Los Rollers conquistan su tercer título mundial en baloncesto
Australia volvió a levantar el telón del poder en el baloncesto en silla de ruedas. En Ottawa, en la final del IWBF World Championships masculino, los Rollers arrollaron a Italia por 81-57 y se coronaron campeones del mundo por tercera vez en su historia, tras los éxitos de 2010 y 2014.
No fue solo una victoria. Fue una declaración.
Italia llegaba invicta a la final, con el aura del equipo que nadie había logrado descifrar durante el torneo en Canadá. Pero desde el salto inicial quedó claro que el guion cambiaría de manos. Los australianos se adueñaron del partido en el primer cuarto y no soltaron el mando en ningún descanso. Siempre por delante. Siempre marcando el ritmo.
En el centro del escenario, Jaylen Brown. Imparable. Firmó 28 puntos, la máxima anotación del encuentro, y se convirtió en el martillo ofensivo que castigó una y otra vez la defensa italiana. Cada lanzamiento parecía un golpe más al sueño europeo.
A su lado, el capitán Tom O'Neill-Thorne ofreció una actuación de esas que se recuerdan cuando se habla de líderes. Sumó 20 puntos, pero su impacto fue mucho más profundo: 16 asistencias y siete rebotes para completar un partido total, de esos en los que el balón siempre pasa por las manos correctas. Dirigió, generó, conectó líneas de pase imposibles y sostuvo el pulso del equipo cuando Italia intentó reaccionar.
Bill Latham añadió el músculo necesario en las dos zonas. Sus 12 puntos, siete rebotes y dos asistencias reforzaron la superioridad australiana en los tableros y aportaron equilibrio a un equipo que nunca perdió la forma ni la compostura.
La estadística cuenta la historia con crudeza. Australia dominó el juego colectivo con 29 asistencias frente a las 19 italianas y mandó en la lucha por el rebote con un 35-25 que refleja su control bajo los aros. La diferencia no fue solo técnica; fue de intensidad, de lectura del partido, de ejecución en los momentos clave.
Detrás de todo, una defensa asfixiante. Los Rollers elevaron la presión, cerraron líneas, anticiparon pases y forzaron 13 pérdidas de balón de Italia, mientras solo concedían nueve propias. Cada robo, cada balón suelto, se convertía en una oportunidad para correr, para castigar, para agrandar la brecha en el marcador.
Resultado final: Australia 81 - 57 Italia
Australia completó una campaña perfecta, invicta en Ottawa, y confirmó lo que sus rivales ya intuían: sigue siendo una potencia gigantesca en el baloncesto en silla de ruedas a nivel mundial.
Tercer título mundial, un equipo que no conoce la derrota en el torneo y una generación que mezcla jerarquía, talento y una ferocidad competitiva innegociable. La pregunta ya no es si los Rollers dominan esta era.
La cuestión es cuánto tiempo más podrá el resto del mundo seguir su ritmo.




