El Madrid de Mourinho busca romper su maldición en Sevilla
El plan es sencillo sobre el papel: no perder para volver a lo más alto de LaLiga. Pero nadie en el Real Madrid viaja a Sevilla pensando en el empate. El equipo de Jose Mourinho llega a La Cartuja con un pleno de tres victorias en tres jornadas y la sensación de que el motor ya ruge como quiere su técnico. El problema es el escenario: visitar a Real Betis se ha convertido en una trampa recurrente para los blancos.
El arranque de temporada dejó dudas en Cornellà, donde el Madrid sudó más de la cuenta para doblegar a Espanyol. Desde entonces, el guion ha cambiado. En el Santiago Bernabéu, Real Sociedad y Málaga salieron arrollados por un equipo mucho más vertical, más afilado y con gol: ocho tantos en dos partidos, una declaración de intenciones de cara a lo que espera en Sevilla.
La prueba, sin embargo, sube varios peldaños.
La herida de Sevilla
El historial reciente en campo bético habla claro. La última victoria del Real Madrid como visitante ante Betis se remonta a 2021, un 0-1 decidido por un gol de Dani Carvajal. Desde entonces, tres empates y una derrota. Demasiado castigo para un club que se mide por títulos y rachas dominantes.
Mourinho conoce bien lo que significa una estadística incómoda. No la soporta. El portugués aterriza en La Cartuja con la intención explícita de romper esa dinámica, aunque sabe que el contexto no ayuda: Betis se crece en casa, se suelta con la pelota y castiga cada desconexión defensiva.
Isco, el cerebro del rival
El foco se situará inevitablemente en el centro del campo. Ahí se juega media noche. Betis se agarra a Isco como figura central de su plan. El malagueño, ante su antiguo club, será el jugador a través del cual Los Verdiblancos intenten respirar, pausar y acelerar. Todo pasa por sus botas.
Si Isco encuentra líneas de pase y tiempo para girarse, el Madrid sufrirá. Si el Madrid logra encogerle el espacio, Betis perderá gran parte de su filo. Ese pulso marcará el tono del partido.
No será el único frente. Por banda, Marc Cucurella tendrá una misión clara y nada sencilla: contener a Antony. El duelo promete ser físico, intenso, con el lateral obligado a medir cada subida para no dejar descubierta su espalda ante un jugador que vive del uno contra uno y de los espacios.
El tridente y la exigencia de ser decisivos
En el otro lado, Mourinho no se esconde: Jude Bellingham, Vinicius Junior y Kylian Mbappé son sus grandes apuestas ofensivas. El Madrid se agarra a ese tridente como garantía de desequilibrio. Si dos de ellos aparecen en La Cartuja al nivel que se les presupone, las opciones de que los tres puntos vuelen a la capital se disparan.
Bellingham llega como llegador total, con influencia en las dos áreas. Vinicius, como agitador permanente, capaz de convertir cualquier balón suelto en una carrera al límite. Mbappé, como finalizador y amenaza constante al espacio. Es un arsenal que obliga a Betis a defender muy concentrado durante los 90 minutos.
Sin concesiones atrás
Con todo, Mourinho no mira solo hacia arriba. El mensaje interno es claro: no basta con atacar bien. El Real Madrid necesita una noche sobria atrás. Betis tiene calidad suficiente en campo rival como para castigar cualquier desajuste, y el técnico portugués sabe que un intercambio de golpes abierto en Sevilla puede volverse en contra.
El reto, por tanto, es doble: mantener la pegada mostrada en el Bernabéu y blindarse en un estadio que se le ha atragantado demasiadas veces. Si el Madrid quiere mandar un aviso serio en este inicio de temporada, no hay escenario más simbólico que éste para hacerlo.




