Elena Rybakina conquista el US Open 2026 y se convierte en número 1
En el Arthur Ashe Stadium no solo brillaron los focos. También lo hicieron las estrellas que se sentaron en las gradas para ver a Elena Rybakina y Aryna Sabalenka disputar la final femenina del US Open 2026, un duelo que terminó por coronar a una nueva reina en Nueva York.
Rybakina tumba a la campeona y se sienta en el trono
Sobre la pista, el espectáculo fue puro nervio. Rybakina se impuso a la dos veces campeona defensora Sabalenka en tres sets, 6-4, 5-7, 6-2, para conquistar su primer título del US Open. Es su tercer Grand Slam y, sobre todo, el billete definitivo al número 1 del mundo.
Sabalenka, que había convertido el torneo en su territorio en los dos últimos años, resistió como pudo. Forzó el tercer set al llevarse el segundo por 7-5, pero la rusa nacionalizada kazaja apretó el puño cuando más quemaba la raqueta. El 6-2 final retrató el cambio de guardia: la campeona que se va, la nueva líder que llega.
En la ceremonia de trofeos, el círculo se cerró con un guiño a la historia: Maria Sharapova, campeona en Nueva York en 2006, fue la encargada de entregar la copa a Rybakina, justo 20 años después de su propio triunfo en este mismo escenario.
Un palco de Hollywood para una noche de tenis
Mientras la tensión se disparaba en la pista, las cámaras se escapaban una y otra vez hacia las gradas. Allí, el cartel también era de lujo.
Pink siguió el partido entre risas, sentada junto a Amy Adams y Elizabeth Banks. La cantante, de 47 años, apareció con gafas de sol en forma de corazón, cristales rojos y una chaqueta vaquera, un look relajado para una noche cargada de electricidad deportiva. Su presencia llegaba apenas un día después de que respondiera públicamente a las críticas por su postura sobre las actuaciones pro-palestinas de Macklemore y su petición de que fuera retirado de la gira de Ed Sheeran.
Andrew Garfield se dejó ver tanto en la alfombra azul del evento como dentro del estadio. El actor de We Live in Time, de 43 años, optó por la discreción: chaqueta con cremallera azul marino, pantalones a juego y gafas de sol. Nada estridente, todo muy neoyorquino.
En otra zona del estadio, Paris Hilton y su marido Carter Reum siguieron el duelo con atención, mientras Jake Paul acudió acompañado de su prometida, la patinadora Jutta Leerdam. Entre punto y punto, la pareja consultó el móvil, hasta que el youtuber y boxeador rompió la rutina con un beso captado por las cámaras.
Brad Pitt e Ines de Ramon también disfrutaron de la final desde la grada, una aparición más en la larga lista de noches deportivas del actor en Nueva York.
Historia en las gradas: Billie Jean King y Sharapova
No todo eran rostros de cine o música. La historia del tenis también tuvo asiento reservado. Billie Jean King, leyenda absoluta del deporte, se dejó ver en el estadio donde levantó cuatro títulos del US Open. A sus 82 años, la exjugadora que coleccionó 12 coronas de Grand Slam individuales sigue siendo una referencia viva del torneo.
Más tarde, la figura de Sharapova tomó el protagonismo en la ceremonia, subiendo a la pista para entregar el trofeo a Rybakina. Dos generaciones, dos campeonas del US Open, separadas por dos décadas y unidas por el mismo escenario.
Una final con sabor a alfombra roja
El desfile de nombres no se quedó ahí. Andy Cohen se sentó junto a Diplo, una pareja inesperada pero muy comentada en las cámaras internas del estadio. Spike Lee, habitual en las grandes citas deportivas de la ciudad, saludó con entusiasmo al público, fiel a su estilo expansivo.
Marcello Hernández, rostro de Saturday Night Live, también formó parte del ambiente de gala, mientras que Abigail Spencer, Fran Drescher y Tyriq Withers completaron una lista de invitados que convirtió la final femenina en una mezcla perfecta de deporte de élite y cultura pop.
En la víspera de la final masculina —a la que ya acudieron figuras como Matthew McConaughey, Woody Harrelson o Nicole Kidman en semifinales—, la noche del sábado dejó una imagen clara: el US Open sigue siendo mucho más que un torneo. Es el escenario donde el tenis escribe su historia bajo la mirada atenta de Hollywood, y donde, esta vez, Elena Rybakina se marchó con algo más que un título. Se fue con el número 1 y con la sensación de haber conquistado, por fin, la ciudad que nunca se rinde.




