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Kent resiste a D’Oliveira y se afianza en el ascenso

En el St Lawrence Ground de Canterbury, Kent firmó una de esas victorias que no lucen espectaculares en el marcador, pero que marcan temporadas. Ganó por 84 carreras a Worcestershire, sí, pero el camino fue mucho más áspero de lo que indica la cifra final.

Necesitaba defender 380 en el último día para afianzarse en los puestos de ascenso de la Division Two del County Championship. Lo consiguió a pulso, sufriendo hasta que el último clavo del ataúd visitante quedó bien hundido. De paso, se escapó a 15 puntos de Northamptonshire, tercero, con solo tres partidos por jugar.

Un centenar heroico… y solitario

Worcestershire arrancó la jornada final en 84-3, aparentemente contra las cuerdas. Sin embargo, Brett D’Oliveira y Adam Hose salieron al crease con la serenidad de quien no acepta el guion previsto. Se asentaron rápido, dejaron que la bola envejeciera y empezaron a limar el objetivo.

Parecían cómodos hasta que Hasan Mahmud, desde una carrera firme y agresiva, metió el primer golpe serio del día: Hose, atrapado plumb en la pierna trasera por 38. Un mazazo que no descompuso a D’Oliveira.

Entró Henry Cullen y el partido cambió de tono. Entre ambos tejieron una asociación de 86 que silenció a ratos a Canterbury. Se fueron a comer en 199-4, con Worcestershire de repente muy vivo y Kent obligado a rehacer su plan.

Al volver, Hasan cambió de extremo, se fue al Nackington Road End y encontró recompensa casi de inmediato: cuarto balón de la sesión, Cullen, 45 y castillo derribado. Un golpe importante… que no terminó de quebrar la resistencia visitante.

D’Oliveira mantiene viva la persecución

La entrada de Matthew Waite devolvió la iniciativa a Worcestershire. D’Oliveira, cada vez más fluido, encontró su ritmo. Controló el tempo del chase, eligió bien sus golpes y, con un drive elegante a Keith Dudgeon para dos carreras, alcanzó un centenar de enorme calidad. Terminó 103*; un innings que merecía más apoyo del resto.

Con Waite asentado y el marcador acercándose peligrosamente, la presión se trasladó al ataque de Kent. El objetivo de 380 ya no parecía una montaña imposible. El público empezaba a inquietarse. El vestuario, también.

Entonces el partido dio un giro brusco.

Waite, en 37, se quedó sin suerte: intentó cortar a Dudgeon y se encontró con la peor variante posible, la bola entrando al interior y golpeando el bate para acabar en los palos. Un error mínimo, un premio máximo para el sudafricano, que pareció renacer con ese wicket.

Con la moral disparada, Dudgeon olió sangre. Justo antes del té, con la última bola de la sesión, metió una entrega que se le volvió a Tom Taylor y lo atrapó lbw. De un plumazo, Worcestershire pasó de soñar con la remontada a mirar el abismo: 283-7 al descanso. El vestuario de Kent, de repente, veía la luz.

Dudgeon, Hasan y Milnes cierran la trampa

La reanudación no dio tregua. Primera bola después del té: Dudgeon se fue alrededor del wicket a Beyers Swanepoel y le voló el stump de pierna. Golden duck. El rugido en Canterbury sonó a sentencia.

Con los visitantes tambaleándose, Hasan tomó la pelota nueva. No la desaprovechó. Otra vez la trampa lbw, esta vez para Ben Allison, también en cero. Las últimas cinco puertas de Worcestershire se desmoronaron por apenas 30 carreras. El chase que durante tanto rato pareció posible se evaporó.

Quedaba un último acto. Dudgeon cedió el Nackington Road End a Matt Milnes, que no quiso quedarse sin su parte del botín. Adam Finch, en 7, buscó sobrevivir, pero encontró a Tawanda Muyeye en el segundo slip. Atrapa limpia, partido cerrado. Worcestershire 217 y 84-3 convertidos en derrota por 84 carreras. D’Oliveira, inmóvil en 103*, sin compañero con quien rematar la obra.

Dudgeon terminó con tres wickets en un tramo de apenas 19 bolas que cambió la historia del encuentro. Hasan Mahmud y Milnes también firmaron tres cada uno, sosteniendo el asedio cuando la presión era máxima.

Kent, con 238 y 358 en el partido y el 132 de Sam Northeast como ancla de la segunda entrada, salió de Canterbury con 19 puntos y algo más que una victoria: la sensación de que, cuando el ascenso se decide en los detalles, sabe sufrir y golpear en el momento exacto.

Con tres jornadas por delante y una brecha de 15 puntos sobre el tercero, la pregunta ya no es si Kent puede soñar con subir. Es si alguien será capaz de arrancarle ese sueño de las manos.