Josh Hull, el nightwatchman gigante que desafió a Nottinghamshire
En Trent Bridge, en un día pesado, húmedo y lleno de tensión, un rápido de 22 años convertido en héroe improbable mantuvo con vida a Leicestershire y complicó los planes de Nottinghamshire en la defensa de su título de la Rothesay County Championship.
Josh Hull, 1,98 de altura, brazo izquierdo y reputación de cola de la alineación, se plantó en el crease como si llevara años abriendo la entrada. Entró como nightwatchman el jueves por la tarde. El viernes salió ovacionado tras 247 bolas, 10 fours, dos seis y un 97 que rozó lo inverosímil para un jugador que solo tres veces había pasado de diez carreras en 34 entradas de primera clase y que tenía como tope un 35.
Nottinghamshire había puesto un total que olía a control absoluto: 451-8 decl, con 159 de Jack Haynes y un 111* de Liam Patterson-White. Leicestershire, hundido en la parte baja de la tabla, cerró el tercer día en 250-7. Aún 201 por detrás. Todavía 52 por debajo del follow-on. El partido, y quizá un trozo de la temporada de ambos, colgando de un hilo.
El plan de Notts era claro: aprovechar lo poco que quedó del primer día por lluvia, forzar el ritmo, tirar de ataque profundo y buscar un doble derribo vía follow-on para sostener el liderato. Con Leicestershire en 23-2 durante la noche, todo apuntaba en esa dirección. La bola dura, la atmósfera cargada, el campeón oliendo sangre.
Hull y Rehan Ahmed se negaron a aceptar el guion.
La mañana arrancó tarde, con un primer sesión recortada a 21,3 overs. Suficiente para que la resistencia tomara forma. Ahmed eligió el camino sobrio, medido. Hull, al principio, simplemente no se equivocó. Bloqueó, dejó pasar, defendió con una serenidad impropia de su historial con el bate. Llegaron al almuerzo sin que cayera otro wicket, su asociación de tercer wicket intacta y 50 carreras más en el marcador. Nottinghamshire, de repente, sin la inercia que esperaba.
Tras la pausa, Ahmed aceleró lo justo. Alcanzó su medio siglo de 86 bolas con seis fours, mientras Hull cruzaba su primer hito personal: superó las 89 bolas que había enfrentado en aquel 35* ante Kent en Canterbury el verano pasado. Cada over que pasaba convertía esta entrada en territorio desconocido para él. Y para Notts, un problema mayor.
La presión del campeón volvió a encontrar resquicios en cuanto Dillon Pennington, incansable, retomó la línea. Había sido él quien abrió la herida la noche anterior con dos wickets; fue él quien por fin rompió el muro, forzando el edge de Ahmed hacia el primer slip. Se cerraba una asociación de 83 carreras en 33 overs. Se abría otra batalla.
Lo que vino después ya no fue solo resistencia. Fue autoridad. La defensa de Hull se transformó poco a poco en confianza. Se permitió un slog-sweep para su segundo seis ante el spin zurdo de Patterson-White. Tuvo suerte: Kyle Verreynne lo dejó caer en 44 detrás de los palos. No se descompuso. Siguiente oportunidad, un on-drive elegante al off-spin de Freddie McCann y el cincuenta llegó en 158 bolas. Levantó el bate con una sonrisa tímida, mientras compañeros, cuerpo técnico y hasta el personal auxiliar de Leicestershire aplaudían de pie desde el balcón visitante. Sabían lo que estaban viendo: algo que podía cambiar el tono de su lucha por evitar el descenso.
Hull encontró otro aliado en Hamza Shaikh. Entre ambos sumaron 94 para el cuarto wicket. Cada run alejaba un poco más el fantasma del follow-on, cada over drenaba energía del ataque local. Olly Stone, persistente, terminó por abrirse paso: un buen envío, un desvío hacia el tercer slip y Haynes aseguró una toma importante. Otra vez, el campeón necesitaba recomponerse.
Hull, ya en los 90, caminaba al límite entre el sueño personal y el agotamiento físico. Pennington, con el segundo nuevo balón en mano, le dio un susto con una opción de caught-and-bowled baja, a la que solo llegó con la punta de los dedos. La tercera oportunidad no la desperdició. Un envío que se coló recto, Hull jugando alrededor, golpe en las pads. El árbitro levantó el dedo. El nightwatchman se marchó a tres del centenar, extenuado, pero habiendo cambiado la narrativa del día.
Para Nottinghamshire, la tarde se complicó aún más con la lesión de Brett Hutton, que obligó a un cambio en el descanso del té. En su lugar apareció Tom Giles, 20 años, debutante en primera clase, un derecho rápido y elástico al que le tocó un escenario nada sencillo. No se encogió.
A buen ritmo, encontró una línea incómoda. Vio cómo Nick Kelly era droppeado en el segundo slip, respuesta inmediata: desde alrededor del wicket, un envío que rozó el off stump mientras el zurdo dejaba pasar, creyendo estar a salvo. No lo estaba. El sonido seco del contacto con la madera le dio al debutante su primer wicket. No se quedó ahí. Más tarde atrapó a Stephen Eskinazi lbw, cerrando una actuación de 2-26 en 11 overs que puede valerle algo más que una mención en la hoja de partido.
En la clasificación, el día dejó cicatrices. Con Somerset y Warwickshire ganando por una entrada, Nottinghamshire cayó provisionalmente al tercer puesto. Leicestershire, penúltimo, observa cómo su situación se oscurece tras la victoria de Surrey sobre Yorkshire.
Y sin embargo, al caer la tarde en Trent Bridge, el foco no estaba en la tabla, sino en la figura alta de un rápido zurdo que, por un día, jugó como si siempre hubiera sido bateador de orden alto. Nottinghamshire aún tiene la oportunidad de forzar el follow-on y dar un golpe de autoridad en la defensa del título. Leicestershire todavía camina al borde del abismo.
La pregunta es otra: ¿habrá cambiado este 97 de nightwatchman el pulso psicológico de una temporada que parecía escrita de antemano?




