Gable Steveson sufre un nocaut histórico en UFC 331
Doce segundos. Eso fue todo.
Gable Steveson entró a su segunda pelea en UFC como claro favorito, arropado por el cartel de prodigio de la lucha olímpica y la etiqueta de futura estrella del peso pesado. Salió de la jaula en silencio, abucheado y con su invicto hecho añicos en tiempo récord.
En el otro lado estaba Sean Sharaf, representante de Santa Ana, California, sin el ruido mediático, sin la maquinaria de hype, pero con una izquierda preparada para cambiarle la noche —y quizá la trayectoria— a Steveson.
La campana sonó en el Crypto.com Arena y el guion duró lo que un pestañeo. Steveson avanzó, Sharaf leyó el movimiento y soltó un gancho de izquierda limpio, directo a la mandíbula del ex destacado luchador universitario de 26 años. El impacto lo descolocó de inmediato. No hubo margen para ajustes ni para recurrir a su lucha. Solo caída y desconcierto.
El cronómetro se detuvo en 12 segundos. Según la transmisión oficial, fue la tercera victoria más rápida en la historia de la división de peso pesado de UFC. Un suspiro, un golpe, un récord.
Sharaf tardó más en asimilar lo que había pasado que en ejecutar la acción decisiva. Caminó por el octágono, incrédulo, empapándose del rugido del público antes de dejarse llevar por el momento. Cuando Joe Rogan tomó el micrófono para la entrevista posterior, el californiano apenas podía contener la emoción.
“Me siento increíble, Joe. Trabajé muy duro… Quiero agradecerles muchísimo por su apoyo”, dijo Sharaf, todavía con la adrenalina a flor de piel, mientras el público respondía con una ovación que ya tenía claro a quién pertenecía la noche.
Del lado de Steveson, la escena fue muy distinta. No esperó al anuncio oficial. No miró al árbitro, no cruzó miradas con su rival. Abandonó la jaula mientras se confirmaba la victoria de Sharaf y se levantaba la mano del ganador. Los abucheos lo acompañaron hasta el túnel.
No era la primera vez en la semana que el público le hacía sentir su rechazo. En la conferencia de prensa pública previa al evento, los fans ya lo habían recibido con una sonora andanada de silbidos y gritos. El ruido no tenía solo que ver con el deporte.
En junio de 2019, cuando formaba parte del equipo de lucha de la Universidad de Minnesota, Steveson fue arrestado bajo sospecha de conducta sexual delictiva. El caso no derivó en cargos penales después de que la fiscalía lo desestimara, pero la sombra del episodio sigue persiguiendo su imagen. Cada aparición pública lo recuerda.
Hasta esta noche, su carrera en MMA avanzaba con paso firme. Llegaba a UFC 331 con un récord de 4-0, incluyendo un nocaut en el primer asalto ante Elisha Ellison en UFC 329, el 11 de julio de 2026. El relato era claro: el campeón de lucha que trasladaba su dominio al octágono, un proyecto de contendiente que solo necesitaba rodaje.
En 12 segundos, ese relato se rompió.
La derrota deja a Steveson con marca de 4-1 y abre interrogantes inmediatos: cómo responderá a su primer nocaut, cuánto afectará esto a su confianza y de qué manera logrará reconectar con una afición que hoy lo mira con desconfianza dentro y fuera de la jaula.
Para Sharaf, en cambio, la noche en Los Ángeles puede marcar un antes y un después. Un gancho de izquierda, un gigante derribado, un registro histórico en la división reina. Hay golpes que valen mucho más que una victoria. Este, en apenas 12 segundos, puede haberle cambiado la carrera.



