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El ascenso de Elena Rybakina y la caída de Aryna Sabalenka

En una esquina de la pista de entrenamiento, Aryna Sabalenka se detuvo un segundo. La raqueta en la mano, el gesto congelado. La mirada, clavada en lo que ocurría en Arthur Ashe Stadium, quizá en una pantalla cercana. Un instante de decepción en el rostro, casi imperceptible, antes de girarse y volver al trabajo.

La amenaza llevaba tiempo creciendo. El ascenso de Elena Rybakina no fue un estallido repentino, sino una marea que subía mes a mes. Cerró 2025 derrotando a Sabalenka en la final del WTA Finals Riyadh. Semanas después, en Melbourne, remontó un 0-3 en el set definitivo para volver a ganarle y llevarse el título del Australian Open. El mensaje estaba enviado.

De la duda física al dominio en Nueva York

Camino de Nueva York, la kazaja de 27 años llegaba lanzada: final en Montreal y la lucha por el número 1 otra vez abierta. Pero en Cincinnati todo pareció tambalearse. Problemas en el tobillo izquierdo y en el tendón del talón, una lesión que ella misma definió como “crónica en el pie”, la obligaron a retirarse en cuartos de final. Su participación en el US Open quedó en el aire.

No confirmó que jugaría en Flushing Meadows hasta el último momento. Y, cuando por fin aterrizó en Nueva York, ya no hubo marcha atrás.

Entró en el torneo como si nunca hubiera dudado. No perdió un solo set en la primera semana. Su victoria aplastante ante Naomi Osaka en octavos hizo que todo el cuadro tomara nota: siete saques directos, un 87% de puntos ganados con el primer servicio. Un aviso en toda regla.

Sabalenka lo veía todo.

Preguntada por la prensa por el escenario del ranking, con Rybakina recortando puntos a toda velocidad, la bielorrusa intentó apartar el ruido.

“Lo separo completamente, porque es solo adivinar. Es como si, si, si, si. Solo intento sacar mi mejor tenis cada vez que compito ahí fuera y básicamente luchar por ello”, dijo tras meterse en cuartos.

Cuando el cambio en lo más alto se hizo oficial, la respuesta fue mucho más seca, casi desafiante.

“¡No me importa!”

Remató la idea dejando claro su orden de prioridades: prefería levantar el trofeo del US Open antes que conservar el número 1 del mundo.

El asalto al trono

Mientras tanto, Rybakina seguía acelerando. En semifinales, la campeona del US Open en el pasado, Coco Gauff, se encontró con una pared. Ganó el primer set, pero la campeona vigente del Australian Open le dio la vuelta al partido en tres mangas y se metió en su primera final en Nueva York.

Y entonces llegó el turno de Sabalenka.

La bielorrusa partía como favorita. No perdía en Arthur Ashe Stadium desde hacía dos años. Tenía ante sí la oportunidad de entrar en un club casi privado: convertirse en la tercera mujer de la historia en ganar el US Open tres veces consecutivas.

La noche, sin embargo, tenía otro guion. Y el escenario terminó perteneciendo a Rybakina.

Su triunfo por 6-4, 5-7 y 6-2, en 2 horas y 21 minutos, reflejó un duelo de poder, nervios y resistencia. En su primera final en Flushing Meadows, Rybakina rompió el saque para adelantarse 3-2 en el set inicial pese a un dato demoledor: solo metió el 27% de sus primeros servicios. Lo compensó a base de golpes planos, profundos, que empujaron a Sabalenka hacia atrás.

En la segunda manga, el saque volvió a su sitio: 61% de primeros. Parecía el preludio del cierre. Pero el partido se tensó. Rybakina dispuso de dos bolas de ruptura que no pudo aprovechar. Salvó dos puntos de set para sostenerse 5-5, resistiendo el empuje. Dos juegos después, Sabalenka encontró por fin el quiebre y equilibró la final.

El momento parecía inclinarse hacia la campeona saliente. Ahí, Rybakina volvió a apretar los dientes.

En el set definitivo recuperó el mando con frialdad quirúrgica. Rompió para 2-1, volvió a quebrar para 5-2 rematando el punto en la red con una volea ganadora y, unos puntos después, cerró el título con su duodécimo saque directo, calcando el modo en que había sellado el campeonato del Australian Open ocho meses antes.

No fue solo un título. Fue la coronación de la mejor temporada de Grand Slam de su carrera. Rybakina se convirtió en la primera jugadora en vencer al número 1 del mundo en dos finales de Grand Slam en el mismo año desde 1995, cuando Steffi Graf derrotó a Arantxa Sánchez-Vicario en Roland Garros y a Monica Seles en el US Open.

El lunes, cuando la WTA publique su nueva clasificación, su nombre aparecerá en la cima. Será la 30ª mujer en alcanzar el número 1 del mundo en la Era Abierta. Un dato frío para un ascenso que ha tenido algo de imparable.

Sabalenka, del trono al desafío

Para Sabalenka, las 72 horas más duras de su temporada. Primero, el número 1. Después, el título del US Open.

Se marcha de 2026 sin un solo Grand Slam, algo que no le ocurría desde 2022. En la pista, la derrota dejó cicatriz: frustración, raqueta destrozada, tensión con un cámara, lágrimas contenidas. La imagen de una campeona despojada de todo en cuestión de días.

Fuera de la pista, el discurso cambió de tono. No hubo rendición, sino una promesa velada.

“No sé ni cuántas semanas fui capaz de estar ahí, pero fue increíble. Vamos a ver si Elena puede superarme en eso. Si sigue jugando así, estoy en problemas”.

La frase suena a advertencia y a reto a la vez. Rybakina ya está en la cima. Sabalenka, herida pero desafiante, ha señalado su próximo objetivo: recuperar un trono que ahora tiene nueva dueña y que, a partir de este US Open, ya no parece pertenecer a nadie de forma permanente.