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Galway United asegura la permanencia tras empate sin goles con St Patrick’s Athletic

El último partido de liga en casa de la temporada para Galway United no fue una fiesta, pero sí cumplió con lo esencial: la permanencia. Un 0-0 áspero, sin chispa, ante St Patrick’s Athletic bastó para que los Tribesmen certificaran su seguridad en la Premier Division. No hubo fuegos artificiales. Hubo oficio, orden y un rival que manejó la pelota sin encontrar la llave.

Un inicio con amagos, pero sin colmillo

El encuentro arrancó con dos avisos que prometían más de lo que finalmente ofreció el choque. Primero, Aidan Keena encontró un resquicio en el área de Galway, pero su intento careció de precisión. Poco después, Gianfranco Facchineri se asomó al área rival con una oportunidad similar. Mismo desenlace: presencia, sí; peligro real, no.

A partir de ahí, el guion quedó claro. St Pat’s se adueñó del balón, lo movió con paciencia, casi con rutina. Galway se replegó, juntó líneas y esperó su momento a la contra. La tarde, sin embargo, olía a final de curso: Pats llegaba con sus opciones de título prácticamente evaporadas tras los dos últimos partidos, y United ya tenía la salvación encarrilada gracias al triunfo de la semana anterior ante Shamrock Rovers.

El ritmo lo confirmó. Posesiones largas, pocas aceleraciones, nada de vértigo. Más ejercicio de control para los visitantes que un asalto decidido al marcador.

Posesión sin veneno, defensas cómodas

El balón circulaba de rojo y blanco, pero sin filo. La “posesión-drill” de St Pat’s se repetía una y otra vez, sin que de ella nacieran ocasiones claras. Galway aguantaba sin sobresaltos, protegido por un bloque bajo disciplinado, mientras el reloj se comía una primera parte en la que los porteros casi fueron espectadores.

Ni Joseph Anang ni Cunha tuvieron que intervenir con seriedad antes del descanso. Los acercamientos morían en centros imprecisos, remates tímidos o defensas bien plantadas. Para un último partido en casa, el ambiente pedía algo más. El juego, no.

Quien esperara una reacción tras el descanso, un cambio de ritmo, se llevó un chasco rápido. La segunda parte arrancó como terminó la primera: mismo libreto, misma cadencia.

Un segundo tiempo de casi, casi… y nada

Hubo, al menos, algunos destellos aislados que evitaron que el tedio fuera absoluto. Anang tuvo que demostrar reflejos en el tramo inicial del segundo acto, bajando rápido al suelo para desviar un disparo desviado por un defensa que amenazaba con sorprenderle.

La ocasión más clara de Galway llegó poco después y dejó una pregunta en el aire: ¿cómo no entró esa pelota? Ed McCarthy se lanzó en el segundo palo a por un centro que atravesó el área, pero no logró conectar el remate a escasos metros de la portería. Era la jugada que podía haber cambiado el tono de la tarde. Se quedó en lamento.

Con el paso de los minutos, el encuentro se estiró apenas lo justo para ofrecer un par de medias oportunidades más. Stephen Walsh ganó un buen balón aéreo, pero su cabezazo salió desviado. Anthony Olusanya, ya en el tramo final, replicó la escena con otro testarazo que tampoco encontró portería.

El partido pedía un gesto de calidad, una decisión valiente, un error grosero. Algo que rompiera el cero. No llegó. Ni por un lado ni por el otro.

Punto práctico para Galway, frustración silenciosa para St Pat’s

El pitido final certificó lo que el juego venía anunciando: reparto de puntos y sensación de ocasión perdida para St Patrick’s Athletic, que dominó la pelota pero no el área. Galway, en cambio, obtuvo lo que necesitaba. No enamoró, pero aseguró lo que realmente importa a estas alturas: seguir en la élite.

Cunha, protegido por Devitt, Barratt, O’Connor y Facchineri, apenas sufrió. Por delante, el trabajo de Bolger, Hurley y Keohane ayudó a contener las oleadas de posesión rival, mientras McCarthy, Twardek y Walsh intentaban estirar al equipo cuando se abría una ventana al contragolpe. Desde el banquillo, Connolly y Lomboto entraron en los minutos finales para refrescar piernas en las bandas.

St Pat’s, con Anang en portería y una línea de fondo formada por McClelland, Brown, Redmond, Turner y Nugent, monopolizó el esférico, pero ni Forrester, Sheridan, Palmer ni Keena y Edmondson lograron transformar ese dominio en algo tangible. Los cambios de Lennon, Hoare, McHale, Leavy y Olusanya tampoco alteraron el paisaje.

Galway United cerrará la liga visitando a Drogheda United, ya con la tranquilidad de los deberes hechos. St Patrick’s Athletic, por su parte, recibirá a Bohemians con una pregunta incómoda en el aire: ¿cuántas tardes como esta, de control sin colmillo, le han costado pelear de verdad por el título?