Manchester United y la búsqueda de un lateral izquierdo
A las 23:00 BST del 1 de septiembre, cuando el mercado se cerró de golpe y la sospecha se convirtió en certeza, a muchos aficionados del Manchester United les vino la misma pregunta a la cabeza: ¿y el lateral izquierdo?
Desde que terminó la temporada 2025-26 y se empezó a diseccionar la estrategia estival del club, había un consenso tácito: el equipo de Michael Carrick necesitaba reforzar ese costado. No era una intuición caprichosa, sino una lectura lógica de la plantilla.
Luke Shaw es el único lateral izquierdo puro y veterano de la plantilla. Jugó los 38 partidos de la Premier League la temporada pasada. Un maratón casi impensable si se repasa su historial de lesiones. Fue extraordinario. Y, precisamente por eso, difícilmente repetible.
Tyrell Malacia se marchó al acabar contrato en junio, sin sorpresa para nadie dentro del club. Y con un calendario que puede estirarse por encima de los 60 partidos, nadie en Old Trafford cree que un Shaw de 31 años pueda sostener ese nivel de exigencia cada tres días. El refuerzo parecía inevitable. No llegó.
Objetivos claros, decisiones duras
El departamento deportivo no improvisó. Tenía una lista. Lewis Hall, del Newcastle. Alejandro Balde, del Barcelona. Jorge Salinas, del Racing Santander. Y, en la recta final, un intento tan ambicioso como simbólico: Rayan Ait-Nouri, cruzando la ciudad desde el Manchester City en calidad de cedido.
El City cerró la puerta. Para que la operación avanzara, el United debía aceptar una obligación de compra futura. El club, fiel a la línea marcada este verano, se plantó. Prefirió esperar por sus objetivos prioritarios antes que atarse a una operación que no terminaba de encajar en su plan financiero.
Con la ventana ya cerrada, la realidad es tozuda: hasta enero, United y Carrick vivirán o morirán con lo que, a todas luces, es una apuesta calculada.
Dentro del club hay una convicción fuerte: Lewis Hall gusta mucho. Si el Newcastle hubiera dejado una rendija para un acuerdo razonable, el United ya lo habría vestido de rojo. Pero el contexto jugó en contra. Tras ver cómo le arrebataban piezas clave este verano, el Newcastle dejó claro que vender a un lateral de 22 años, muy valorado, solo sería posible por una cifra desorbitada.
El presupuesto del United era finito. No era un verano para caprichos.
Ante esa realidad, el club decidió blindar primero el centro del campo. El resultado fue una inversión de 70 millones de libras en Carlos Baleba, procedente del Brighton. Una apuesta fuerte, que condicionó todo lo demás. La conclusión interna fue clara: Hall puede esperar hasta el próximo verano.
Con Balde, el escenario fue el opuesto. El United estaba dispuesto a una cesión, pero el Barcelona solo contemplaba una venta. Salinas tenía una cláusula de rescisión asequible, pero el Atlético de Madrid siempre estuvo mejor posicionado. Cuando el nombre de Nicolás Tagliafico apareció en la agenda, ya era tarde. El argentino tampoco llegó y, para entonces, el club ya había girado el timón.
El movimiento tardío por Ait-Nouri, reactivando una propuesta inicial que había llegado a través de un agente, fue casi una confesión implícita: dentro de Old Trafford no hay una certeza absoluta sobre el camino elegido.
El plan: Shaw, remiendos y una incógnita
El diseño final es sencillo sobre el papel, complejo en la práctica. Shaw como lateral izquierdo titular. Noussair Mazraoui como primera alternativa, un rol que ya desempeña con Marruecos. Diogo Dalot como comodín, capaz de cambiar de banda. Y Harry Amass como pieza joven de fondo de armario.
El caso Amass desconcierta. Lateral izquierdo natural de la academia, firmó una buena cesión en el Sheffield Wednesday la temporada pasada. Después, un traspaso al Norwich en la ventana de invierno se vio golpeado por una lesión. Este verano, con 19 años, dejó una excelente impresión en la pretemporada, siempre a la sombra de Shaw.
Y, aun así, el United estuvo dispuesto a dejarle salir.
En 2024, Erik ten Hag ya había mandado un mensaje duro al no incluirle en la convocatoria para la Community Shield, apenas una semana después de que el joven lateral contuviera con solvencia a Mo Salah en un amistoso en Estados Unidos. Ten Hag consideraba que, físicamente, Amass no estaba al nivel requerido. Dos años después, en teoría, el jugador debería ser más fuerte, más hecho.
Las muestras de interés por él han sido constantes. Su ausencia en el partido de Premier League 2 contra el Leicester, el lunes anterior al cierre del mercado, alimentó la sensación generalizada de que saldría cedido. No ocurrió. Y nadie tiene del todo claro qué papel real tendrá ahora en el primer equipo.
Mazraoui, Yoro y el efecto dominó
La decisión de considerar seriamente a Mazraoui como opción en la izquierda no se entiende sin otro nombre: Leny Yoro.
Fichado del Lille en 2024 por 52 millones de libras como central, Carrick lo ha ido desplazando hacia la banda derecha durante la pretemporada. Contra el Ipswich, el domingo, el francés entró precisamente ahí, sustituyendo a Dalot, al mismo tiempo que Mazraoui relevaba a Shaw en la izquierda. El dibujo hablaba por sí solo.
Yoro tiene 20 años. Todavía se está alfabetizando en el oficio de lateral. Pero posee velocidad, potencia y una salida de balón limpia. La comparación que muchos aficionados hacen es inevitable: Josko Gvardiol llegó al Manchester City como central y ha terminado reinterpretando el puesto de lateral con una naturalidad sorprendente. Cambiar de posición puede ser una evolución, no un parche.
Ahí se asienta el riesgo que ha asumido el United. Un rompecabezas de perfiles y adaptaciones, en lugar de un especialista contrastado.
Lo que el club se negó a repetir fue un patrón conocido. No quería otro fichaje tipo Alex Telles, Matteo Darmian o Sergio Reguilon: llegadas de última hora, soluciones aparentes que, con el tiempo, se revelaron claramente por debajo del estándar que exige el club. Este verano, la directriz fue tajante: no pagar más de lo que se considera justo, no fichar por nerviosismo.
Tiene lógica. Incluso, visto desde la distancia del análisis frío, parece la decisión correcta.
Pero el fútbol no se juega en hojas de cálculo. Se juega en noches cargadas de tensión, con un Shaw que puede llegar justo a un tramo clave, con Mazraoui cruzando la banda contraria, con Yoro aprendiendo a toda velocidad, con Amass esperando una oportunidad que quizá nunca llegue.
Ahí, en ese vaivén de resultados, se sabrá si este verano el United fue prudente… o simplemente temerario.




