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Lisandro Martínez en el ojo del huracán: futuro incierto entre Barça y Atleti

El futuro de Lisandro Martínez ha dejado de ser un simple rumor de mercado para convertirse en una cuenta atrás. En Manchester United el clima se ha enrarecido, y el argentino aparece cada vez más lejos de Old Trafford y más cerca de LaLiga. Muy cerca.

Según informa AS, la relación entre Martínez y el club inglés se ha deteriorado de forma severa, con un punto de no retorno tras sus declaraciones después del partido frente a Atlético de Madrid. Desde entonces, el zaguero argentino se ha convertido en una oportunidad de mercado que los grandes no están dispuestos a dejar pasar.

Contrato largo, paciencia corta

El dato frío dice que su contrato con Manchester United expira en verano de 2027. El dato caliente es otro: todo apunta a que no llegará tan lejos. El defensa podría quedar libre el próximo verano, ya que ni el club ni el jugador parecen dispuestos a activar la cláusula que ampliaría el vínculo una temporada más.

En Old Trafford se asoma una fuga masiva a partir del próximo verano y el nombre de Lisandro está bien subrayado en la lista de salidas. Incluso se contempla la posibilidad de abrirle la puerta en enero si llega una oferta convincente. Todo dependerá de lo que aterrice en los despachos de los dirigentes ingleses.

En medio de la tormenta institucional y deportiva, Martínez resiste en un aspecto clave: su valor de mercado. Transfermarkt lo sitúa en 45 millones de euros, una cifra que habla de su vigencia competitiva pese al caos que rodea al equipo.

Atlético aprieta, Barça observa

Ahí entra en escena LaLiga. Atlético de Madrid y Barcelona han decidido que Lisandro forme parte de sus planes de futuro. Dos proyectos distintos, una misma conclusión: el argentino encaja.

En el Metropolitano el interés no es nuevo. El nombre de Lisandro Martínez lleva varias temporadas en la agenda del club. Encaja en la idea de un proyecto en plena reconstrucción, tanto en lo futbolístico como en lo económico. Y esta vez no se trata solo de informes internos o de seguimiento silencioso.

Cristian Romero, referencia defensiva de Atlético de Madrid, fue directo durante una entrevista en el canal de YouTube de los hermanos Edul. Sin rodeos, lanzó una invitación pública a su compatriota: cuando le preguntaron a qué jugador le gustaría llevar a su equipo, respondió con un único nombre: “Lisandro Martínez”. Nada de diplomacia. Un mensaje claro, hacia dentro y hacia fuera.

En Barcelona el enfoque es distinto, más calculador. El club mira la situación desde cierta distancia, pero con interés sostenido. Ve en Martínez a un central consagrado en la élite, campeón de todo con la selección argentina y, sobre todo, una opción de alto nivel que podría llegar sin un traspaso descomunal. En un contexto de restricciones financieras, un perfil de este calibre a coste contenido es oro.

Italia se suma a la puja

La historia no se limita a España. En Italia también han olido la oportunidad. Inter, Roma y Como tienen el nombre de Martínez sobre la mesa como opción para reforzar sus defensas.

El caso de Como es especialmente llamativo. Con Cesc Fàbregas al mando del proyecto, el club se prepara para perder a Jacopo Ramon el próximo verano. La posibilidad de reemplazarlo con un campeón del mundo como Lisandro, si las condiciones se alinean, sería un salto de dimensión para una entidad en crecimiento.

Un mercado que espera el primer movimiento

Manchester United se encuentra en una encrucijada: retener a un activo cuyo valor se mantiene alto pero cuya relación con el club se erosiona, o adelantarse a los acontecimientos y sacar rédito antes de que el contrato entre en su tramo más delicado.

Al otro lado, Atlético de Madrid y Barcelona aguardan, cada uno a su manera. Uno con el deseo abierto y reiterado, otro con la calculadora en la mano. Italia, mientras tanto, se mantiene en la conversación, dispuesta a aprovechar cualquier resquicio.

La próxima ventana de fichajes no solo resolverá un destino. Marcará también qué club entiende mejor el momento exacto para lanzarse a por un defensor que, a sus 26 años, aún tiene varios capítulos grandes por escribir. La pregunta es sencilla: ¿en qué escudo los firmará?