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Jai Opetaia: La obsesión por convertirse en campeón indiscutido

Jai Opetaia llega a Las Vegas con algo más que un campamento en las piernas. Llega con una obsesión.

Este fin de semana, en el T-Mobile Arena, el invicto peso crucero australiano se mide a Noel Mikaelian en el combate coestelar de la velada encabezada por Ryan García y Conor Benn. Es un paso más en un camino que se ha ido llenando de trabas políticas, cinturones perdidos fuera del ring y promesas familiares que no admiten marcha atrás.

Phuket, calor y cabeza

La última pieza de su preparación se escribió en Tailandia. Phuket, humedad brutal, calor que aplasta y una rutina pensada para llevarle al límite.

Opetaia trabajó allí junto a su padre y entrenador, Tap, el técnico irlandés afincado en Phuket John Hutchinson y el preparador físico Mark “Den” Donovan. También se sumó su hermano menor, Elvis. No era un simple campamento más: era un intento de ordenar una carrera que, desde hace un año, vive en un laberinto.

“Pasé una semana con el equipo y vi dónde estaba realmente el foco”, explicaba Tap. No se trataba solo de preparar a Mikaelian. Se trataba de mantener viva la persecución del gran objetivo: convertirse en campeón indiscutido del peso crucero.

Ese plan se ha complicado una y otra vez fuera del ring. En marzo, cuando parecía que todo se alineaba para su defensa ante Brandon Glanton, la IBF retiró su sanción al combate al quedar claro que el recién creado título crucero de Boxxer también estaría en juego. Opetaia ganó con claridad a Glanton a los puntos, dominando durante 12 asaltos, pero poco después fue despojado de su cinturón IBF. Otra puerta cerrada por política, no por puños.

El escenario con el CMB tampoco ayuda. El organismo ordenó a Mikaelian defender su título crucero ante David Benavidez en mayo, pero el armenio-alemán aceptó en su lugar el duelo con Opetaia. Más de dos meses pasaron, decía el australiano, sin que le llegara ningún contrato para enfrentarse a Benavidez. El resultado: el estatus de Opetaia con el CMB sigue en el aire a las puertas del sábado.

Para Tap, todo esto es la prueba de lo difícil que puede ser convertirse en campeón indiscutido incluso cuando sigues ganando. “No tenemos control sobre eso. Hay tanta política en esto. Pelearemos con quien pongan delante de nosotros. Solo hacemos lo nuestro”, resumía.

Un gimnasio como horno

El campamento en Phuket fue tan mental como físico. A las 11 de la mañana, en su primera sesión con el equipo, Opetaia ya había completado la carrera matutina y estaba de vuelta en el gimnasio para la segunda tanda del día. Entrenar en pleno mediodía tailandés no era una excentricidad: era una prueba.

El calor hacía casi irrespirable el aire. Justo lo que quería el equipo.

“Para Jai es todo mental. En el boxeo llegas a cierto nivel y todo está en la cabeza”, explicaba Mark. La preparación física apretaba, pero Tap bajaba el ritmo cuando tocaba pulir detalles: correcciones técnicas, ajustes de guardia, precisión. Hutchinson trabajaba con él en el escudo de potencia, invitándole a sentarse en los golpes, a sentir cada impacto.

En una de las sesiones, Opetaia completó 21 asaltos de pads, cuatro con cada uno de tres portadores distintos. Un volumen brutal. El enfoque se mantuvo durante toda la semana. No había concesiones.

Tap ve en la mentalidad de su hijo una de sus mayores armas. “Puedes tener todo el talento del mundo, ser genial en todo lo que haces, pero si tu mente no sigue lo que hace tu cuerpo, todo se derrumba. Tu mentalidad es el 95 por ciento”, le repetía. Y dejaba una imagen: “Es como tener un coche bonito con un motor malo. Se ve bien, pero no irá a ninguna parte”.

Promesa de padre e hijo

En casa, la conversación es distinta. Más cruda.

Tap admitió que, en algún momento, pensó en decir basta. “Le dije a Jai: ‘Quizá solo nos vamos, lo dejamos y ya está’”. El desgaste de la política, los cinturones que se pierden en despachos, la incertidumbre con los organismos. Pero la respuesta de su hijo fue inmediata: “No, papá. No lo vamos a dejar así solo por la política. Vamos a terminar lo que empezamos”.

Esa frase sostiene todo.

Tap asegura que, pese a haber perdido el título IBF fuera del ring, los cinturones mundiales siguen teniendo el mismo peso para la familia. Cuando le preguntaron si los últimos acontecimientos habían cambiado la forma en que veía las correas, fue tajante: “No, realmente no. Esos cinturones sostienen el peso. Eso es por lo que empezamos. Lo he estado viendo desde que era un niño. Él también, desde que era un niño”.

El nombre de Benavidez y el salto de peso

En una de las sesiones de fuerza y acondicionamiento en Phuket, Tap sacó el teléfono y enseñó un vídeo: David Benavidez trabajando el saco pesado. No era casual.

Cree que una pelea entre Benavidez y su hijo podría darse el año que viene. Y que, si ocurre, cambiaría todo. “Sí, cien por cien, esa pelea nos llevará al siguiente nivel si pasa”, afirmaba.

El plan, a medio plazo, pasa por subir a peso pesado. Primero, buscar la unificación en el peso crucero; después, el salto. “Estoy seguro de que será por la unificación, y luego subiremos a peso pesado, porque nuestro plan es ir a peso pesado. Pero tenemos asuntos pendientes aquí”, explicaba Tap.

Antes de cualquier sueño con Benavidez o con los grandes del peso pesado, Opetaia tiene a Mikaelian delante. Y el equipo se ha encargado de dejar claro que no miran más allá del 21 de septiembre.

“No subestimamos a nadie. Cualquiera con el que peleemos es peligroso”, insistía Tap. “Vamos con un plan, marcamos todas las casillas. Mark hace su trabajo, el preparador físico hace el suyo, yo hago lo mío con el boxeo”.

Respeto y urgencia

Hay un hilo que recorre el discurso de Tap: el respeto. Hacia el deporte, hacia los rivales, hacia quienes comparten la misma lucha diaria.

“Si algo importa, es el respeto. Respeta el deporte, respeta a los atletas. Están pasando por la misma lucha, intentando alimentar a sus familias”, decía. No hay espacio para el desprecio, sí para la urgencia.

Porque, entre tanta política y tanta incertidumbre con IBF y CMB, el margen de error se reduce. Cada noche grande cuenta. Cada actuación en un escenario como el T-Mobile Arena pesa más que cualquier reunión de comité.

Tap lo tiene claro: “Nos concentramos en lo que tenemos que hacer. Luego seguimos adelante. ¿Quién sigue?”.