Espanyol se aferra a la victoria en La Cerámica
En una semana convulsa, con cambio en el banquillo y la mirada puesta en un nuevo proyecto, Espanyol encontró algo parecido a un punto de apoyo en el lugar más incómodo posible: el Estadio de la Cerámica. Un cabezazo de Leandro Cabrera y una actuación sobresaliente de Ángel Fortuño sostuvieron un 0-1 de enorme valor ante un Villarreal dominante pero estéril.
En la banda, sin todavía el nuevo jefe, mandaba Sergio García, técnico del filial, convertido por una noche en rostro visible de un equipo en transición. Tres días después del despido de Manolo González y a la espera de la presentación oficial de Eder Sarabia, el conjunto blanquiazul respondió con algo simple y contundente: orden, sacrificio y una pegada mínima, pero suficiente.
Un Espanyol en emergencia, un Villarreal al mando
El duelo abría la jornada de LaLiga y el guion, al menos con balón, fue el esperado. Villarreal acaparó la posesión, marcó el ritmo y encerró durante muchos tramos a Espanyol en su propio campo. Los números lo retratan: 503 pases buenos de los locales por solo 263 de los visitantes, 14 remates contra 5 y un xG de 0,92 frente al 0,26 perico.
Sin embargo, la estadística no mide nervios, ansiedad ni confianza. Y Espanyol llegaba herido. Manolo González se marchó tras 107 partidos oficiales al frente del primer equipo y con un dato demoledor en el campeonato: un solo punto de los últimos 15 en juego. El equipo necesitaba un corte de ritmo, una victoria que limpiara la cabeza antes de que Sarabia tomara el mando real.
El escenario no ayudaba. La Cerámica, un Villarreal acostumbrado a mandar en casa y un inicio que se torció pronto para los amarillos: Gerard Moreno tuvo que abandonar el campo en el minuto 17 por lesión muscular. Iñigo Pérez recurrió a Nicolas Pépé, pero el golpe anímico se notó. Foyth y Diatta ya estaban descartados de antemano. El plan local empezaba a llenarse de remiendos.
Gol anulado, respuesta inmediata
El partido se abrió de verdad tras el descanso. Espanyol creyó adelantarse primero. Roberto Fernández marcó en el minuto 50, pero el VAR entró en escena y enfrió la celebración: el delantero había sujetado a Pau Navarro antes de rematar. Gol anulado, y con él, un alivio que se hacía esperar. Roberto se quedó sin premio, pese a su buen curso liguero, en el que ya suma seis tantos.
Lejos de venirse abajo, el equipo catalán apretó los dientes. Diez minutos después llegó el momento clave. Minuto 60. Bryan Zaragoza encontró el espacio y el tiempo justos para poner un balón medido y Cabrera apareció donde más duele, en el corazón del área, para firmar el 0-1. Un zaguero marcando en campo ajeno, en un partido de máxima presión, con un entrenador interino y un futuro inmediato en el aire. Gol con peso específico.
A partir de ahí, el encuentro cambió de tono. Villarreal redobló su dominio territorial, pero Espanyol ya tenía algo que proteger. Y se agarró a ello con todo.
Fortuño levanta un muro
El marcador explica una parte de la historia; el resto la cuentan los guantes de Ángel Fortuño. El guardameta sostuvo el resultado en los minutos en los que Villarreal más empujó, cuando el área perica se convirtió en un embudo. Su actuación le valió la mejor nota del partido: 8,31. No hizo milagros imposibles, pero sí lo que distingue a los porteros que deciden puntos: no fallar en ninguna.
Cada centro lateral encontraba una respuesta, cada disparo con cierto peligro topaba con su figura bien colocada. Villarreal insistía, movía la pelota de lado a lado, buscaba grietas donde apenas quedaba aire. Espanyol se hizo pequeño, compacto, casi minimalista. Defender, despejar, sufrir. Y esperar que el reloj corriera.
El encuentro fue intenso, pero no bronco. Tres amarillas por bando, ningún expulsado, duelos duros pero dentro de un registro competitivo razonable. Mucha tensión, poca violencia.
Sarabia espera su turno
Mientras todo esto ocurría sobre el césped, el nuevo proyecto miraba desde la distancia. Espanyol había anunciado el miércoles 28 de octubre la llegada de Eder Sarabia como nuevo entrenador. No pudo sentarse en el banquillo de La Cerámica: arrastra una sanción de dos partidos, tal y como informó Ara. Su estreno real se hará esperar.
Sarabia no llega solo. Le acompañará en su cuerpo técnico Álvaro González, viejo conocido de la afición perica, central del club entre 2014 y 2017 antes de su paso por Olympique de Marseille. Un perfil que conoce la casa y el tipo de exigencia que se respira en Cornellà.
Mientras tanto, Sergio García cumplió con creces en un papel incómodo: gestionar un vestuario tocado, en campo grande y ante un rival que venía con más estabilidad. El resultado le da aire a todos.
Clasificación apretada y calendario exigente
El triunfo impulsa a Espanyol hasta la 12.ª posición, con 11 puntos sumados en este arranque de curso. No es una zona cómoda, pero sí un lugar desde el que construir sin la soga inmediata del descenso. Villarreal, pese a la derrota, se mantiene por delante, 10.º con 12 puntos. Un paso en falso, pero no una caída al vacío.
El calendario no concede tregua. Villarreal recibirá a Paris Saint-Germain en Champions League el martes 3 de noviembre, una cita que exigirá mucho más colmillo del mostrado ante Espanyol si quiere competir de tú a tú. Espanyol, por su parte, se reencontrará con su gente en Cornellà el sábado 7 de noviembre ante Deportivo La Coruña, ya con Sarabia más cerca del banquillo y con la obligación de transformar esta victoria en punto de partida, no en simple paréntesis.
Porque la pregunta ya no es solo qué ganó Espanyol en La Cerámica, sino qué hará con este impulso cuando el nuevo proyecto eche realmente a andar.




