Inglaterra barre 3-0 a Pakistán en Edgbaston
Durante dos días, esta serie pareció un trámite. En Edgbaston, Inglaterra manejaba el juego, el marcador y el ánimo. Y, de repente, en un parpadeo el tercer Test se convirtió en un examen serio de carácter.
Lo superaron. No sin temblar.
Inglaterra ganó por ocho wickets el tercer Rothesay Test ante Pakistán, cerró el 3-0 y firmó una de las barridas más extrañas de su historia reciente: dominante en el global, vulnerable en los momentos clave.
De 0-2 a 130-2: un cierre mucho menos cómodo de lo que dice el marcador
El objetivo final parecía casi simbólico: 130 carreras en el cuarto día, con ocho wickets en mano por gastar. Pero el críquet de Test tiene memoria larga y poca piedad.
Primer over de la mañana. Muhammad Abbas, implacable en la línea, corta el silencio. Ben Duckett, primer bola que ve, primer error: un toque atrás, cazado sin remedio. Golden duck. Emilio Gay apenas resiste unos segundos más: atrapado claramente leg before, sin discusión. 2-2.
Edgbaston, que venía de un sábado casi festivo, se quedó helado.
En ese escenario apareció el primer giro dramático. Joe Root, el capitán que regresó al cargo tras la retirada de Ben Stokes en junio, arriesgó demasiado pronto. Intentó arrastrar un golpe contra Mohammad Ali, la pelota besó los stumps… y la celebración se frenó en seco. No-ball. Ali había sobrepasado la línea. Root, en 23, rescatado por unos centímetros de goma blanca.
Ese detalle cambió el aire del partido. Inglaterra podría haber caído a 35-3 y abierto de par en par la puerta a una de las remontadas más grandes que recuerde el formato. En lugar de eso, encontró estabilidad.
Jordan Cox, otra vez, fue la calma en medio del ruido. El bateador de Essex firmó un 59 sereno, frío, casi clínico, pero con personalidad. Compartió con Root una sociedad ininterrumpida de 128 carreras que apagó cualquier conato de milagro paquistaní. Root, 62*; Cox, 59*; victoria sellada justo antes del almuerzo, con una tranquilidad que no reflejaba el pánico inicial.
Root, verano turbulento y un futuro que ya aprieta
Para Root, este triunfo cierra un regreso exitoso a la capitanía. Heredó un vestuario sin técnico fijo y con la figura gigantesca de Stokes saliendo por la puerta. Menos de dos meses después, ha liderado un 3-0 que no borra las dudas, pero sí marca territorio.
Inglaterra venía de una racha de solo dos victorias en 10 Tests. Ahora encadena tres seguidas. El contexto importa: Pakistán ha sido, durante buena parte de la serie, un rival desordenado, superado desde la primera bola en Headingley, cuando Ollie Robinson atrapó lbw a Azan Awais. Pero cuando por fin exigieron, Inglaterra tardó en responder.
El colapso táctico del viernes ante el huracán Razaullah, la zozobra del sábado por la mañana, la fragilidad en la parte alta del orden… nada de eso desaparece porque el resultado final marque 3-0. Simplemente queda maquillado.
El calendario tampoco da tregua. El equipo cambia ahora al formato de bola blanca para enfrentarse a Sri Lanka en Southampton el martes, con Brendon McCullum retomando el mando y Kevin Pietersen incorporado al cuerpo técnico. Y, en el horizonte invernal, asoman giras mucho más duras: Sudáfrica, Bangladesh, Australia.
Stephen Fleming, nuevo seleccionador principal, aterrizará en los próximos días con una bandeja de trabajo rebosante.
Los problemas en la apertura: Duckett y Gay bajo la lupa
Entre los temas urgentes, uno salta a la vista: los openers. La mañana de Edgbaston no hizo más que subrayarlo.
Duckett, autor del único siglo inglés del verano, no ha pasado de 20 en cinco entradas ante Pakistán y promedia 23 desde el inicio de la Ashes. Su golden duck frente a Abbas fue una síntesis cruel de su momento: talento evidente, producción insuficiente.
Gay, por su parte, ha dejado tres medias centurias en su primer verano como jugador de Test, pero su promedio ha caído por debajo de 25. El golpe en la espinilla que le dio el lbw ante Abbas fue tan claro como su frustración posterior, agitando el bate hacia los stumps y malgastando una revisión. Con Jacob Bethell cerca de volver de lesión, su puesto ya no parece tan seguro.
A 2-2, la presión sobre Inglaterra era tan densa como el silencio en las gradas. Que fuera Cox, y no un veterano, quien tomara el timón en ese momento, refuerza su candidatura para el primer Test en Sudáfrica en diciembre. Su seguridad contrastó con la de Root, que sobrevivió a la no-ball de Ali y a un edge entre slips estáticos ante un Abbas furioso cuando apenas sumaba 34.
Ese fallo defensivo de Pakistán drenó la esperanza visitante. Desde ahí, Inglaterra aceleró sin mirar atrás.
El caos de Pakistán, una estrella nueva y un gran arrepentimiento
Más allá del arreón de las últimas 48 horas, la gira de Pakistán ha sido un pequeño desastre. Desde el primer día del primer Test han ido a remolque, desbordados en casi todos los departamentos.
En el segundo partido, llegaron a amenazar con abandonar tras la emisión por televisión de una entrevista con los hijos de Imran Khan. Tras la derrota en Lord’s, la federación reaccionó con un volantazo: Sarfaraz Ahmed fuera, Mike Hesson dentro como seleccionador, siete jugadores expulsados de la convocatoria. Las consecuencias de ese terremoto apuntan a alargarse cuando el equipo regrese a casa.
En Birmingham estuvieron a un paso de una humillación en dos días. Por eso el viernes fue tan chocante. De repente, el top order encontró respuestas ante el ataque inglés y, sobre todo, apareció Razaullah para incendiar el partido.
El debutante ya había dejado huella con la bola, eliminando a Root en su primer over en Test cricket. El viernes, con el bate, desarmó al ataque inglés con una mezcla de atrevimiento y potencia que sacó a Inglaterra de su guion. Su 81 cambió por completo el tono del encuentro, obligó a Root y los suyos a repensar el plan y elevó la exigencia mental del cierre.
Pakistán terminó con 449 en su segunda entrada, tras el 133 del primer día que ahora duele mucho más. Un centenar de carreras extra en ese total inicial habría convertido la persecución final en una trampa auténtica. Es ahí donde se instala el gran lamento visitante: el Test se les escapó en las primeras horas, no en el arreón final.
Entre tanta confusión, Razaullah se erige como la gran noticia. Uno de los siete llamados de urgencia a la gira, ha mostrado ritmo con la bola, personalidad con el bate y un descaro poco habitual en un debutante en estas condiciones. Pakistán, en medio de un tour terrible, puede haberse topado con una estrella en construcción. Un consuelo mínimo, pero muy real.
Un 3-0 que no oculta las grietas
Inglaterra, por su parte, cierra uno de los veranos más convulsos de su historia reciente con un resultado impecable en el marcador. Tres Tests, tres victorias. El último, con un susto que sirve como recordatorio: el margen de error se estrecha cuando el rival compite de verdad.
Resistieron el vendaval de Razaullah, soportaron la presión de un 2-2 en el cuarto día y encontraron en Root y Cox la calma necesaria para rematar la faena. Lo lograron. Pero las preguntas sobre la solidez del proyecto, sobre la apertura y sobre la gestión bajo presión no se han ido. Solo han quedado aplazadas.
Las respuestas, para bien o para mal, llegarán este invierno, lejos de casa y sin red.




