Elena Rybakina conquista su primer US Open
Elena Rybakina ya tiene su US Open. Y lo conquistó a su manera: a golpes limpios, con temple de número uno y derribando a Aryna Sabalenka en una final de alto voltaje que cerró con 6-4, 5-7 y 6-2.
La kazaja, que hace apenas unos días había desbancado a la bielorrusa del número uno de la WTA, confirmó en Nueva York que el ranking no es un accidente. Es la nueva referencia del circuito. Tres Grand Slams lo sostienen: Wimbledon 2022, Australian Open este mismo año y ahora el título en Flushing Meadows.
De la cuarta ronda a la cima de Nueva York
Hasta esta edición, el techo de Rybakina en el US Open era discreto: cuarta ronda. Nada que ver con la jugadora que se plantó en esta final. Llegó con el peso del mundo sobre la raqueta, sabiendo que estrenaba condición de número uno y que todas las miradas se posaban sobre ella. No se encogió. Ganó el torneo.
Marion Bartoli, campeona de Wimbledon en 2013, no ocultó su admiración por lo que vio. La exjugadora francesa subrayó lo que significa pasar de ese historial modesto en Nueva York a coronarse con el cartel de número uno y bajo una presión feroz. Para Bartoli, el modo en que Rybakina gestionó el escenario fue “absolutamente extraordinario”.
El punto de inflexión, según la francesa, llegó en el arranque del tercer set. Rybakina venía de dejar escapar el segundo parcial tras ceder su saque en el tramo final, un golpe que a muchas jugadoras las habría hundido. Ella hizo justo lo contrario: borró el tropiezo de la memoria y se lanzó hacia adelante.
Un tercer set de campeona
La final se decidió ahí, en esa reacción. Rybakina salió al tercer set como si el segundo no hubiera existido. Sin rastro de dudas. Tomó la iniciativa en los intercambios, dio un paso dentro de la pista y convirtió el servicio de Sabalenka en un objetivo constante.
El asedio surtió efecto. Juego tras juego, la kazaja fue cargando de presión a la bielorrusa, atacando segundos saques, restando profundo, imponiendo su ritmo. La agresividad al resto se convirtió en su mejor defensa. Sabalenka, que tantas veces ha vivido de su potencia, se vio acorralada por una rival que golpeaba igual de fuerte, pero con más control y claridad de ideas.
Bartoli destacó precisamente eso: la capacidad de Rybakina para seguir avanzando, siempre hacia adelante, sin recrearse en los errores. La exnúmero uno francesa se rindió a la pureza de su golpeo: la bola sale de la raqueta de la kazaja con una limpieza que pocas pueden igualar. “Puede hacer cualquier cosa en la pista”, remarcó, convencida de que su abanico de recursos la convierte en una amenaza en cualquier superficie.
Historia en el US Open y un reto pendiente
El título en Nueva York llega, además, con un matiz histórico. En la Era Abierta, Rybakina es la primera campeona del US Open que gana sus partidos de cuartos de final, semifinales y final en tres sets. No es un detalle menor: habla de una jugadora capaz de sufrir, de levantarse, de sostener la intensidad física y mental durante las batallas más largas.
A sus 27 años, se ha instalado ya entre las jugadoras más completas y resistentes del circuito. Su mezcla de potencia, calma competitiva y fondo físico la sitúa en la élite absoluta de la WTA. Cada remontada, cada tercer set ganado en esta gira norteamericana refuerza la sensación de que su techo todavía no se ha visto.
Solo hay una pieza que falta en el puzle: Roland Garros. Con Wimbledon, Australian Open y US Open en el bolsillo, el grande de París es ahora el gran objetivo que se alza en el horizonte. Si algún día levanta la copa en la Philippe Chatrier, cerrará el círculo con un Grand Slam de carrera que muy pocas han logrado.
Por ahora, toca descanso. Después de un verano extenuante y de una conquista que la consagra en el escaparate mundial, Rybakina se ha ganado un respiro lejos de la pista. Cuando vuelva, lo hará como campeona del US Open, número uno del mundo y con una pregunta clara flotando en el circuito: ¿quién la frena ahora?




