Karen Duggan y la polémica del anuncio de Sydney Sweeney: Una oportunidad para el deporte femenino
Karen Duggan, exinternacional irlandesa, mira la polémica por el anuncio de Sydney Sweeney y ve algo distinto a un simple escándalo pasajero: ve una oportunidad. Según ella, el revuelo ha “cambiado el guion en positivo” y ha empujado el foco hacia donde siempre debió estar: el compromiso brutal que exige ser una atleta de élite.
El anuncio de la actriz estadounidense para la casa de apuestas Novig, en el que aparece prácticamente desnuda y cubierta de material deportivo, ha encendido a la comunidad deportiva femenina. No es una pequeña ola: es una corriente de fondo.
Nombres de peso ya han levantado la voz. La cuatro veces olímpica australiana Ariarne Titmus, la gimnasta estadounidense Gracie Kramer o la velocista inglesa Amy Hunt han criticado abiertamente la campaña. Hunt, en particular, teme que ese tipo de imágenes se conviertan en una “barrera” para que niñas y adolescentes se acerquen al deporte.
Duggan, sin embargo, detecta algo más poderoso que el propio anuncio: la respuesta colectiva.
“En cierto modo, creo que estamos sobrecomplicando algo que, como anuncio deportivo, es una tontería”, explicó en RTÉ Radio 1, en el programa Morning Ireland. Para ella, la pieza recurre a una fórmula rancia: “mujer atractiva, imaginería deportiva y un poco de polémica para vender un producto”. Nada que ver, subraya, con el día a día de las deportistas.
Su crítica va al origen: quién se sienta a la mesa cuando se decide este tipo de campañas. “Mi mayor crítica es que no creo que hubiera mujeres en esa conversación”, lamentó. Sydney Sweeney, insiste, no la representa ni como mujer corriente ni como atleta. No ve en ese anuncio a nadie que trate de entender la disciplina, el sacrificio, la competitividad y la fisicidad que definen a una deportista de alto nivel.
Lo resume sin rodeos: “Es un anuncio tonto. Está totalmente desfasado”. Pero ahí, justo ahí, encuentra el giro interesante. Porque lo que ha venido después le parece revelador.
Duggan apunta directamente al público objetivo de la campaña: “Creo que va dirigida en gran medida a hombres que consumen deporte a través del móvil, de las redes sociales, más que a los que van a los estadios, ven a las y los atletas y aprecian lo que hacen”. Un consumo rápido, superficial, perfecto para una imagen llamativa… e irrelevante para el deporte real.
Mientras tanto, el algoritmo de Duggan le enseña otra cosa. No ve una avalancha de contenido con Sydney Sweeney. Ve a Amy Hunt usando el micrófono después de una carrera para celebrar a sus rivales. Ve atletas explicando cómo entrenan, cómo compiten, cómo se sostienen mentalmente en la élite. “Ha cambiado el guion de forma positiva”, insiste. Cree que la polémica del anuncio se apagará, pero espera que el movimiento para visibilizar el atletismo femenino se mantenga.
El contraste se hizo aún más evidente el fin de semana en Budapest. Amy Hunt se colgó cuatro oros en el World Athletics Ultimate Championship y, con el podio todavía caliente, lanzó un mensaje directo a la estrella de Hollywood: “Esto es lo que parecen las mujeres en el deporte”. No necesitó más.
En Good Morning Britain, Hunt fue al núcleo del problema: el modelo que se ofrece a las niñas. “Cuando intentamos ofrecer referentes a la gente joven y a las mujeres en el deporte, queremos mostrar que se trata de lo que tu cuerpo puede hacer, no de cómo se ve”, explicó. Los datos la respaldan: un 64% de las chicas abandona la actividad física antes de los 16 años. Con esa cifra sobre la mesa, cualquier barrera simbólica pesa el doble.
Para Hunt, el mensaje tiene que ser otro: que las chicas se sientan con permiso para salir a correr, competir o simplemente hacer ejercicio en el parque con amigas, sin miedo al juicio sobre su cuerpo o su ropa. Que el deporte sea un espacio de poder, no de inseguridad.
Duggan coincide y sube el listón: la respuesta debe ser colectiva y sostenida. “No queremos que una campaña publicitaria marque la conversación sobre las mujeres”, advirtió. La prioridad, dice, es que las propias deportistas usen sus plataformas, sus voces, para celebrar su fuerza, su atletismo, su humor, su realidad. Mujeres reales, no personajes diseñados en una sala de juntas.
También lanza un aviso a las marcas que miran de reojo esta tormenta. Espera que la reacción “visceral” de deportistas y aficionadas haga clic en los departamentos de marketing: esto es lo que las mujeres quieren ver. No un cuerpo cosificado rodeado de atrezzo deportivo, sino atletas poderosas, reconocibles, con historias de esfuerzo.
Duggan no niega que Novig tenga derecho a dirigirse al nicho que quiera, a ese grupo de hombres que viven el deporte desde la pantalla y las apuestas. Pero marca una línea clara sobre lo que el público general, y especialmente las mujeres, están reclamando. “Yo reaccionaría mucho más a Amy Hunt en un anuncio de Nike que a Sydney Sweeney en un anuncio de apuestas”, sentencia.
La pregunta ya no es si el anuncio fue un error de tono. La verdadera cuestión, después de esta respuesta coral, es cuántas marcas se atreverán a cambiar de guion y apostar, de una vez, por poner a las deportistas en el centro de la historia.




