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Kent y Worcestershire en un emocionante enfrentamiento en Canterbury

En el St Lawrence Ground, el tercer día dejó una sensación clara: Kent tiene el partido en sus manos, pero Worcestershire aún no se rinde. No del todo.

El conjunto local fue eliminado por 358 en su segunda entrada y dejó sobre la mesa una ecuación contundente: 380 para ganar. En División Two, en un campo que empieza a cansarse, no es un reto menor. Worcestershire cerró la jornada en 84-3, todavía a 286 carreras del objetivo, pero con una pareja en el centro que ha cambiado el tono del relato.

Northeast marca el ritmo

La mañana perteneció a Sam Northeast. Reanudó en 96, con Kent en 197-3 tras perder 12 overs por lluvia, y el regreso al crease fue casi ceremonial. Bastaron 25 minutos para que desviara un envío de Ben Allison hacia third man para cuatro y sellara su primer siglo para Kent en Canterbury desde su vuelta al club esta temporada. Un momento simbólico, casi reparador.

Su asociación de 127 carreras con Daniel Bell-Drummond fue, hasta ahora, la columna vertebral del partido. Bell-Drummond, capitán y ya por encima de las 10.000 carreras de first-class con Kent, manejó el ritmo con sobriedad, pero cayó justo antes del descanso: 44, devolviendo el nuevo balón a Allison con el último envío de la sesión. Un golpe justo cuando Kent parecía blindar el control.

El giro fue inmediato tras el almuerzo. Northeast, todavía dueño del escenario, vio cómo Tom Taylor le atravesaba middle y leg stump con un inswinger a la primera bola que enfrentó tras la pausa. De 132 a la caminata de regreso en un segundo. De la autoridad absoluta al silencio en Canterbury.

Taylor castiga, Kent acelera

Ese strike encendió a Taylor. Grant Stewart respondió con agresividad, lanzando a Allison por encima de midwicket para seis, pero el contraataque duró poco. De nuevo Taylor, de nuevo el tronco central: bowled por 15. Kent avanzaba, pero a costa de su cola.

Keith Dudgeon no encontró refugio alguno. Ocho bolas, cero carreras, una ligera desviación y otra víctima para Taylor, atrapado en first slip. El seamer de Worcestershire cerró la entrada con 4-68, completando una actuación de siete wickets en el partido que mantiene a su equipo, al menos, en la conversación.

Matt Milnes aportó un 20 valioso en una asociación de 45 con Chris Benjamin, hasta que Adam Finch lo atrapó lbw. Benjamin, sólido y paciente, se quedó clavado en 36, protagonista involuntario de un final caótico para la entrada: Beyers Swanepoel derribó a Matt Quinn, y poco después Benjamin llamó a Hasan Mahmud a por una carrera extra tras un fallo de Henry Cullen detrás de los palos. Swanepoel, atento en backing up, reaccionó rápido; Mahmud quedó run out, Benjamin aislado y Kent finalmente detenido en 358. No un colapso, pero sí una frenada brusca.

Milnes y Quinn golpean pronto

Con 380 como montaña, Worcestershire necesitaba un inicio sin grietas. No lo consiguió. Dan Lategan fue lbw ante Milnes, y la nueva pelota de Kent olió sangre.

Quinn, recién incorporado al ataque, impactó de inmediato: Rehan Edavalath cayó con su segundo envío. La presión subió un escalón más cuando Milnes regresó para deshacerse de Jake Libby por 18. En el marcador, 39-3 y un objetivo todavía lejano. Demasiado lejano.

En ese contexto apareció la resistencia. Adam Hose y el capitán Brett D'Oliveira decidieron que, si iban a caer, no sería sin pelear.

Hose y D'Oliveira resisten la penumbra

Con el campo oscureciéndose y el ánimo visitante en la cuerda floja, Hose y D'Oliveira comenzaron a coser la entrada con puntadas cortas, sin estridencias, pero con carácter. Hose llegó a 23* y D'Oliveira a 24*, ambos sin ceder el wicket, ambos imponiendo una calma que hacía falta desesperadamente en el vestuario visitante.

Cada defensa sólida, cada single bien elegido, iba erosionando la confianza de Kent, que olía la victoria pero no terminaba de atraparla. La luz empeoró, el árbitro miró al cielo una vez más y, con 11.5 overs aún por jugar, el día se cerró. Worcestershire, 84-3. Todavía vivo.

Kent, con 3 puntos en el bolsillo igual que Worcestershire, se acuesta sabiendo que tiene la mano ganadora. Un objetivo de 286 más, en un cuarto día con presión y un ataque que ya ha demostrado tener filo, debería bastar.

Pero el cricket de cuatro días vive de estos matices. Un capitán asentado, un compañero decidido, un par de horas de aplicación en la mañana… ¿será suficiente para convertir un objetivo improbable en una persecución legendaria, o Kent terminará de imponer la lógica en Canterbury?