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India brilla en los Asian Games: críquet y bádminton triunfan

La final femenina de críquet en los Asian Games 2026 se ha inclinado pronto hacia un solo lado. India ha puesto el listón en lo más alto: 216/3 en 20 overs, una cifra que no es solo un total, es una declaración de intenciones. Sri Lanka, obligada a una persecución histórica, ha visto cómo su gran esperanza se marchaba demasiado pronto. Y en paralelo, en el bádminton, Lakshya Sen ha firmado una de esas remontadas que se recuerdan durante años.

Mandhana marca el tono, Ghosh enciende la mecha final

El golpe inicial llegó desde el bate. Smriti Mandhana jugó como si la final fuera su patio trasero. Fluida, dominante, sin regalar un solo momento de respiro. Sus 79 carreras en apenas 45 bolas construyeron la plataforma perfecta para el asalto final.

Mientras Sri Lanka buscaba desesperadamente una forma de frenarla, Mandhana seguía encontrando huecos, castigando cualquier error de longitud y manteniendo el ritmo alto. Parecía lista para cerrar la entrada con fuegos artificiales, pero por fin la atraparon. Se fue por 79, dejando el marcador en 163/3 en el over 17. Una gran puerta para Sri Lanka, pero no el respiro que necesitaban.

Porque Richa Ghosh todavía estaba ahí.

La guardiana india decidió que la final merecía un cierre de alto voltaje. Su 49 en 22 bolas fue puro instinto ofensivo: golpes limpios, potencia bruta y una lectura perfecta del momento. Junto con el trabajo inicial de Mandhana y el aporte de 48 de Shafali Verma, India pasó de una base sólida a un frenesí de seis en los overs finales.

Cuando cayó la última bola, el marcador decía 216/3. Para Sri Lanka, una montaña. Para India, olor a oro.

Shafali y Deepti hunden el sueño de Athapaththu

Con 217 por defender, Harmanpreet Kaur entregó la nueva bola a Kranti Goud. Al otro lado, Chamari Athapaththu, la única capaz de convertir un objetivo así en algo más que un ejercicio de resistencia. El plan de Sri Lanka era claro: aguantar, golpear cuando se pudiera, estirar el partido.

El problema fue que India no estaba dispuesta a conceder ni un centímetro.

Shafali Verma, que ya había castigado con el bate, decidió dejar su huella también con la bola. Su impacto fue inmediato. Dos wickets clave, incluida Hasini Perera, y la persecución empezó a desmoronarse mucho antes de encontrar estabilidad. Cada error de Sri Lanka se amplificaba por el tamaño del objetivo.

La presión terminó por caer sobre Athapaththu. La capitana, en 29, sabía que tenía que ser la que empujara este partido hacia lo imposible. Entonces llegó Deepti Sharma. Una bola, un error, un wicket que cambia partidos. Athapaththu se marcha por 29, y el gesto en su rostro lo dice todo: oportunidad perdida, casi sentencia.

En el marcador, 43/3 en 7 overs. En el ambiente, la sensación de que India ya roza el oro con la punta de los dedos. La afición india, de pie. Es ese tipo de victoria que se siente antes de que llegue el último wicket.

Lakshya Sen, de la nada a la tormenta

Mientras el críquet inclinaba la balanza hacia India, en la pista de bádminton se escribía otra historia de carácter. Lakshya Sen arrancó su duelo de individuales masculinos de cuartos de final contra el número 7 del mundo, Kodai Naraoka, con el pie izquierdo. Y no solo eso: con un tropiezo sonoro.

El primer juego fue un repaso. 11-21 en apenas 18 minutos. Naraoka marcó el ritmo, moviendo a Lakshya de adelante hacia atrás a su antojo, controlando cada intercambio. El indio no encontraba ni el timing ni el ángulo. Para muchos, aquello parecía el principio del fin.

Cambió de lado de la pista. Cambió también el partido.

Con el “lado bueno” a su favor, Lakshya ajustó el plan. Empezó a defender, a alargar los rallies, a obligar a Naraoka a asumir riesgos. El viento en el pabellón —ese famoso “drift” que tanto condiciona— se convirtió en su aliado. El japonés, de pronto, perdió el compás: globos largos, dejadas a la red, remates que no encontraban pista. El marcador del segundo juego lo resumió todo: 21-5 para Lakshya. Un vuelco total.

El duelo se fue al tercer set, y esta vez Sen arrancó desde el lado desfavorable. Sabía que tenía que sobrevivir. Defender, resistir, arañar puntos. Con 5-7 en contra, ya había hecho bastante para no descolgarse, consciente de que tras los 11 puntos cambiarían de lado y el viento soplaría a su favor.

Naraoka siguió empujando. Lakshya llegó a ir 13-17 abajo en el decisivo. Ahí, la mayoría se rompe. Él, no. Se aferró al plan: rallies largos, defensa férrea, y atacar cada volante plano que le quedaba cómodo. El japonés empezó a descomponerse. Los errores no forzados se acumularon, la frustración también.

El clímax fue brutal. De 14-19 abajo a 21-19. Lakshya cerró el partido con una remontada que rozó lo cruel para su rival. El encuentro duró 1 hora y 6 minutos, una batalla física y mental que dejó a Naraoka sin respuestas en los puntos finales. El indio le hizo la vida imposible, devolviendo todo, golpeando con medias bandejas engañosas y castigando el revés del japonés.

El resultado final: 11-21, 21-5, 21-19. Una victoria que no solo mete a India en la pelea en el cruce, también confirma que Sen está jugando al nivel que se esperaba de él.

Satwik–Chirag toman el relevo

Con el impulso de Lakshya, le toca ahora al mejor dúo de dobles masculino de India, Satwiksairaj Rankireddy y Chirag Shetty. Enfrente, la pareja japonesa Takuro Hoki/Yugo Kobayashi, número 9 del mundo. Un choque de estilos y de jerarquías que puede marcar el tono del resto del cruce.

Si el partido de Sen fue un aviso, el dobles se presenta como una prueba de fuego. La cuestión es simple: ¿puede India transformar esta ola de confianza en dominio total en la jornada?

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