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Inglaterra logra la mayor remontada en ODI ante Irlanda

En Grace Road, Leicester, Irlanda creyó haber puesto un listón serio. Inglaterra lo convirtió en un simple trámite. Un centenar encendido de Maia Bouchier encabezó la mayor persecución exitosa de la historia de la selección en ODI, desmontando sin contemplaciones los 281/5 visitantes y cerrando el partido con autoridad en el 39º over.

Hunter y Lewis encienden la ilusión irlandesa

Durante buena parte de la primera mitad, el guion parecía otro. Tras la primera pérdida, Irlanda se sostuvo con una asociación de manual entre Amy Hunter y Gaby Lewis. Entre la segunda y la tercera puerta levantaron 136 carreras en 152 bolas, una sociedad que dio estructura, calma y ambición al innings.

Ambas se movieron con aplomo, cada una superando la barrera de los 60 y combinándose para 13 fours que obligaron a Inglaterra a replegar el campo con respeto. El marcador crecía, quizá no a toda máquina, pero sí con la sensación de un total competitivo en el horizonte.

El punto de inflexión llegó a partir del over 30. Tres wickets en 7,1 overs frenaron en seco el avance irlandés y abrieron el fantasma de un total por debajo de 250. El trabajo de más de media tarde amenazaba con diluirse justo cuando había que acelerar.

Ahí apareció la pareja Leah Paul – Rebecca Stokell. Entre las dos reconstruyeron el innings y, sobre todo, cambiaron el tono. Su asociación de 84 carreras en apenas 71 bolas dio el impulso final que Irlanda necesitaba. Los últimos 10 overs dejaron 77 carreras, un cierre vibrante que llevó el 281/5 al marcador y, durante unos minutos, la sensación de que las lanzadoras tendrían un colchón serio.

Parecía un buen total. Parecía.

Bouchier en modo demolición

Desde la primera mirada a la pista, Maia Bouchier dejó claro que no estaba allí para gestionar el ritmo, sino para dictarlo. Una vez asentada, eligió su objetivo: la joven pacer Jane Maguire. En el sexto over, Bouchier descargó cuatro boundaries consecutivos sobre la veloz de 23 años y marcó el tono de la persecución.

El mensaje fue nítido: Inglaterra no iba a especular.

Con Sophia Dunkley al otro lado, el arranque se convirtió en un asedio. A los 10 overs, el marcador ya reflejaba 72/0. No era solo la velocidad, era la forma: drives limpios, golpes plenos de confianza, una lectura impecable del campo. Irlanda veía cómo el margen de error se evaporaba bola a bola.

Dunkley aceleró su propia partitura con un medio siglo en apenas 40 entregas, alcanzado en el 15º over. Bouchier no se quedó atrás: su cincuenta llegó en 53 bolas, en el 17º. Las dos mantuvieron el ritmo por encima de siete carreras por over, abriendo una brecha que, a esas alturas, empezaba a parecer insalvable.

La sociedad inicial terminó en 143 carreras de pura autoridad en 118 bolas. Dunkley se marchó por 73 de 61, víctima de Cara Murray en el over 20. Irlanda celebró, necesitaba hacerlo. Pero el marcador ya decía otra cosa: Inglaterra estaba instalada en el control total.

Irlanda golpea… pero Inglaterra no afloja

Murray volvió a aparecer de inmediato. En el over siguiente, la spinner se llevó a Jodi Grewcock y, por un instante, el partido insinuó un giro. Dos wickets rápidos, un total todavía voluminoso en el tablero, y la posibilidad de un atasco en el medio orden.

No ocurrió.

Alice Capsey entró con frialdad y se acopló al tempo que Bouchier ya había impuesto. Entre ambas construyeron una nueva asociación, esta vez de 50 carreras, que mantuvo el run rate cómodo y la presión siempre del lado irlandés. No hubo pausa, no hubo reconstrucción lenta: solo continuidad.

Bouchier, mientras tanto, caminaba hacia su gran cifra. Alcanzó el centenar en 91 bolas, en el 31º over, una actuación que combinó agresividad selectiva y una convicción absoluta en cada golpe. Fue el corazón de la remontada. Cayó en el 32º, con 104 en 95 envíos y 11 fours, dejando el escenario casi resuelto.

Su salida, sin embargo, no cambió el guion. Inglaterra no miró atrás.

El golpe final: Capsey y Kemp cierran el círculo

Con Capsey ya asentada, fue Freya Kemp quien terminó de desarmar cualquier atisbo de resistencia. Entró y empezó a pegar. Dos fours a Louise Little en un solo over, luego cuatro más ante Arlene Kelly. En un suspiro, Inglaterra superó los 250 en el 34º over y convirtió un objetivo que al descanso parecía exigente en un mero trámite estadístico.

Kemp se fue por 36 en 22 bolas, otra vez a manos de Cara Murray, que cerró su jornada con tres wickets y la sensación de haber sido la única capaz de frenar algo el vendaval local. Demasiado poco, demasiado tarde.

Al otro lado, Capsey no perdió el pulso. Terminó invicta con 41 de 40, y fue ella quien, con un golpe más a la cuerda, selló la persecución en el 39º over. Inglaterra no solo superó 281; lo hizo con margen, ritmo y una claridad abrumadora.

Irlanda se marcha con un innings inicial lleno de méritos, una gran sociedad entre Hunter y Lewis, y un cierre valiente con Paul y Stokell. Pero en Leicester, la historia que quedará escrita es otra: la tarde en la que Maia Bouchier y una alineación sin freno llevaron a Inglaterra a la mayor remontada de su historia en ODI, dejando una pregunta incómoda para el resto de rivales de la temporada: ¿cómo se contiene a un equipo que bate así?