Identidad futbolera: recorrido de un periodista deportivo
Un periodista deportivo que roza ya la década de oficio, con una ruta poco común y un punto de partida cargado de simbolismo: el histórico Tabloid BOLA, donde comenzó en 2017 y al que acompañó hasta su última edición impresa en diciembre de 2018. Desde esa redacción, que marcó a generaciones de aficionados en Indonesia, saltó a nuevas plataformas y formatos sin perder nunca el pulso de la cancha.
Tras BOLA, llegó el turno de GOAL, de colaboraciones como redactor freelance para FIFA y de una etapa clave dentro del departamento de medios de la ASEAN Football Federation (AFF). El trabajo no se limitó al teclado: desde 2017 también se convirtió en una de las voces del fútbol indonesio, narrando partidos en directo jugada a jugada, viviendo cada gol con la misma intensidad que los hinchas al otro lado de la pantalla.
La formación académica, un grado en Historia por la Facultad de Ciencias Culturales de la Universitas Padjadjaran, en Bandung, aporta una mirada distinta: contexto, memoria, raíces. Todo eso se filtra en cada crónica, en cada perfil, en cada entrevista.
Identidad futbolera: mapas, raíces y obsesiones de infancia
Su manera de entender el fútbol nace de la geografía, de la herencia familiar y de una obsesión temprana. Paradójicamente, su padre jugó para un club rival tradicional, pero nueve años de vida en Bandung bastaron para que Persib se convirtiera en un hogar espiritual. El flechazo llegó en 2006, con las atajadas del guardameta tailandés Kosin Hathairattanakool y la constatación, desde dentro, de cómo la gente de la ciudad se adueña del club como si fuera una extensión de su propia identidad.
En el mapa global, el primer gran amor tuvo nombre y apellido: Ronaldo. Y una camiseta: la de Inter Milan. Fueron años de lesiones, de temporadas llenas de promesas que se escapaban por detalles, de finales que nunca terminaban de llegar. Esa mezcla de belleza y frustración terminó por forjar una relación duradera con el club.
Las raíces neerlandesas, con origen en Rotterdam, marcaron el resto. Feyenoord se convirtió en elección natural, casi inevitable. La selección de Países Bajos, en cambio, fue mucho más que una simpatía heredada: fue compañía constante. El Mundial de 2010, con la final como punto culminante; el amistoso de 2013 contra Indonesia visto en directo; las reuniones de Oranje Indonesia para seguir juntos cada partido. Arjen Robben y Giovanni van Bronckhorst quedaron instalados para siempre en el panteón personal.
Un videojuego también dejó huella. Football Manager 2005 abrió una ventana hacia la filosofía de Athletic Bilbao, su apuesta por la identidad y la cantera. A partir de ahí, la admiración por el club vasco se volvió permanente.
Lejos del césped, la brújula deportiva apunta hacia la NBA. Chicago Bulls y Golden State Warriors se ganaron su lealtad a través de figuras que definieron épocas distintas: Michael Jordan, Derrick Rose, Stephen Curry. Distintos estilos, mismo magnetismo.
Especialización y oficio: del dato a la cámara
Su terreno más fértil es el fútbol indonesio. Maneja con soltura los datos de la Liga 1, los transforma en historias y los combina con un enfoque propio para producir piezas singulares. Desde ahí se extiende hacia el resto del Sudeste Asiático y el Este de Asia, con un seguimiento continuo de las ligas de Tailandia, Malasia, Vietnam, Japón y Corea.
No se queda en la crónica escrita. Domina formatos digitales y de redes sociales: creación de videos cortos para plataformas como Instagram, producción de podcasts, elaboración de perfiles de jugadores, reportajes de fondo, retransmisiones en vivo, entrevistas cara a cara y trabajo fotográfico. A eso se suma la capacidad de comunicarse en plusieurs langues, con bases en francés y español que abren más puertas en un entorno cada vez más global.
Viajes, entrevistas y una memoria compartida
El fútbol también se convirtió en excusa perfecta para otra pasión: el mochilero. La combinación de encargos profesionales con viajes independientes permitió perseguir dos objetivos a la vez: contar historias y vivir el camino.
Esa ruta lo llevó a encontrarse con jugadores indonesios repartidos por el mundo, desde distintos puntos del Sudeste Asiático hasta Europa. Países Bajos, Bélgica, Alemania, Francia, Japón: cada destino escondía a un futbolista que intentaba abrirse paso lejos de casa. Sentarse con ellos, escuchar sus trayectorias, registrar sus dudas y sus sueños se transformó en un privilegio y, con el tiempo, en una obra propia muy personal.
Esos contenidos de entrevista, construidos a partir de viajes largos y conversaciones sin reloj, ocupan hoy un lugar especial en su memoria profesional. No solo por el resultado final, sino por todo lo que hubo que recorrer para llegar a cada historia.
Un XI de toda la vida, con piezas intocables
Elegir un once ideal es siempre un ejercicio cruel. En su caso, hay nombres que no se negocian. Bajo palos, Manuel Neuer o Rogério Ceni, dos maneras distintas de entender la portería, igual de influyentes. En la línea defensiva y el corazón del equipo aparecen Javier Zanetti, Sergio Ramos, N’Golo Kanté y Toni Kroos, un eje que mezcla carácter, inteligencia táctica y una lectura del juego casi quirúrgica.
Por las bandas y en ataque, futbolistas que marcaron época: Arjen Robben, Mo Salah y Zlatan Ibrahimović. Desborde, gol, personalidad arrolladora. Para completar el rompecabezas táctico, la creatividad de Juan Román Riquelme o Michael Laudrup, dos cerebros capaces de dictar el ritmo de cualquier partido.
Fuera de esa alineación se quedan leyendas imposibles de ignorar como Lothar Matthäus, Zinedine Zidane o Ronaldo. La razón es sencilla y contundente: aparecen en casi todos los onces ideales del planeta. Aquí, la apuesta pasa por un equipo que cuente una historia distinta, tan personal como la propia carrera del periodista que lo elige.




