Emilio Gay y su camino hacia Sudáfrica
Emilio Gay no firmó un siglo en Edgbaston. Ni siquiera se quedó cerca. Pero sus 60 carreras ante Pakistán han abierto una puerta muy concreta: la de la gira invernal de Inglaterra por Sudáfrica. Y para Sir Alastair Cook, esa puerta debería permanecer bien abierta.
En un verano inglés en el que la bola ha mandado sin discusión, el zurdo de 26 años ha aprendido a sobrevivir. Sus números brutos no impresionan: 261 carreras, promedio de 26,1. Nada que haga girar cabezas a primera vista. Sin embargo, el contexto lo cambia todo. En seis Tests en casa, solo Ben Duckett ha logrado un siglo. El resto ha tenido que pelear por cada carrera. Gay, más que nadie, ha abrazado esa batalla.
Cook, que sabe mejor que nadie lo que significa abrir para Inglaterra —rozó las 12.000 carreras en ese papel—, ve algo distinto en él. Le gusta el carácter. Le gusta la forma en la que se aferra a su wicket cuando otros se precipitan.
“Creo que Emilio Gay ha jugado realmente bien. Diría que está confiado e intenso”, explicó en Test Match Special. Para Cook, no es solo técnica; es una cuestión de voluntad. “Es claramente un anotador cuando se asienta. Tiene esa tozudez y esa fuerza mental para hacer que cuente cuando puede”.
De ahí su veredicto: ha hecho lo suficiente para estar en el avión a Sudáfrica. Pistas algo más agradecidas para el bate, una oportunidad para consolidar su evolución… y, según el ex capitán, debería abrir la entrada.
Un abridor que sabe decir “no”
Los datos respaldan la impresión. Según CricViz, desde su debut ante New Zealand en junio, Gay ha dejado pasar o defendido el 61% de las bolas rápidas que ha enfrentado. Entre los abridores ingleses en un verano en casa, solo Dom Sibley, en 2020, lo supera con un 68%.
El miércoles, en Edgbaston, esa disciplina volvió a quedar expuesta. En su 60, Gay dejó o defendió 65 envíos. Cook destacó un detalle técnico clave: le gusta lo tarde que defiende la bola, esperando hasta el último instante, con paciencia, antes de liberar sus golpes más agresivos.
Su medio siglo se construyó a fuego lento. Los primeros 12 runs llegaron en 43 bolas. Los siguientes 38, en 52. Sin prisas, sin pánico. Cuando atacó, lo hizo con precisión: nueve fours, y un dato llamativo para un jugador que se está forjando en el cricket Test. El 68% de sus carreras en este formato han llegado en límites, el porcentaje más alto —empatado— entre los bateadores de England con al menos 250 carreras en red ball.
Cook ve en él un repertorio completo. No es un jugador de un solo lado del campo. “Si miras la entrada de Gay, y lo que he visto de él, no persigue demasiado el drive. Espera a que la bola llegue a su zona”, analizó. Suma por detrás del wicket, por el off side, por el leg side, temporizando por mid-wicket. No está encasillado.
Oportunidad perdida, mensaje claro
Michael Vaughan, otro ex capitán de England, también quedó satisfecho con lo que vio. Aunque con un matiz que Gay sentirá muy de cerca.
Para Vaughan, el zurdo “jugó bien”, encontró su equilibrio pronto pese a un inicio duro y luego fluyó. Pero el momento de la salida deja un regusto amargo: arrastró una bola de Razaullah Khan cuando el primer siglo Test parecía a tiro. Un error de concentración, un toque extra de velocidad del lanzador, y la entrada se detuvo en 60.
“Estará realmente decepcionado por salir por 60. Estará desesperado por lograr su primer siglo en Test y pensé que hoy estaba ahí”, apuntó Vaughan. Esa sensación de ocasión perdida acompaña muchas de las grandes carreras en sus primeros pasos. También deja un mensaje: está cerca.
Trabajo, concentración y una gira en el horizonte
En el vestuario, la impresión es similar. Josh Tongue, uno de los seamers de England, subrayó otro aspecto: el trabajo invisible.
“Lo que he visto en Emilio es que entrena muy duro en las redes. Batea durante muchísimo tiempo, mete un montón de trabajo, y eso se ha visto en el campo”, comentó. La semana anterior, en Lord’s, Gay había sufrido dos despidos “horribles”. No se hundió. En Edgbaston, en un pitch incómodo, respondió con una entrada “increíble”, según Tongue.
El propio jugador terminó frustrado. No hay sensación más ingrata para un bateador que “chop on”, arrastrar la bola a los stumps. Pero, más allá del golpe al ego, dejó a su equipo en una posición fuerte para el día siguiente. Y eso, en el cricket Test, pesa.
Cook ya ha emitido su veredicto: Gay debe seguir en el once, debe viajar, debe abrir. Los números no gritan, pero el estilo sí. En un verano dominado por la bola, un abridor que sabe sufrir, que deja, que defiende tarde y que castiga cuando corresponde, es un activo demasiado valioso como para dejarlo en casa.
La siguiente pregunta no es si merece ir a Sudáfrica. Es otra, mucho más incómoda para el resto de aspirantes al puesto: ¿quién se atreve ahora a quitarle el sitio?




