Jeremy Doku: De promesa a estrella en el Manchester City
Jeremy Doku vive del uno contra uno. Arranca, encara y obliga a los laterales rivales a retroceder como si cada posesión fuera una emboscada. Su zancada corta, su centro de gravedad bajo y esa mezcla de velocidad y regate convierten cada conducción en una amenaza directa al último tercio.
Ese fútbol descarado apareció muy pronto en casa. En cuanto irrumpió en el primer equipo de Anderlecht, quedó claro que Bélgica tenía entre manos algo distinto. No duró mucho: Rennes se movió en 2020 y lo llevó a Francia, convencido de que ese desborde podía moldearse en producto de élite.
Tres temporadas en la Ligue 1 afilaron sus números. Sin explosiones goleadoras, pero con una curva ascendente en contribuciones y la sensación de que el siguiente salto estaba cerca. Los grandes de Europa tomaron nota. No se encuentran todos los días extremos capaces de romper líneas a ese ritmo y con esa facilidad para dejar defensas descolocados.
Al final, el gigante que se impuso fue Manchester City. Pagó 55 millones de libras, una cifra que lo colocaba directamente bajo el microscopio de Pep Guardiola. En un vestuario repleto de talento ofensivo, Doku tuvo que ganarse cada minuto.
No fue titular indiscutible desde el primer día. Alternó apariciones explosivas con etapas más discretas, pero su peso en la rotación fue creciendo hasta hacerse un hueco más estable. Mientras tanto, fue sumando títulos como si fueran casillas obligatorias: Premier League, FA Cup, Carabao Cup, Community Shield y FIFA Club World Cup. Un palmarés de veterano para un jugador que aún está lejos de su techo.
Y ahí está el gran asunto con Doku: todo apunta a que todavía falta la versión definitiva. El consenso es claro: si quiere entrar en la conversación de los mejores extremos del mundo, necesita un salto en cifras. Nunca ha superado la barrera de los diez goles en una temporada. Para competir con perfiles como Vinicius en Real Madrid o Diaz en Bayern Munich, no basta con el espectáculo en el regate; hacen falta números de estrella: veinte tantos, un saco de asistencias, impacto sostenido.
El exinternacional belga Albert, en declaraciones a GOAL, lo ve preparado para ese escalón. Él lo conoce desde el origen, desde aquellos primeros toques con Anderlecht que electrizaron a todo un país. Recuerda cómo, cada vez que Doku recibía el balón, se intuía que algo distinto iba a suceder. Calidad, talento y un potencial evidente. Pero también un matiz clave: la juventud.
Porque la exuberancia tiene doble filo. A veces Doku hace cosas brillantes; otras, se excede con la conducción, alarga una acción que pedía un pase sencillo o una finalización rápida. Con Guardiola, ese caos se ha ido ordenando. El técnico catalán lo ha llevado a otro nivel táctico, puliendo decisiones sin apagar la chispa que lo hace especial.
En la selección belga, su trayectoria reciente no ha sido tan lineal. El último Mundial le golpeó en el peor momento: tuvo que abandonar la concentración por el nacimiento de su hijo y no logró firmar un torneo a la altura de sus capacidades. Desde entonces, nuevas piezas han entrado en la pelea por los puestos de ataque y el once inicial ya no le pertenece por inercia. Le espera una batalla dura para recuperar ese sitio.
La llave, otra vez, está en Manchester. Si mantiene continuidad y estado de forma con City, su nombre seguirá apareciendo en la lista de Bélgica. Un extremo con su perfil, enchufado y decisivo en uno de los mejores equipos del planeta, es difícil de ignorar.
Doku lo tiene claro. En una entrevista con The Guardian, dejó al descubierto su obsesión actual: el gol. Siente que en asistencias está donde debe, pero que su narrativa cambia por completo si añade más tantos a su juego. No habla de obras de arte desde fuera del área. Habla de lo que él mismo llama “goles fáciles”: estar donde caen los rechaces, llegar al segundo palo, empujar cinco balones por temporada. Cinco “tap-ins” que, sumados a sus dianas tras regate, lo colocarían en otra dimensión estadística.
Para él, un extremo de élite debe marcar. Si ajusta ese detalle, se ve capaz de discutir sin complejos el título de mejor extremo del mundo. Lo dice con una seguridad que no suena vacía: “Si tengo esos goles, puedo llegar ahí”. Ambición pura, respaldada por un contexto que lo empuja hacia arriba.
El escenario, sin embargo, no es perfecto. Sobre el Etihad planea una nube pesada: 114 cargos relacionados con el Fair Play Financiero y la amenaza de sanciones graves. Entre las hipótesis que circulan aparece incluso la posibilidad de una deducción de puntos que arrastre al club al Championship. Un terremoto deportivo e institucional.
Para un jugador en plena construcción de su prime, el panorama es delicado. Doku no está en una etapa para pensar en segunda categoría. Ya se especula con posibles destinos en 2027 si el castigo se materializa y altera de raíz el proyecto del City.
Hasta que eso ocurra, si es que ocurre, el belga sigue corriendo hacia adelante, como hace en cada jugada. Encara, rompe, busca el área. Sabe que el próximo paso en su carrera no depende solo de cuánto deslumbre, sino de cuántas veces haga temblar la red. Y ahí se decidirá si su nombre se queda en la lista de grandes talentos… o entra en la de auténticas superestrellas.




