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La historia de Dheeraj Jadhav: un bateador que nunca debutó

En la temporada doméstica india 2003-04 hubo muchos aspirantes a la selección. Pero uno, un zurdo de Maharashtra, se separó del resto con una violencia silenciosa que los números no pudieron disimular. Dheeraj Jadhav sumó 1.245 carreras en solo 15 entradas entre el Ranji Trophy y el Duleep Trophy. Promedio: 103,75. Cinco siglos, tres de ellos dobles. Detrás, a distancia, Hrishikesh Kanitkar con 935. Más atrás, otro zurdo que también tocaba la puerta de India: Gautam Gambhir, con 877.

Las cifras no se quedaron en los libros de estadística. Viajaron con él a África. En el tour de India A a Kenia en 2004, recordado hoy sobre todo como el trampolín que lanzó a MS Dhoni hacia el estrellato internacional, Jadhav se negó a ser un actor secundario. En el triangular de un día, acumuló 257 carreras y guardó su mejor versión para el partido que más pesaba: la final ante Pakistan A.

India A ganó por seis wickets bajo el método Duckworth-Lewis y el premio al Jugador del Partido fue para él. No para Dhoni. No para Gambhir. Para el hombre que casi nadie recuerda cuando se habla de ese tour.

La metamorfosis del “stonewaller”

Nada de esto era inevitable. Cuando debutó en primera clase con Maharashtra en 1999-00, Jadhav no era precisamente un destructor de ataques. Su etiqueta era otra: “stonewaller”, el bateador que se planta, bloquea, sobrevive, pero no necesariamente desborda el marcador. El propio Jadhav reconocería después ese rol. Y también el punto de inflexión.

Durante una pretemporada, cambió el chip. Empezó a trabajar el drive contra los spinners, a buscar el simple con más intención, a convertir el mero hecho de ocupar la crease en una producción real de carreras. No bastaba con resistir. Había que castigar.

El resultado fue una temporada 2003-04 que rozó lo irreal. El único jugador en superar las 1.000 carreras entre Ranji y Duleep, con 1.245 y un promedio por encima de 100. Entre sus tres dobles siglos, él mismo señalaba uno como el más fino: 251 contra Madhya Pradesh en la final del Ranji Plate. No era una entrada vacía de contexto: enfrente estaba un ataque con Narendra Hirwani, que terminaría como co-líder de wickets de la temporada. Ese 251 coronó la campaña que lo empujó definitivamente al radar de India A.

El siguiente examen llegó en Kenia. El tour se suele contar a través del prisma de Dhoni, de sus golpes descomunales y la sensación de inevitabilidad que dejó antes de su debut con India ese mismo año. Gambhir también sumó fuerte. Pero Jadhav se encargó de que la gira no fuera un monólogo de dos nombres.

En la final ante Pakistan A, la calidad del rival era evidente. Misbah-ul-Haq cargó con el bate hasta un 89*, acompañado por nombres como Kamran Akmal y Faisal Iqbal. India A perdió a Gambhir en 24 y a Dhoni en 44. El escenario pedía alguien que no solo aguantara, sino que construyera. Jadhav respondió con esa entrada de 89 que sostuvo todo el andamiaje del chase. Cuando cayó, el partido ya estaba prácticamente cerrado.

El día del 260* y la marca que duró 12 años

Tras el triangular, India A disputó un partido de tres días ante Kenia. Jadhav abrió. Y no se movió de ahí. 386 bolas después, seguía invicto. 260* al momento de la declaración, mientras Dhoni aportaba 78 y Ambati Rayudu 50 a su alrededor. India A se fue hasta 492. Jadhav, literalmente, cargó el bate de principio a fin.

Esa marca se mantuvo más de doce años como la mayor entrada de un indio “carrying his bat” en primera clase, hasta que Samit Gohel la superó con 359* en el Ranji Trophy 2016-17. Para entonces, el nombre de Jadhav ya había empezado a desvanecerse del debate nacional.

