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Liverpool afina su plan antes de recibir a Nottingham Forest

En el AXA Training Centre, a pocos días de su primer partido de Premier League en Anfield como técnico del Liverpool, el entrenador red dibujó con claridad el momento del equipo: falta un extremo, sobra deseo ofensivo y aún queda por ajustar la balanza entre ataque y control.

No levantó cortinas de humo. Falta gente por fuera y el club lo sabe.

La búsqueda de extremos, a contrarreloj

El técnico fue directo cuando le preguntaron por la necesidad de reforzar las bandas. El Liverpool está intentando fichar en esa posición. Lo ha hecho desde el inicio de la planificación y lo sigue haciendo ahora, en los últimos días de mercado.

No dio nombres. No puede. Pero sí dejó claro el diagnóstico: no hay números suficientes en esa zona del campo y el club trabaja para “mejorar o llenar esa posición”. Confía en que lleguen buenas noticias pronto, aunque admitió que, a día de hoy, el acuerdo aún no está cerrado.

Hasta el 2 de septiembre, dijo, toca paciencia. La suya incluida. A partir de ahí, cuando el club le confirme “estos somos, estas son las opciones”, empezará la segunda fase: construir un plan definitivo con lo que tenga en el vestuario.

Él, por supuesto, ya tiene en la cabeza el tipo de jugador que quiere. El mensaje hacia dentro es claro: la dirección deportiva conoce desde hace tiempo el perfil solicitado. Ahora falta lo más difícil, cerrar las operaciones.

Un Liverpool ofensivo que busca el punto justo

El debate es tan viejo como el juego: cuántos arriesgar arriba, cuántos guardar atrás. El técnico no quiere un equipo plano, sin llegadas, por miedo a la transición rival. Tampoco un conjunto desordenado, partido en dos, que se exponga como ocurrió en el primer gol encajado “el otro día”, donde reconoció que no hicieron “un bloqueo adecuado”.

Han trabajado ese aspecto, insistió, pero no como algo puntual de esta semana, sino como una constante. La clave, para él, está en la lectura individual de cada futbolista. No se puede dirigir a todos “con el joystick” en cada acción. Hay jugadores que deben oler el peligro y decidir: “ahora no puedo ir, ahora me tengo que quedar”.

Ese instinto, esa capacidad de interpretar cuándo lanzarse y cuándo protegerse, es parte de la calidad que exige a sus hombres.

En el centro del campo, la palabra mágica vuelve a ser equilibrio. Puso un ejemplo muy concreto: no quiere decirle a Ryan Gravenberch que deje de conducir o que no pise área. Recordó el gol ante Monaco en pretemporada, una pared entre Gravenberch y Dominik Szoboszlai que terminó en pase a Alex Isak y gol. Nadie preguntó entonces por qué los dos interiores estaban tan arriba. Solo se habló de “gol increíble, precioso”.

Ahí está la frontera que intenta trazar: no cortar el talento ni la iniciativa, pero sí mejorar la compensación. Si un lateral sube, el otro no tiene por qué quedarse por sistema; todo dependerá de la altura del rival, de cuántos jugadores de Forest queden descolgados, de si la línea defensiva tiene superioridad numérica o no. Reconocer esas situaciones es, en sus palabras, el gran trabajo de ahora.

Control con balón, pese a las transiciones

No comparte la idea de que su equipo perdiera el control en el último encuentro. Al contrario, aseguró que el Liverpool manejó el juego “bastante bien”, con una posesión que no fue estéril, sino “con sentido”, con ataques directos y el bloque instalado lejos de su propia área durante buena parte del partido.

Admitió las dos transiciones encajadas. Es un hecho. Pero su sensación desde la banda fue otra: durante la mayor parte del choque, veía al Liverpool “más cerca de marcar” que a Newcastle. El 2-2 final no se puede cambiar, pero él se queda con la base: muchas cosas se hicieron bien en ese estreno.

El reto ahora es evidente: mantener esa sensación de dominio y, al mismo tiempo, reducir el castigo en las pérdidas.

Un estreno especial en Anfield

En medio de análisis tácticos y mercado, asomó también el lado humano. Para el técnico, pisar Anfield por primera vez en partido oficial de Premier League como entrenador del Liverpool será un momento especial. Ya lo sintió en pretemporada. Pero la competición es otra cosa.

Sabe que, en cuanto ruede el balón, su mente estará en el plan de partido, en los ajustes, en las correcciones. Aun así, no esconde que será un día emocional. “He tenido que luchar mucho para llegar a este lugar”, confesó. Y quiere disfrutarlo, siempre que el resultado acompañe.

El desafío de Oliver Glasner y su Forest

No habrá concesiones. Ni por parte del Liverpool ni, desde luego, de Nottingham Forest.

El técnico elogió el trabajo de Oliver Glasner, un viejo conocido al que se ha enfrentado “bastante” en la Premier League. Lo primero que destaca es la estructura: un equipo reconocible, sólido, que concede muy pocas ocasiones claras.

Puso como referencia el reciente duelo ante Leeds en la Premier League. Partido cerrado, pocas oportunidades, decidido por una falta directa en el minuto 90. Hasta ese momento, recordó, probablemente Forest había tenido incluso más ocasiones que Leeds.

El mensaje para sus jugadores es transparente: cada ocasión habrá que ganársela. Forest “no te regala nada”. Exige precisión con la pelota, paciencia para mover el bloque rival y máxima atención en las transiciones. Porque, como casi todos en la liga, también tiene amenazas serias arriba y un contraataque capaz de castigar cualquier desajuste.

Jeremy Jacquet, primera prueba superada

Entre tanta reflexión colectiva, hubo espacio para un nombre propio: Jeremy Jacquet.

El central debutó en la Premier con apenas 45 minutos de pretemporada en las piernas. Contexto delicado para cualquiera. El técnico valoró su actuación como “muy buena” en general. Seguro con balón, correcto sin él, aunque terminó exhausto. Tanto, que decidió cambiarlo al notar que en los últimos cinco minutos ya no llegaba igual a las acciones, algo que se percibe con especial claridad en la posición de central.

Es joven, recién llegado y cometerá errores. El entrenador lo asume. Pero también dejó claro que, en el día a día, el defensor está rindiendo y entrenando a un nivel que invita al optimismo.

Ahora, con Forest en el horizonte y el mercado a punto de cerrarse, el Liverpool camina sobre una delgada línea: reforzarse sin perder tiempo, ajustar sin frenar el talento, atacar sin desprotegerse. Anfield dictará si ese equilibrio empieza a convertirse, por fin, en identidad.