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El legado de Suresh Raina en el cricket indio

Nueve años después de dejar la capitanía y seis desde su adiós a la selección, la sombra de MS Dhoni sigue cubriendo al cricket indio como pocas figuras en la historia del deporte del país. Su etapa al mando dejó un legado casi imposible de igualar: T20 World Cup, Champions Trophy, el primer No. 1 del mundo en Tests, y el 50-over World Cup de 2011 que rompió una sequía de 28 años. Desde entonces, India no ha vuelto a tocar ese trofeo.

La era Dhoni fue mucho más que títulos. Fue una sacudida generacional. Ni siquiera las vacas sagradas estuvieron a salvo. El vestuario se reordenó, el nuevo núcleo entró por la puerta grande y el equipo cambió de piel. Bajo su liderazgo, Virat Kohli emergió como heredero natural, Rohit Sharma reinventó su carrera como opener, Yuvraj Singh vivió su etapa más demoledora entre 2007 y 2011, Suresh Raina se convirtió en ese bateador de impacto desde el número 7 que ganaba partidos, y Shikhar Dhawan firmó el mayor puntaje de un opener indio en su debut en Tests.

Cuando Dhoni dio un paso al costado y cedió el timón a Kohli, se abrió un capítulo distinto. Más exigente. Más implacable.

La era Kohli y el filtro sin concesiones

Con Kohli al mando y un World Cup en el horizonte, el margen para lo “aceptable” desapareció. Llegaron los test Yo-Yo. Se acabó el espacio para los rezagados. El mensaje era simple: o estás en el nivel físico y competitivo que pide el capitán, o no estás.

Tal como ocurrió con Dhoni, la transición dejó nombres ilustres fuera del camino. Jugadores que habían sido pilares durante años comenzaron a desaparecer del radar. Entre principios de 2017 y la llegada del World Cup 2019 en Inglaterra, el grupo cambió de rostro. Suresh Raina fue uno de los que se quedaron en la cuneta.

Para entonces, el equipo presentaba una estructura nueva. KL Rahul se consolidaba como opción fiable en el medio orden, Ravindra Jadeja y Hardik Pandya se afirmaban como todoterrenos indispensables, y el eterno rompecabezas del número 4 parecía tener candidatos claros: primero Ambati Rayudu, luego Vijay Shankar. En ese escenario, Raina, pese a su hoja de servicios, ya no entraba en los planes.

En una reciente entrevista con Aakash Chopra, el ex bateador explicó cómo terminó su historia con India. Su retirada llegó el 15 de agosto de 2020, apenas unas horas después del anuncio de Dhoni. Tenía 33 años. Y la decisión, según contó, llegó tras asumir que no formaba parte del proyecto tras hablar con Kohli y con los ex entrenadores Anil Kumble y Ravi Shastri.

“Cada capitán tiene su equipo”

Raina describió el final con una mezcla de realismo y decepción. “Mira, cada capitán tiene su propio equipo. Obviamente siente que alguien más es mejor”, contó. Recordó que tanto él como Yuvraj Singh reprobaron inicialmente el test Yo-Yo, pero luego lo superaron. Volvieron al cricket doméstico, hicieron runs, y aun así la puerta de India no se abrió.

Habló de conversaciones con Anil Kumble, que le marcó aspectos a mejorar. Recordó su rendimiento en la serie T20I en Sudáfrica, donde fue nombrado Player of the Match en el tercer encuentro tras anotar 43 en 27 bolas y tomar 1/27, y donde se sintió en gran forma. Para el World Cup 2019, sin embargo, el staff eligió a otros: otro bateador para las condiciones de Inglaterra, otro wicketkeeper para el torneo.

“Los jugadores esperan respeto. La comunicación pudo haber sido mejor, como saber qué piensan los selectores, qué mensaje les llega. Pero eso no está en nuestro control. Hice muchas preguntas, pero no obtuve respuestas. Hablé tanto con el capitán como con los entrenadores. Ellos hicieron lo que creían correcto”, relató.

La realidad estadística también pesaba. Hasta el World Cup 2015, Raina vivió una etapa de altísimo nivel. Después, su rendimiento se desplomó. Su debilidad ante el short ball de calidad en pistas rápidas quedó expuesta una y otra vez. Las lesiones frecuentes terminaron de erosionar su continuidad.

Desde 2016 solo jugó tres ODIs con India. En T20Is disputó 32 encuentros, con 622 carreras en 22 innings: promedio de 25, strike rate de 135, dos cincuentas. Números respetables, pero no definitivos para un equipo que se endurecía en sus criterios. Incluso uno de los puntos que él mismo destacó, el supuesto premio a Player of the Tournament en Sudáfrica, no fue tal: esa distinción fue para Bhuvneshwar Kumar, gracias a sus siete wickets en la serie.

Las T20Is y ODIs en Inglaterra, unos meses después de aquella gira por Sudáfrica, serían sus últimos partidos con la camiseta de India.

El regreso al doméstico y un espejo implacable

Raina defendió que volvió al circuito doméstico y anotó muchos runs. Las cifras matizan esa percepción. En 2017, entre Duleep Trophy y Ranji Trophy, sumó 243 carreras en 13 innings, promedio de 18.69, con solo una cincuenta. Para un aspirante a recuperar sitio en la selección, era un registro demasiado pobre.

En 2018 sí hubo un repunte. A lo largo de Syed Mushtaq Ali Trophy, Vijay Hazare Trophy, Deodhar Trophy y Ranji Trophy, acumuló 769 carreras en 24 innings, con promedio de 36.62, un siglo y siete medias centurias. En el Vijay Hazare Trophy firmó su mejor actuación: 208 carreras en seis innings, promedio de 41.60, con tres cincuentas. Correcto. Competitivo. Pero no arrollador.

Para un equipo que miraba hacia adelante y apostaba por una nueva camada, no bastó.

Un pilar de una generación dorada

La historia de Raina, sin embargo, no se mide solo en su abrupto final. Entró en el equipo nacional en plena tormenta, en la era Rahul Dravid–Greg Chappell, y logró asentarse como roca del medio orden en un contexto turbulento. Fue el primer bateador indio en firmar siglos en los tres formatos. Fue pieza clave en el título del World Cup 2011, aportando runs vitales en momentos de máxima presión. Y elevó el estándar de la defensa en el campo, con una intensidad que marcó a toda una generación.

Su carrera prometía aún más de lo que finalmente entregó. No por falta de talento, sino por la velocidad con la que el cricket moderno cambia de piel. Mientras el equipo giraba hacia nuevas estructuras, con jóvenes empujando fuerte desde abajo, el espacio para veteranos en busca de una segunda vida se redujo al mínimo.

Dhoni dejó un legado de trofeos y autoridad silenciosa. Kohli impuso un filtro físico y competitivo sin concesiones. En medio de esas dos eras, Suresh Raina encarna una pregunta incómoda: ¿cuántas carreras brillantes se quedarán a medio camino cuando el cricket indio vuelva a cambiar de piel?