitido”.
Semmens se agarra a los precedentes del fútbol masculino y a las fórmulas que ya se han encontrado allí para que varios clubes bajo un mismo paraguas compitan en Europa. “Hay reglas claras, precedentes claros y cosas claras que se pueden hacer para que ambos equipos florezcan. Somos plenamente conscientes de ello y cumpliremos las normas”.
El partido que lo resume todo
Mientras tanto, el presente aprieta. London City está a tres puntos de Chelsea y Manchester City. Semmens no se esconde: la meta es “construir una plantilla que esté de forma constante entre los tres primeros”. No habla de sorpresa, habla de permanencia en la élite.
El domingo, Hayes Lane será un termómetro perfecto. Un club independiente, financiado por la visión agresiva de una empresaria y liderado en el césped por la vigente Ballon d’Or, frente a uno de los gigantes estructurados del fútbol inglés. Dos modelos. Un mismo objetivo: dominar la nueva geografía del fútbol femenino.
Semmens mira al cartel del partido con una mezcla de orgullo y hambre. “Probablemente sea el partido número uno del fútbol femenino mundial este fin de semana”, afirma. Eso, exactamente eso, es lo que buscaban cuando decidieron pisar el acelerador: estar en el mapa.
El domingo, en Bromley, se verá hasta qué punto están preparados para quedarse en él.




