Gloucestershire resiste bajo la lluvia con Ahmed y Kishore
En un Emirates Old Trafford gris, húmedo y casi vacío por los chubascos, Lancashire terminó el primer día con una ligera ventaja en un duelo entre colistas que, por momentos, amenazó con romperse del todo… hasta que apareció la resistencia de Gloucestershire.
En la Rothesay County Championship, Division Two, el marcador dice que Gloucestershire cerró en 164-6, con Daz Ahmed en 33* y Sai Kishore en 20* al cierre. Lancashire aún no ha bateado, pero ya se llevó 2 puntos de bonificación, por ninguno de su rival. No parece mucho. En un día cortado por la lluvia, lo es.
Anderson marca el tono desde el primer instante
El juego comenzó a la hora prevista y James Bracey, capitán visitante, eligió batear en condiciones que rozaban lo temerario: nubes bajas, humedad, bola nueva en manos de James Anderson en su casa. La decisión se vio cuestionada en apenas dos entregas.
Segundo balón del partido. Anderson, 44 años, 708 wickets en Test, mismo run-up de siempre. Ed Middleton, improvisado opener, apenas tiene tiempo de asentarse. Edge. Caught behind por 2. Old Trafford despierta.
Pudo ser peor. Joe Phillips ofreció una vida temprana cuando Ben Walkden dejó caer una clara oportunidad en second slip. Un raro error en un anillo de cordón que suele ser implacable. Fue un aviso de lo que se venía: Anderson golpeando el bate sin descanso, pero sin siempre encontrar el premio.
Y entonces llegó la lluvia.
Tras solo siete overs, el cielo se abrió y el juego se detuvo durante todo el resto de la mañana. Cuando volvieron, después del almuerzo, Gloucestershire había sobrevivido, pero solo en el marcador. El dominio era rojo.
Balderson toma el relevo y pasa por delante de Anderson
Si el inicio tuvo sello Anderson, el cuerpo del día llevó la firma de George Balderson. El seamer de Lancashire, discreto pero constante toda la temporada, aprovechó cada resquicio del clima y del balón.
En un pequeño estallido de clase, Balderson golpeó dos veces en tres bolas. Primero, un envío que se metió hacia adentro para batir a Phillips por 8 y destrozar sus stumps. Poco después, Ollie Price, que había trabajado con paciencia hasta 29, encontró el filo y cayó caught behind. De 45-1 a 45-3 en un suspiro.
La presión seguía subiendo. Más chubascos, más interrupciones, más incertidumbre. Cada reanudación parecía un nuevo examen para Gloucestershire. Y Balderson seguía preguntando.
Bracey, capitán y referencia, intentó estabilizar la entrada. Llegó a 21, pero nunca pareció cómodo. La recompensa para Lancashire llegó con una nueva bola que tocó el borde del bate y acabó, otra vez, en las manos del wicketkeeper. 69-4. El riesgo de un colapso total ya no era una amenaza lejana, era el escenario más probable.
Con su tercer wicket, Balderson se colocó en 3-35 en el día y, detalle nada menor, se situó con 47 wickets en el Championship, uno por delante del propio Anderson. No es solo una estadística: es un pequeño cambio simbólico en el ataque de Lancashire, el relevo generacional escrito en números.
Anderson intimida, pero Gloucestershire se aferra
La tarde avanzó a trompicones, con el radar meteorológico marcando casi tanto como el marcador del estadio. Anderson volvió tras el último parón con la familiar mezcla de precisión y amenaza.
Kamran Dhariwal decidió que no iba a dejarse intimidar. Dos fours consecutivos a Anderson para abrir la sesión final. Un gesto de valentía, quizá de osadía. Duró poco.
El veterano ajustó la longitud, la línea, el ángulo. El resultado fue casi un clásico de su repertorio: bola que se va, ligero movimiento, toque, edge, caught behind. Dhariwal, fuera por 20. Otra vez, la sensación de que Anderson podría haber terminado con cuatro o cinco wickets si el cricket fuera un deporte justo con los bowlers.
Su cifra final, 2-33 en 19 overs, no cuenta toda la historia. Batió el bate una y otra vez, forzó errores, sembró dudas. Gloucestershire sobrevivió más que respondió.
Miles Hammond tampoco pudo cambiar el guion. Intentó un single rápido sobre un envío de Anderson, pero Balderson, esta vez en mid-on, firmó un directo perfecto para un run out por 19. 119-6. El peligro de ser eliminados en el primer día, muy real.
Ahmed y Kishore cambian el tono en la luz suave del atardecer
Entonces, con el marcador, el clima y la lógica en contra, Gloucestershire encontró algo que llevaba todo el día buscando: calma.
Tras otro parón por lluvia, el juego regresó bajo una luz más amable, un sol tímido filtrándose entre las nubes de Manchester. En ese escenario, Daz Ahmed y Sai Kishore construyeron la única fase de dominio real para los visitantes.
No fue espectacular. No lo necesitaba. Fue disciplinado, obstinado, casi terco. Ahmed, que terminaría con 33* como top scorer, eligió bien sus golpes, defendió con determinación y se negó a regalar su wicket. A su lado, el spinner indio Kishore, 20* al cierre, ofreció exactamente lo que pedía la situación: un socio fiable, pocos riesgos, mucha concentración.
Entre ambos añadieron 45 para el séptimo wicket, llevando el total de 119-6 a 164-6 al final de la jornada. Ninguna wicket más cayó en ese tramo. La sensación cambió.
Lo que podía haber sido un derrumbe vergonzoso en un duelo entre los dos últimos de la tabla se convirtió en algo distinto: una entrada que, aunque modesta, mantiene a Gloucestershire dentro del partido.
Lancashire sigue con la mano ganadora, con la bola nueva ya gastada y una alineación de bateo lista para salir en un segundo día que, si el clima lo permite, debería definir hacia dónde se inclina este choque de desesperados.
Por ahora, el tablero muestra una ligera ventaja local. La pregunta es si 164-6, con Ahmed y Kishore aún en pie, será el comienzo de una remontada improbable o solo el preludio de otra semana larga para el colista.




