Elena Rybakina conquista su primer US Open
Elena Rybakina no solo ganó un título. Firmó una declaración de poder. La kazaja se impuso a Aryna Sabalenka por 6-4, 5-7 y 6-2 y levantó su primer trofeo del US Open, acercándose a un logro reservado a las leyendas: el Grand Slam de carrera.
Llegaba a Nueva York sabiendo que el lunes sería la nueva número 1 del mundo, desbancando precisamente a Sabalenka. Se marchará con algo mucho más pesado que un número en el ranking: el trofeo que la bielorrusa había defendido con éxito durante dos años seguidos en Flushing Meadows. El cambio de mando dejó de ser una teoría para convertirse en una imagen nítida en la Arthur Ashe.
“Es difícil encontrar palabras ahora mismo, honestamente. No esperaba nada así al venir a este torneo. He estado lidiando con una pequeña lesión, pero de alguna manera todo se alineó de mi lado”, reconoció Rybakina, todavía con la adrenalina corriendo, mientras sostenía el trofeo.
La racha de Sabalenka se rompe donde parecía intocable
Sabalenka aterrizaba en la final con una cifra que imponía respeto: 19 victorias consecutivas en el US Open. No perdía en Nueva York desde aquella final de 2023 ante Coco Gauff. Buscaba algo mayúsculo, convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams (2012-2014) en encadenar tres coronas seguidas en Flushing Meadows.
Esta vez, el muro cedió.
“Realmente me he sentido como en casa aquí y no puedo esperar para volver el año que viene. Ojalá hubiera podido jugar un poco mejor, pero supongo que será el próximo año”, dijo Sabalenka, consciente de que dejó escapar una oportunidad histórica pero también de que este escenario la sigue abrazando.
El duelo tenía aroma grande desde el sorteo. Era apenas la tercera final del US Open femenino desde el año 2000 entre las cabezas de serie 1 y 2. Las otras dos se inclinaron del lado de Serena Williams, ante Venus en 2002 y frente a Victoria Azarenka en 2013. Esta vez, la número 2 rompió la tendencia.
Un pulso de poder, ajustes y nervios
La final fue un choque frontal entre dos de los golpes más intimidantes del circuito. Rybakina ya había golpeado primero este año en pista dura: se llevó el título del Australian Open derrotando también allí a Sabalenka, en Melbourne Park. La bielorrusa, sin embargo, había respondido durante la temporada con triunfos sobre la kazaja en Indian Wells y Miami, ambos también en cemento, para tomar ventaja 10-8 en el cara a cara.
En Nueva York, el guion cambió cuando más contaba.
Rybakina se llevó el primer set 6-4, manejando mejor los momentos de presión y castigando cada segundo servicio corto de Sabalenka. La bielorrusa, lejos de rendirse, apretó los dientes en el segundo parcial. Subió la agresividad, ajustó las direcciones al resto y acabó forzando el tercer set con un 7-5 que mantenía viva su racha y el ambiente eléctrico.
El partido se movía entonces en la frontera entre la épica y el derrumbe emocional. Y ahí apareció la frialdad de Rybakina.
La kazaja arrancó el tercer set con una oportunidad de quiebre y la tiró fuera con un revés ancho. Gesto de frustración, mirada al cielo. Parecía un punto que podía pesar. No fue así. Lejos de hundirse, se recompuso, ajustó el margen de seguridad en sus golpes y, a partir de ahí, tomó el control definitivo del duelo. El 6-2 final reflejó una superioridad clara en los intercambios largos y una gestión impecable de los nervios.
De Wimbledon al asalto al Grand Slam de carrera
Nacida en Rusia pero representante de Kazajistán, Rybakina ha construido su historia grande a base de golpes secos y silencios elocuentes. Se estrenó en la élite de los Grand Slams con su título en Wimbledon 2022. Este año añadió el Australian Open. Ahora, el US Open. Le falta solo Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera a sus 27 años.
La ecuación es simple y brutal: un título más en París y entrará en un club al que solo acceden las jugadoras que definen épocas.
El contexto hace todavía más simbólica esta victoria. Rybakina no solo arrebató el número 1 a Sabalenka. Le quitó también el torneo que la bielorrusa había convertido en su territorio privado durante dos temporadas. En el mismo escenario, sobre la misma superficie, con el mismo trofeo en juego.
El relevo en la cima del ranking ya estaba escrito en las matemáticas. En la Arthur Ashe, Rybakina lo subrayó con tinta indeleble.
Mientras tanto, el torneo mira ya al desenlace masculino: el estadounidense Ben Shelton se enfrentará al alemán Alexander Zverev en la final del domingo. Pero, en el cuadro femenino, la pregunta ya está lanzada: ¿será este US Open el punto de partida de la era Rybakina o solo el siguiente capítulo de una rivalidad que puede marcar la década?