Pero en 2004, ignorarlo se hacía complicado. En septiembre, India A se midió a la selección absoluta como preparación para la serie de Tests ante Australia. Enfrente, nada menos que Anil Kumble, Harbhajan Singh, Zaheer Khan e Irfan Pathan afinando puntería. Gambhir hizo duck. Jadhav, 113. Mohammad Kaif, 103*.

Kumble terminó por sacarlo tras 221 bolas, pero el mensaje ya estaba enviado: ante el mejor ataque del país, Jadhav podía no solo sobrevivir, sino mandar. Y sin embargo, la llamada definitiva seguía sin llegar.

La puerta entreabierta… y el asiento que se llevó Gambhir

Todo cambió en Nagpur. O, más bien, todo se rompió. Australia ganó por 342 carreras, selló su primera serie en India en 35 años y dejó al vestuario local en estado de shock. Los selectores reaccionaron con bisturí: fuera Aakash Chopra, Yuvraj Singh, Parthiv Patel y Ajit Agarkar. Dentro, Gambhir, Jadhav, Dinesh Karthik y Shib Shankar Paul para el último Test en Mumbai.

Con Chopra fuera, la vacante como compañero de Virender Sehwag estaba ahí, tangible. Dos zurdos en la lista. Solo un cap disponible.

La elección se inclinó con fuerza hacia Gambhir. Debut en el Wankhede. Tres carreras en su primera entrada, nada que anticipara lo que vendría después: 58 Tests, más de 4.000 carreras, un lugar consolidado en la historia reciente del cricket indio como uno de sus abridores de referencia.

En el otro extremo de esa decisión, Jadhav. El hombre de 1.245 carreras a 103,75 en 2003-04. El de los 260* con India A. El que había torturado a Kumble y compañía en un partido de preparación. Nunca entró en el XI.

El segundo llamado que tampoco bastó

La historia pareció ofrecerle una segunda oportunidad en agosto de 2005. Sachin Tendulkar, convaleciente de una cirugía por su problema crónico en el codo de tenista, decidió que todavía no estaba listo para soportar la exigencia del bateo en Tests. India tenía por delante dos Tests en Zimbabwe. Tendulkar se bajó. Los selectores eligieron a Jadhav como su reemplazo.

Segundo ingreso en un año a un vestuario de Test. Segundo viaje con la maleta llena de ilusión. Pero el contexto volvió a ser despiadado. Sehwag y Gambhir siguieron como pareja de apertura, India ganó ambos partidos y Jadhav regresó a casa sin cap. Otra vez cerca. Otra vez sin cruzar la línea.

El hombre que había promediado 103,75 en su temporada de explosión y que había firmado un 260* con India A había rozado el cricket Test dos veces. Nunca lo jugó.

La larga sombra del “y si…”

Con el paso del tiempo, sus aspiraciones con India se fueron apagando. La frustración también hizo su parte. En 2007, Jadhav dio el salto al Indian Cricket League, la competición rebelde que lo colocó en el lado opuesto de la Board of Control for Cricket in India (BCCI). Cuando llegó la amnistía para los jugadores del ICL, regresó al circuito reconocido y cambió de camiseta: de Maharashtra a Assam.

Lo que vino después es clave para entender su carrera. No fue un bateador que se desmoronó en cuanto la puerta de India se cerró. A los 32 años, en el Ranji Trophy 2011-12, firmó otra campaña descomunal. Con Assam, sumó 704 carreras en apenas cinco partidos. Promedio: 176. Cinco siglos en cinco encuentros. Años después de sus convocatorias a la selección, volvía a dejar números que destacaban incluso en el siempre competitivo ecosistema doméstico indio.

Dheeraj Jadhav nunca tuvo una presentación oficial con el casco de India en un Test. No hay fotos suyas caminando hacia el medio con el himno sonando, ni estadísticas internacionales para sostener debates en las sobremesas. Lo que deja, en cambio, es una pregunta que persiste en cada conversación sobre talentos perdidos: ¿cuántas carreras, cuántas aperturas sólidas, cuántas sesiones dominadas se quedaron en el camino por una decisión de selección, por un timing adverso, por estar en el lugar correcto… un minuto tarde?

La historia de Dheeraj Jadhav: un bateador que nunca debutó