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Kevin Pietersen regresa al cricket inglés como mentor: un riesgo que vale la pena

Michael Vaughan ve la apuesta y la firma: el regreso de Kevin Pietersen al entorno de Inglaterra es un riesgo… pero uno que merece la pena.

Doce años después de salir por la puerta de atrás tras un choque monumental con la cúpula de la selección, Pietersen vuelve al vestuario inglés. Esta vez no como estrella en el campo, sino como mentor especialista de los equipos de one-day international y T20. Un rol nuevo para él, una decisión atrevida para la federación.

Vaughan, capitán de aquel mítico equipo de los Ashes 2005 y voz influyente en el cricket inglés, no se esconde. Le gusta el movimiento, precisamente porque rompe el molde.

“Me gusta, es raro. Es un riesgo, tiene que ser un riesgo porque no estás muy seguro de lo que vas a obtener, porque Kev no ha hecho gran cosa de coaching”, reconoció. No es una frase cualquiera: en un ecosistema donde se valora la seguridad, él subraya el valor de la apuesta.

Pietersen, conocido por no morderse la lengua, llega además con historial reciente de crítica directa al propio sistema que ahora le abre la puerta. En enero del año pasado señaló con el dedo al combinado de limited-overs, acusándolo de una preparación insuficiente durante una gira por India. No es precisamente el perfil dócil que suele buscar una estructura conservadora.

Lo que sí tiene, y en abundancia, es bagaje en el crease. Vaughan lo resume en tres áreas: bateo, mentalidad ganadora y manejo de los momentos calientes. “Su conocimiento del bateo, de ganar, de jugar a la intensidad adecuada en los momentos adecuados, no lo ha tenido nadie mejor en mi época con Inglaterra”, sentenció. Palabras pesadas, viniendo de quien vienen.

También hay un componente emocional. Vaughan nunca terminó de digerir la forma en que terminó la historia de Pietersen con la selección en 2014. “Siempre sentí que a Kev le tocó una mano dudosa”, admitió. Y matizó: Pietersen se ha buscado muchos de sus problemas, sí, pero no ha sido el único en hacer “tonterías” y, aun así, otros sí han tenido una segunda oportunidad en el cricket inglés.

Ahora la puerta se reabre.

De los micrófonos al vestuario

Desde que colgó el bate en 2018, Pietersen ha vivido sobre todo de los medios, convertido en analista y comentarista. Ha tenido alguna incursión como mentor, como con Delhi Capitals en la Indian Premier League, donde incluso logró acaparar titulares por algo tan poco ortodoxo como irse de vacaciones a Maldivas en mitad del torneo de 2025.

Vaughan, con una sonrisa, tiró de esa anécdota para rebajar tensión: asegura que en este contrato con Inglaterra no hay cláusula para escapadas tropicales y que, esta vez, “tendrá que quedarse y entrenar”.

El exbateador ya está integrado en la concentración en el Utilita Bowl, donde Inglaterra ultima los detalles antes de la serie T20 ante Sri Lanka que arranca el martes. Su participación se alargará hasta el Mundial de ODI del próximo año, gran parte del cual se disputará en Sudáfrica, su país natal. Un escenario perfecto para un regreso de impacto, si las cosas salen bien.

Lo llamativo, para Vaughan, es el tipo de equipo que lo recibe.

“Me sorprendió que lo hayan metido en el entorno de white-ball. Pensé que el equipo de Test se habría acercado a él. El equipo de white-ball en el último año lo ha hecho bastante bien”, apuntó. Aun así, ve un puente evidente: muchos de los bateadores del bloque de limited-overs también forman parte del equipo de Test, y ahí es donde espera que el influjo de Pietersen se note de verdad.

La exigencia, eso sí, será máxima. “Ganar será la clave. Tienen que empezar a ganar trofeos para justificar todas estas decisiones y, seamos honestos, la enorme cantidad de dinero que se está gastando. Inglaterra tiene que empezar a ganar trofeos”, remarcó Vaughan. No hay margen para que esto sea solo un experimento simpático.

Una apuesta arriba… y la base que crece abajo

Vaughan habló de Pietersen en una semana simbólica para el cricket inglés de base. En Lord’s se coronaron los primeros campeones de la Barclays Knight-Stokes Cup, con las finales masculina y femenina disputadas en el templo del deporte.

El torneo, una competición nacional de hardball para colegios públicos, apunta a cifras masivas en 2025: se calcula la participación de 15.744 estudiantes y 1.100 equipos. Un intento serio de abrir el juego a quienes, históricamente, han tenido menos acceso.

“Esto irá de fuerza en fuerza”, pronosticó Vaughan. Y se marcó un objetivo ambicioso: superar los 2.000 equipos inscritos el próximo año. No es un detalle menor. Mientras la élite arriesga con figuras polémicas como Pietersen para buscar ese plus competitivo, el sistema también intenta ensanchar la base y democratizar el acceso.

En la cúspide, Inglaterra se la juega con un genio imprevisible para tratar de volver a levantar trofeos. En los cimientos, miles de chicos y chicas sueñan con pisar algún día el mismo césped de Lord’s.

La pregunta es clara: ¿podrá el regreso de Kevin Pietersen, esta vez desde el banquillo, encender de nuevo la chispa ganadora de un cricket inglés que se ha acostumbrado a vivir entre la expectativa y la exigencia?